Nombre: El buen pastor
Director: Robert de Niro
Año: 2006

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Pedro Felipe * *

El buen pastor (2006)

En Hollywood hay una tendencia que sí me simpatiza. Aunque el daño que le ha hecho al mundo la última administración republicana no tiene nombre, la industria del cine estadounidense ha reaccionado con dignidad, y en algunos casos con críticas feroces. Tal vez cintas como Buenas noches y buena suerte, Bobby o Syriana no sean ejemplos del clásico enlatado, pero que la Academia las haya premiado en estos días oscuros tiene mucho de gesto político.

El buen pastor tenía todos los elementos para quitarme el sueño antes de verla. Porque su director es una leyenda viva del cine. Porque su protagonista es uno de los mejores actores de los últimos tiempos. Porque el tema tratado no puede ser más pertinente: la ascensión de ese personaje macabro que fue James Jesus Angleton, el padre de la CIA. En fin, porque iba con la idea de que la película trataba sobre el fracaso del desembarco de Bahía de Cochinos, y yo siempre me siento de humor para una obra de suspenso.

Pero me aburrí. Pese a mi buena disposición nunca logré conectarme con la historia. ¿O fue tal vez debido a tanto optimismo que la decepción fue tan grande? A veces es mejor ir a cine convencidos de que vamos a ver una basura, de modo tal que todo lo que no sea una basura nos deje satisfechos.

También es probable que haberme embarcado en la resolución de un misterio, siendo que El buen pastor traza el retrato de un hombre, me hubiese creado falsas expectativas, y que en mi cabeza estuviese buscando una historia mucho más cerrada de lo que termina siendo la obra en su conjunto.

En concreto, sentí que se trata de una película farragosa, con varios personajes pobremente delineados y actuados (lo que no impide que simpatizemos con sus intenciones) y con varias escenas demasiado largas y sin utilidad. Si Matt Damon no se hubiese crecido como actor en esos momentos, me temo que la película habría recibido muchísimas más críticas negativas. Su temple en ciertas tomas me recordó la sangre fría de Edwin van der Sar, el portero holandés del Manchester, ante los remates a quemarropa.

(¡Qué agradable es no ser un crítico que destruye reputaciones...! Tengo la certeza de que estas líneas no le van a quitar el más mínimo espectador a De Niro).