Nombre: Agua
Categorías: Drama, Religiosa, Histórica, De época
Director: Deepa Mehta
País: Canada
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Juan Carlos Orrantia

Agua (2005)

El anuncio en El Tiempo (08-10-07) de que, con el estreno de Agua entraba Bollywood a Colombia, es una afirmación que distrae el significado de este film. Agua, la tercera parte de la trilogía de la directora Indo-Canadiense Deepa Mehta es una producción (Indo)Canadiense cuyo lenguaje y tema son Indios, pero que forma parte del cine de denuncia que ha caracterizado la obra de Mehta. De hecho, cuando la película comenzó a ser rodada en Benares, una de las ciudades sagradas sobre el Ganges y lugar  especial para la cremación de los cuerpos hindúes, grupos fundamentalistas asociados al extremista partido hindú BJP atacaron el set, quemaron equipos, y amenazaron a Deepa Mehta—como ya era costumbre tras sus otras películas, sobretodo Fuego (que toca el lesbianismo en la India) y Tierra (una mirada la partición, tema sensiblemente político y religioso). El caso es que luego de suspender el rodaje, la película tuvo que ser filmada en Sri Lanka, bajo el pretexto de ser una película romántica. Y por si esto no es suficiente, y algo que además hace que la actuación de la pequeña Sarala en su papel de Chuyia sea aún más hermosa, es que esta niña de las afueras de Colombo no habla una gota de Hindi. De hecho, sus diálogos son memorizados y su acento hace parte de sus dotes como actriz. Así que es difícil tratar de enmarcar una producción como Agua a Bollywood, término que se refiere a una industria de cine comercial, de películas taquilleras hechas para un público tanto local como diaspórico compuesto por Hindúes, Musulmanes, Sihks, Jains, etc, etc.

Prefiero entender Agua como lo que es, una crítica a la forma en que se han interpretado las escrituras hindúes y sus consecuencias en las vidas de las mujeres. Una crítica al fundamentalismo creciente en un país construido sobre la multiculturalidad, y una crítica a la opresión femenina en general. Es otra crítica que desde dentro y desde fuera produce Mehta sobre su India natal, pero como ella lo ha dicho varias veces, desde la libertad de expresión del Canadá. Agua no es solo un drama sobre la violencia femenina, sino que está construida y atada al comentario político encarnado en Narayan (John Abraham), este jóven abogado que representa lo que fue la clase política inspirada por Ghandi en la cual se basó la India para su reformulación como una nación secular y multiétnica.

Agua cuenta la historia de la subyugación femenina de la viudas hindúes en la India. Es una mirada ya no a la práctica del Sati (la quema de la viudas con el cuerpo de su marido que fue hecha ilegal desde finales del s. XIX), sino a la preservación de la exclusión, pues la práctica de encerrar y excluir a las viudas se mantiene, aunque de forma disminuida. La historia se maneja de manera fluida y transcurre entre la dominación y la resistencia, entre la experiencia y la memoria. Por eso son los comentarios de una niña inocente los que se enfrentan a la matrona del Ashram, y los dulces recuerdos de una vieja los que nos acercan a la experiencia. Esta última en una escena que parece sacada de la experiencia de Proust, cuando una viuda anciana logra morder un dulce y con esto volver al último momento en que sintió felicidad y libertad—su fiesta de matrimonio a los siete años-, como antesala de su nueva muerte. Pero son los papeles de Chuyia y Shakuntala (Seema Biswas) los que mejor encarnan las ambivalencias, la inocencia, las luchas internas y externas que se dan en los cuerpos de las mujeres que guían su vida de acuerdo a las escrituras. Por eso, al final, Shakuntala jamás se irá, pero por eso también liberará a la pequeña Chuyia.

Los colores oscuros con que Mehta maneja el tema de la vida al interior del Ashram, de los saris blancos y sucios de las viudas, y de las miradas de los cuerpos condenados es muy bello. Al igual que el manejo del color, la música también nos habla en la película. Aunque Agua ni Mehta sean Bollywood, si utiliza algunos de los recursos narrativos de este tipo de películas para hacer su argumento más llevadero al público. Como la escena de la lluvia en la cual se enmarca el romance entre Kalyani (Lisa Ray) la hermosa viuda obligada a la prostitución y Narayan. En el cine indio conocido como Bollywood, en parte debido a la censura y en parte en su reinvención como forma narrativa local, el uso de la danza clásica y de ciertas metáforas del teatro y las narrativas clásica indias son muy utilizadas. En este caso, la lluvia siempre es una alusión a la pasión, al amor. Y de manera similar las canciones forman parte de la estructura narrativa siendo mucha veces momentos determinantes que dan giros o ciertos énfasis en la narración (por eso, estas películas no pueden ser clasificadas como musicales, como se han referido varias veces a Bollywood). Pero todo va más allá, pues desde el nombre de la película, la presencia del agua, bien sea como lluvia y su referente a la pasión—reprimida en estas mujeres- y la presencia constante de las aguas sagradas del Ganges que traen, dan y se llevan la vida (los cruces del río de las viudas prostituidas es muy diciente), están llenas de comentarios sutiles sobre las contradicciones de la vida. Y son estas contradicciones y yuxtaposiciones de múltiples textos visuales, sonoros, narrativos y simbólicos los que hacen que Agua no sea un comentario local a la India ni al hinduismo extremo. Tiene connotaciones que cruzan fronteras.

Es la segunda vez que veo Agua. El silencio parece apoderarse del público hacia el final de la película, y se escuchan sollozos cuando vemos el desenlace de la historia. Normal, porque es muy duro saber de una niña de 7 años violada con complicidad. Pero lo que me sorprendió es la facilidad con que las personas salieron del teatro comentado los horrores a los que se ven sometidas las mujeres en la India (y eso que la ví en la Av. Chile), en esa cultura para muchos exótica y que la gente empieza ahora ha descubrir es más que yoga, pobreza y elefantes decorados. Yo solo podía pensar en el color negro de las fotografías de la obra de la artista colombiana Libia Posada que acababa de ver el día anterior (recién inaugurada en el Museo Nacional), que aborda el tema de la violencia a las mujeres en Colombia.  Quizás muchas de las personas que lloraron con Agua y condenaron a la India no la hayan visto, o no la quieran ver. Pero ese es el punto de la obra de Posada, y por lo cual, coincidencialmente está expuesta al mismo tiempo que Agua.

 

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