Nombre: Hairspray
Categorías: Comedia, Política, Artes marciales, Fantasía, Infantil, Basado en hechos reales, Comedia romántica, Comedia dramática, Musical
Director: Adam Shankman
Año: 2007

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Javier Moreno * * * *

Hairspray (2007)

You can't stop the beat.

Creo que para todos está claro que si la vida fuera un musical el mundo sería mucho mejor, pero no está de más reiterarlo. Miren Dancer in the Dark, por ejemplo. Comparen el camino al cadalzo de Björk (1, 2, 3, recuerden), y el de Sean Penn a palo seco en Dead Man Walking. Son cosas así. La música sublima la experiencia. Si yo fuera condenado a pena de muerte, sin duda me iría cantando. En los musicales las cosas también ocurren -la gente muere, se enferma, termina en la cárcel, pierde la voz- pero la cadencia e impacto emocional de las vivencias son distintos. Todo es abiertamente falso, artificial, colorido, brillante. En Dancer in the dark, cuando Selma canta, la calidad de la imagen cambia. Cientos de cámaras digitales reemplazan la cámara "real". Es una buena metáfora en la práctica del caracter del musical: Se necesitan otros ojos, unos  especiales, unos que admitan y capturen apropiadamente lo que ocurre. Unos que permitan que cuando se acaban las palabras, por decir algo, siempre se pueda bailar.

La Hairspray de John Waters era un musical reprimido.  Era algo que estaba ahí pero no era fácil de admitir. A nadie debió sorprender que pocos años más tarde llegara a Broadway. Era algo que debía ocurrir. Llegado el momento, los cultistas gritaron ¡Profanación! ¡Herejía!, pero en el fondo ellos también sabían que la adaptación era inevitable, que la aventura de concientización social de Tracy Turnblad siempre había ocurrido en esa dimensión en la que cantar y bailar no es sólo permitido sino necesario. Tal vez por eso Waters nunca se opuso.

Ahora Shankman, un desconocido, nos ofrece (¡Profanación! ¡Herejía!) un regreso a los orígenes cinematográficos de la historia acogiendo las canciones de la adaptación de Broadway. Y Shankman, este desconocido, hace una película musical con nómina: John Travolta usa las prótesis de Robin Williams para Ms. Doubtfire y reemplaza a Divine en el papel de Edna. Christopher Walken toma el rol de Wilbur, el padre de Tracy, y baila junto a Travolta con la misma gracia y el mismo encanto que alguna vez bailó Weapon of Choice de la mano de Spike Jonze y Fat Boy Slim. Michelle Pfiffer regresa de su tumba actoral para cantar con orgullo que alguna vez, como todos sospechamos, fue Miss Baltimore Crabs. A ellos se suman varios de los nuevos talentos juveniles Hollywoodenses en los que serán probablemente los papeles más dignos de su existencia y, para que quede claro que no todo son luminarias, el papel de la dulce Tracy cae en manos de la perfecta Nikky Blonsky, quien nunca jamás en su vida había actuado.

Ya sé lo que van a decir: Una nómina "estelar" nunca ha sido garantía de nada. Es verdad, nunca ha sido garantía de nada pero tampoco impide que a veces funcione, que a veces garantice más que simples ventas, como ocurre en este caso. La trama de Waters, la mordaz acidez de sus diálogos, se combina con la música de Mark Shaiman, estos actores, y la cámara de Shankman, y el resultado divierte, hace reir, conmueve. Tiene ritmo, energía. Está bien hecha. Es eso o soy yo, que siempre fui un bailarín frustrado, más bien teórico, y cada tanto tengo delirios en los que bailo por las calles mientras las hordas de turistas hacen una mezcla entre tap y breakdance. Delirios en los que voy al Negro Day del Corny Collins Show y soy un regular, por fin, uno de los nicest kids in town. Uno de esos que canta:

Who needs to read and write
When you can dance and sing?
(bop-bee-ba, ba-ba-ba-ba, bee-ba)

Forget about your algebra
And calculus
You can always do your homework
On the morning bus
Can't tell a verb from a noun
They're the nicest kids in town 

Bailando sin parar. Bien peinado. Por siempre.

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