| Nombre: | Planet Terror |
| Categorías: | Drama, Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Suspenso, Erótico, Aventura, Western, Política, Artes marciales, Documental, Fantasía, Basado en hechos reales, Guerra |
| Director: | Robert Rodriguez |
| Año: | 2007 |
Planet Terror (2007)
Primero las buenas noticias: desde El mariachi Robert Rodriguez no dirigía una película tan ambiciosa, personal, bien lograda, inteligente, divertida y original (Nota: no he visto ni veré Sin City). Ahora las malas noticias: la peli es para mayores de edad (lo siento chicos).
Hace algunas semanas comenté en este espacio los aciertos de Death Proof. Aunque las comparaciones son odiosas, cuando vienen de nuestro corazón pueden ser enriquecedoras. Nadie nos obliga a escoger entre los Beatles y Elvis, pero si estamos de ánimo para hacerlo podremos conocer el fondo de nuestra esencia humana. En fin, bobadas.
Frente a su colega, Planet Terror sobresale porque no le hace el quite al desafío de rodar una película de serie B en el sentido absoluto del término. Parafraseando uno de los últimos textos de Bolaño, se trata de un pura sangre, de una obra de una ortodoxia académica, de una cinta que merece su nombre antediluviano: un verdadero Señor de las moscas. En Planet Terror los malos están animados por un odio que parece injertado por Satanás; los buenos son de una pureza más blanca que lo níveo; los zombis son brutos a la hora de enfrentar a los héroes, e imbéciles frente a sus enemigos; hay mujeres enjauladas; los cuchillos bailan en las manos del chacho; la chica se recupera de la amputación de su pierna con la velocidad de un T-1000; hay motocicletas; todo lo que puede explotar, explota; hay escotes más profundos que la Fosa de las Marianas; la sangre parece salsa para una barbacoa, y a veces lo es; los personajes están armados desde el principio de la película, así trabajen como bibliotecarios; hay escopetas; la frontera no está lejos; los malos tienen muertes lentas y dolorosas; hay jeringas llenas de sustancias de colores utilizadas para inflingir sufrimiento; pero el amor es más fuerte; hay cuerpos cercenados; y los buenos conquistan el Edén (bueno: más o menos). Sólo me hizo falta que los desnudos fuesen más explícitos, pero eso es perfectamente comprensible debido a las búsquedas estéticas del autor, como se verá en el siguiente párrafo.
Como Death Proof, Planet Terror también utiliza el contexto —y no sólo los elementos constitutivos— de la serie B para contar su historia. ¿Y qué es eso del "contexto" por oposición a los "elementos constitutivos"? Pues el estado de las copias (regular, pésimo o malo), y su completitud (recortada, muy incompletao jodida), como todo cinéfilo-cinéfago sabe. Me parece que el más llamativo de los efectos sucede cuando los personajes están atrincherados en un restaurante, se respira un ambiente de calma chicha, la película se quema: aparece un anuncio indicando que uno de los carretes se ha perdido: y la cinta continúa con el restaurante explotando, en llamas, un tiroteo de madre y señor, y dos o tres comentarios que indican que se han hecho revelaciones trascendentales sobre la identidad del protagonista. También es pertinente guardar en la retina las deformaciones que sufre el celuloide durante la escena caliente de sexo (por eso del calor de la pasión), la mancha roja digna de Poe que se pasea por el rostro de un personaje que no tardará en morir en medio de un atroz sufrimiento, o la degradación sincronizada de la piel de un malo infectado y de la cinta derritiéndose en el proyector (a propósito: este es el papel de Bruce Willis que más me ha gustado).
Por supuesto, Planet Terror es también más que una peli de serie B. Aunque los ya citados elementos constitutivos permanezcan, también hay una buena cantidad de lo que los semiólogos llaman "ruido". Durante la proyección en su conjunto el espectador siempre está confrontado a rayones y "fritangas" sonoras encargadas de darle a la obra su aire de años setenta. Pero la utilización de esa estrategia va mucho más allá del simple maquillaje generacional, y la peli aporta su idea de la actualidad: pese a las apariencias, Planet Terror no es para nada machista; la explosión de los zombis es más real que la explotación de las mujeres; y los sentimientos primarios y extremadamente peligrosos como el patriotismo son ridiculizados y puestos en la picota. Por otro lado, sus efectos visuales y especiales no tienen nada —pero nada— de home made; los aspectos técnicos de la peli ruedan sobre rieles; y el único actor no profesional o en decadencia es el ya citado señor Willis.
Y para continuar, un comentario que no todos compartirán, y probablemente con razón. Digámoslo rápido: Planet Terror me recordó Twin Peaks, y para colmo de males ni siquiera la película sino de la serie. ¿Extraño, no? Pero les juro que es cierto. Podría argumentar que la ciudad en la que ocurre la historia de Rodriguez —así como la imaginaria Twin Peaks— no se encuentra lejos de la frontera (pasando por alto que la onda en Tijuana es tan diametralmente diferente de la de Vancouver, como el chile con carne del alce). Pero algo en el sentido del humor de la una me recordó con tenacidad el de la otra... En ambas hay ambiguos símbolos alimentarios (donas (doughnuts) y costillitas de ternera); en las dos hay un grupo de policías entre ineptos y simpáticos dispuestos a hacer frente a lo desconocido; en una y en otra hay en primera línea tres chicas guapas acompañadas por un bueno-para-todo salido de quién sabe dónde; y... y pare de contar. Ahí se acabaron las similitudes; acepto que no alcanza ni para hacer un caldito de master. (Corrección, la última similitud: el enfermero gracioso que banaliza el holocausto en curso me recordó a Andy; pero tal vez sea mi imaginación).
Planet Terror es una película en la que el mal gusto no está ausente. Javier Arturo ya comentó que un niño de seis años se mete un tiro por accidente con el arma que su madre le ha dejado para que dé de baja a su padre; aunque el dato pueda espeluznar, creo que es el único momento gore susceptible de ser traído a colación, pues hay otros muchos completamente inenarrables, so pena de arriesgarse a pasar por un guarro con los lectores. Pero, amigos, me parece que la violencia y las salpicaduras de Planet Terror son a la larga tan poco traumáticas como las de los Especiales de Halloween de los Simpsons, que unas veces son insoportables y otras hacen vomitar.
