Nombre: La vida interior de Martin Frost
Categorías: Drama
Director: Paul Auster
País: Espa
Año: 2007

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Rodrigo Campos * * ½

La vida interior de Martin Frost (2007)

Paul Auster, ese gran escritor que gusta de meterse como personaje dentro de sus libros, y de escribir sobre libros que contienen libros en una especie de laberinto de espejos, no escapa a su naturaleza en The Inner Life of Martin Frost, su más reciente filme como director y escritor.

En la primera escena la cámara se desliza por un mueble con fotos familiares del mismo Auster y su esposa Siri Hustvedt, quienes hacen el inexistente papel de Jack & Diane, los dueños de la casa donde se desarrolla la historia.

Luego es la voz de Auster la que aparece, con él como narrador. "The house was empty", dice, mientras la mano de Martin Frost abre la puerta principal.

La casa, a la que Frost (David Thewlis) se retiró a descansar luego de haber terminado su cuarta novela, tarda poco en recibir un segundo ocupante. A la mañana siguiente de su llegada, el escritor se despierta con la mano de una hermosa mujer sobre su cara. Claire Martin (Irene Jacob), estudiante de doctorado en filosofía, tiene también una copia de la llave y llegó a ese lugar, tarde en la noche, con la idea de terminar las lecturas que le hacen falta para completar su disertación y obtener su Ph.D.

La inteligencia y belleza de Claire son imposibles de pasar por alto y el hecho de que ella sea una fanática de su obra también ayuda a que Frost pronto esté metido entre los pantalones de Claire. Tienen un romance apasionado y cursi, muy cursi, casi tan sobreactuado como una telenovela, que por suerte no ocupa más tiempo de la película. Por que es cuando ella desaparece que la segunda película (¿o la película dentro de la película?) empieza.

Sin Claire entra en escena James Fortunato (Michael Imperioli) un plomero-escritor que parece sacado de una película de David Lynch –guardadas las proporciones-.

Sus diálogos, su estilo para jugar a los dardos y claro, su sobrina Anna James (Sophie Auster) le dan a la película un nuevo aire y hasta las actuaciones -un poco acartonadas- se aligeran. Los personajes, imposibles incluso en términos austerianos, se vuelven creíbles.

La cinta no es una maravilla cinematográfica, ni tampoco es una nueva puerta entre el mundo de los escritores y los directores de cine. Pero tiene una belleza extraña, como esa gente que en detalle no tiene nada de especial pero resulta muy atractiva como conjunto. Y claro, le queda bien el cliché de no ser bonita pero sí muy inteligente.

Varias de las cosas más interesantes no las quiero contar acá porque no quiero tirarme la película. Y no descarto que mi vieja admiración por Auster se meta en el camino de mi buen juicio. (Ya otros de sus lectores se habrán dado cuenta de que una versión de la historia de Frost es mencionada, como historia dentro de la historia, en El libro de las ilusiones, una de las novelas de Auster.)

Pero indudablemente es grato haber estado en la sala los casi 100 minutos que dura la película. Más allá de la voz –y los ojos- de ángel de Sophie, de la risa de Irene Jacob y de la maravilla de personaje que es Fortunato, la historia de Frost es digna de contar.

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