Nombre: La vida de los otros
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Guerra, Histórica, De época
Director: Florian Henckel von Donnersmarck
País: Alemania
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Pablo Camacho * * * *
Juliana González * * * *
Javier Moreno * * * *

La vida de los otros (2006)

La vida de los otros

¿En qué momento preciso deja un hombre de creer en el régimen al que solía defender con todo tipo de argumentos? ¿Será acaso que el arte tiene algo que ver con las pequeñas trasformaciones ideológicas de las personas y que luego dan paso a la ruptura paulatina de pueblos completos con sus sistemas atávicos?

Dreyman es un exitoso escritor y dramaturgo alemán que vive bajo el régimen de la Alemania socialista de mediados de los años ochenta y Weisler, un profesor y espía de la Stasi, el departamento de espionaje del Estado al oriente del muro de Berlín. Y aunque Dreyman “no se moja”, como diría un español, Weisler y sus superiores ven el él a un posible enemigo del socialismo. Y dudan, como siempre, por ser parte de un estado totalitario que pretende tener bajo su manga todas las respuestas y entonces desconfía de sus intelectuales por ser los más proclives a destapar sus cartas con un racimo de preguntas.

En principio, la película se desarrolla más o menos así: el Estado espía al escritor pero éste no tiene nada qué esconder. El agente incorruptible lo observa día y noche, pero se da cuenta pronto de que no tiene nada que encontrar.

Pero la muerte repentina de un artista despreciado por El Partido llega para cambiar de golpe la vida del escritor y de su espía. Entonces, aparecen la Appassionata sonata 23 de Ludwig van, un libro de Bertold Bretch de tapas amarillas del que no llegamos a saber el título y un artículo clandestino para la revista germano-occidental Der Speigel para indicarnos la importancia que en esta ópera prima del director y guionista Florian Henckel tienen el arte y la intelectualidad como fuerzas capaces de transformarlo todo: el espía implacable llora oyendo una canción, el artista apolítico se “moja” por vez primera y el sistema político comienza a colapsar por las manifestaciones de sus propios artistas.

Sin pretender condensar el argumento de la película en este único sentido -es cierto que tiene múltiples trasfondos de tipo político, ideológico e incluso psicológico- será esta reflexión implícita sobre el arte y sus exponentes la que valga la pena conservar. Ya hemos visto bastante de hombres buenos y mujeres traidoras, de amigos irreverentes que se sacuden las neuronas entre sí y de gobiernos de extrema que subyugan a sus pueblos con “verdades absolutas”.

Por eso, después de ver esta película lo que queda, además de la satisfacción que deja un relato inteligente que no desconfía del espectador, es la posibilidad de volver a pensar en los artistas como los llamados a potenciar la evolución de las sociedades a través de sus creaciones y analizar de nuevo si son ellos quienes, apelando a la inteligencia por medio de sensibilidades estéticas, pueden ser el motor de la rueda en el desarrollo de los pueblos.

Yo creo firmemente que sí. El arte y el artista no son tal si no asumen posturas y si no son un desafío constante a los dogmas preestablecidos. Nos recuerda La vida de los otros la frase de Lenin que dice que “el artista es el arquitecto del alma”. En este sentido, al parecer, el ruso no estaba del todo equivocado.

http://dizquierdaaderecha.blogspot.com

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