Nombre: Buscando a Miguel
Categorías: Cine colombiano
Director: Juan Fischer
Año: 2007

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Carlos Vallejo

Buscando a Miguel (2007)

“Nadie se encuentra hasta que se pierde”, reza el eslogan del segundo intento de largometraje de Juan Fischer. ¿Se habrá encontrado entonces él mismo durante su proceso? Porque una cosa sí es clara: el director andaba perdido. Y desde el principio, desde el guión, desde la investigación que debió hacer y parece no haber hecho: basta con ver a Miguel en campaña, hablando de fútbol y acueductos y hospitales en una suerte de Ciudad Bolívar de 20 habitantes, y sin más protección que un par de escoltas, un parcito nomás, para saber que Fisher ni acompañó a un político en campaña ni preguntó cómo era eso. Por eso su personaje no llega ni siquiera al nivel de estereotipo.

¿Qué hizo entonces? Ah, yo no sé, pero investigar no fue: desde ese punto y hasta siempre el guión se distancia tanto de las realidades que pretende representar que bien podés suponer que fue hecho, desde su casa en quién sabe dónde, por quien figura en ciertas fichas técnicas como coguionista, un señor Tomislav Novakovic que escribió las voces en off de Jhonny Deep en Sueños de Arizona de Kusturica. Y aún no llegamos al imaginativo punto clave de la historia: la amnesia post mortem del personaje.

El caso es que Miguel está en un bar y desde aquí la historia, como atinó cierto amigo, se cuenta simplemente por acumulación de situaciones, tan mal narrada que en esta reseña fue llamada  “desierto narrativo”, haciendo que se sienta igual que el personaje encuentre a su amor perdido de la infancia o se entere de que lo engañan o que se coma una empanada.

Y la acumulación, con frases de cajón y todo, claro, va más o menos así: en el bar, Miguel es abordado por una sensual mujer que aprovecha un imperdonable descuido para echarle escopolamina en el trago y junto a su socio, un tipo malo y drogadicto, llevárselo de paseo millonario en su propia camioneta. Entonces, cuando ya no hay nada qué sacarle, ocurre lo impensado: este par de genios del hampa, justo tras pensar en cobrar una jugosa suma de dinero por su rescate, lo dejan tirado en el asiento trasero por irse a comprar cosas para drogarse, sí, y no va uno y se queda el otro, no, van los dos. Y claro, una acción impensada genera otra igual, y es que nuestro atribulado héroe, bajo los efectos de la escopolamina y todo, saca fuerzas de flaqueza para bajarse del carro a orinar y, como todo está mal y todo puede estar peor y ya, unos niños malísimos que estaban trepados en un árbol de por ahí se bajan y lo roban y lo dejan desnudo deambulando por la carretera hasta que aparecen los representantes de uno de los flagelos de nuestra atribulada actualidad, unos bazuqueros de esos que matan indigentes y venden sus cuerpos a traficantes de órganos, y le pegan un palazo y no se sabe bien si se muere o qué: el tipo vivió en 15 minutos casi todo lo que le pasa al país. Y entonces te preguntás: ¿se habrá muerto este man? Menos mal que ya en la sinopsis te advierten que sí, que el tipo “se convierte en un cadáver sin identificación”, porque si no no te pillás al verlo abrir los ojos que lo que acontece es que está volviendo de las profundidades de la muerte. Y lo mejor, extrañamente sin hablar de la luz al final del túnel, es que Miguel vuelve amnésico. Y se sumerge en una ciudad desconocida – sí, también por quienes hicieron el filme – y mísera en la que un reciclador habitual y un lamentable travesti le ayudarán a encontrar alguna redención.

Así que es claro que a nuestro héroe, calculando que esto sea como media película, “los azares de la vida lo convierten en un hombre sin memoria, y en la calle ahora es parte del espectáculo que vio desde su carro”. Quién sabe si no fue el mismo Fischer el que hizo una película que había visto desde el carro. O desde la ventana, no sé. O tal vez es cierta la especulación sobre Tomislav. Pero ya, ya no más, ¿no es suficiente?

Para mis dos amigos y yo, que haciendo cuentas fáciles tal vez seamos el 3 por ciento que se deduce de la última línea de esta fascinante entrevista, lo fue un rato después: hacía mucho, no lo recuerdo realmente, no me salía de una sala de cine.