Nombre: Keane
Categorías: Drama
Director: Lodge Kerrigan
Año: 2005

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Pedro Felipe * * * *

Keane (2005)

Lo poco que sabemos sobre Keane lo sabemos con contundencia. Tiene treinta años, vive solo en un motel de un barrio triste de Nueva York, y su hija de seis años desapareció algunos meses antes en una estación de autobuses. La idea es insoportable, y él es la prueba viva: sin haber perdido toda noción de la realidad, su mente funciona según una lógica inmanejable, pues no logra identificar el orden de los sucesos, su identidad personal parece deshacerse, y la frontera entre lo real y lo imaginario es permeable.

¿Keane está loco? Tal vez. ¿Su hija es una ilusión? Puede ser. ¿Es un tipo peligroso? Sí. ¿Se va a suicidar? No. ¿Debería hacerlo? Sí.

En lo personal esta película me golpeó con contundencia. La sensación de desasosiego que me dejó en el cuerpo me recordó la sección de urgencias de un hospital pobre, en donde uno se desangra rodeado por personas con los huesos salidos, y tiene que esperar pacientemente. También me hizo pensar en la profunda depresión de Diane Selwyn (Naomi Watts) en Mulholland Drive, aunque para Keane el delirio no tenga visos estéticos ni anestésicos; más bien al contrario. Y me recordó que la vida puede ser sencillamente horrible: al salir del teatro me sentí emergiendo a la atmósfera después de no respirar durante varios minutos.

Durante los primeros tres cuartos de la película la cámara sigue obsesiva al protagonista, interpretado magistralmente por Damian Lewis. Por la estación de autobuses a la que vuelve como un poseso; en el baño de un bar en el que coge sin condón con una mujer que acaba de conocer; dentro de un autobús que busca detener a cualquier precio; en el separador de una avenida al que ha ido a parar como un náufrago urbano. Keane no se puede deshacer de sí mismo, y si no fuese por la entrada en escena de una mujer con la que logra establecer cierto contacto humano y sobre todo por la hija de esta (Abigail Breslin aka Little Miss Sunshine) la película sería insoportable.

Keane me recordó una expresión mediante la cual un personaje de Half Nelson describe al protagonista: A big baby. Aunque suena muy bonito, y en el caso de Nelson la frase roza el halago, aplicada a Keane cobra toda su infantil violencia. Todos hemos estado en un auto con un bebé que quiere un helado, y lo quiere ahora. Pues bien, imagínense que el citado crío mide un metro ochenta, cuenta con una masa muscular respetable, y realmente quiere detener el auto y bajarse. No creo denigrar de los pequeñajos diciendo que encarnados en Keane la situación roza la catástrofe.

Esta es una de las películas producidas por Soderbergh gracias a las cuales soy un incondicional seguidor y patrocinador de su serie Ocean & Co.. En lo relativo a su participación en el aspecto final de la obra hay una anécdota de una importancia capital, pues según el artículo de Wikipedia consagrado a la cinta, la primera escena de la versión presentada en los teatros no aparece en la del DVD, de modo que sólo hasta bien adelantada la película sabemos que Keane está buscando a su hija. Me cuesta trabajo imaginarme los efectos de semejante presentación. Pero el experimento me parece interesante teniendo en cuenta los presupuestos de la obra:

- ¿Se ha o no Keane inventado esa tragedia macabra?
- ¿Es un tipo peligroso porque todos los seres humanos lo somos, o porque alguien o algo destruyó su vida?
- ¿Su obsesión es fruto del dolor, o de qué?

Keane es una horrible película. Casi lamento haberla visto. Pero una vez uno sabe de qué trata, con dientes y uñas hay que defender su valor al presentar la perspectiva que nos ofrece del subsuelo de la psicología humana.

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