Nombre: El lago
Categorías: Drama, Erótico
Director: Kim Ki-Duk
País: Corea (Sur)
Año: 2000

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno

El lago (2000)

Los castigos correctivos

En el blog de mi amigo Alejandro hay ahora mismo una discusión corriendo alrededor de una anécdota de uso de palmadas correctivas en prácticas de aikido por parte del famoso maestro Zucco (la entrada es en realidad sobre el miedo, por cierto). Me inquieta que recurra a esos métodos independiente del simbolismo asociado, porque uno pensaría que los golpes no pueden ser la única manera posible de transmitir un mensaje particular. En fin. A raiz de eso estuve recordando Primavera, Verano, Otoño, Invierno...y Primavera, esa película de Kim Ki-duk que a Colombia llegó fatalmente rebautizada como Las estaciones de la vida. La película, en la más obvia de sus múltiples interpretaciones posibles (he escuchado de algunos que han llegado incluso a convertirla en material de instrucción religiosa), presenta cinco pasajes del proceso de aprendizaje de un hombre que es entrenado por un monje mayor para sucederle. El maestro castiga severamente en varias ocasiones al discípulo y el joven parece aprender. Todo sucede en un lago rodeado de montañas y hay un pequeño bote de remos en el que se llega a la casa-templo flotante donde vive el viejo.

Como el Plan sabe cómo hace sus cosas, por azar elegí una película de Kim Ki-duk para esta noche sin darme cuenta. Se llama Seom (La isla) y por la carátula yo me imaginaba que iba a ser una película coreana de ciencia ficción pariente cercana de Matrix. Nunca se me pasó por la cabeza mirar quién era el director ni indagar mayor cosa sobre ella; la experiencia me ha enseñado que la etiqueta coreana garantiza que la película será memorable aunque no necesariamente buena, por eso la elegí. La isla se desarrolla en un lago repleto de casitas flotantes; fue ahí donde empecé a sospechar que habría pocas artes marciales. Es una especie de camping para pescadores administrado por una mujer ensimismada que conduce a los visitantes a la casita de su elección con ayuda de una canoa con un motor fuera de borda y que oficia además como puta, vigilante y proveedora de carnadas y café. Varios personajes llegan al lugar y todos reciben el trato particular de la excéntrica anfitriona. Entre ellos llega un hombre con intención de suicidarse y la mujer se las arregla para impedir que lleve a cabo su plan. A partir de ahí se gestará entre los dos una relación de complicidades, dependencias, amores, anzuelos y odios que se convertirá en la columna vertebral de la historia.

Pareciera que Las estaciones es un clon decantado, minimalizado y enriquecido de ésta que es mucho más cruda. Comparten incluso algunas tomas, pero los paralelismos no se quedan en el paisaje. También, como en la otra película, el proceso de reconocimiento mutuo de los personajes se vale de la violencia y el castigo como medio de expresión. La violencia les sirve para imponerse pero también para mostrarse vulnerables. La mujer no musita una sola palabra en toda la película. La comunicación entre los dos protagonistas termina basándose casi completamente en ese intercambio sadomasoquista. La comprensión parece llegar, en la forma de una especie de complicidad extraña, sólo en el momento en que se ha descubierto y explorado hasta el límite cuánto daño pueden hacerse el uno al otro, como si todo lo que pasó fuera un símbolo de lo que no debía ocurrir.

Lucía, la amiga aikidoka de Alejandro, me explicaba que el significado del golpe que el sensei propina al discípulo sólo puede ser juzgado (positiva o negativamente) desde el interior de la relación que sostienen ambos. Suena razonable. Las relaciones entre las personas pueden ser vistas como una negociación continua (y casi siempre implícita) de admisiones y restricciones. Hay tantos acuerdos como parejas de personas posibles. Es lindo cómo las palabras, que parecen tan rígidas, terminan llenas de plasticidad semántica a raiz de estos acuerdos. Lo mismo pasa con los gestos. Lo que ocurre en Seom, tal vez, es una puesta en escena de una de esas negociaciones, una cualquiera, en la cual los juicios sobre lo que es aceptado o no son alcanzados en la práctica: explícitamente comprobando si duele o no y cuánto duele. El resultado, como se imaginarán, es perturbador. No hemos decidido todavía si nos gustó o no.

 

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.