Nombre: Secretos íntimos
Categorías: Drama, Comedia, Erótico, Basado en una novela
Director: Todd Field
País: Estados Unidos
Año: 2006

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María José Roldán Pardo * * * *

Secretos íntimos (2006)

En un mail a propósito de mi reseña sobre La cambiadora de páginas, escribe Alejandro Martín que desde su perspectiva los culebrones, por definición, no son malos, que también tienen virtudes. Estamos absolutamente de acuerdo, sobre ese punto no hay debate: las tienen y muchas. Ocurre sí, que hay unos en extremo malos y tramposos y otros, por el contrario, bien intencionados y contundentes. Los primeros se resbalan rápido, no aguantan, no pasa nada con ellos; los segundos se sostienen, dan la pelea con dignidad, nos duelen e incluso nos pueden dejar agonizantes. En ese grupo entrañable está Secretos íntimos. Esos culebrones son los míos, los que me acompañan largo tiempo, los que no quiero soltar, como Belleza Americana, como Contra viento y marea, como tantos otros que, con quiebres y fisuras y que de distintas maneras, amamos siempre.

En el  perfecto y aparentemente tranquilo suburbio gringo donde se desarrollan las historias de Secretos íntimos, el sistema excluyente de las castas también existe.  El pederasta Ronnie, magníficamente interpretado por Jackie Earle Haley (nominado al Oscar por este personaje) es un intocable que sufre exactamente las mismas vejaciones que los descastados de la India. La comunidad entera lo margina y lo atormenta con la crueldad que los grupos suelen sacar a relucir cuando se trata de la defensa de la moral establecida: sabemos que en nombre de ella se humilla, se tortura y se mata sin piedad. En una escena inolvidable, como un parroquiano más, en una tarde muy calurosa, Ronnie se atreve a entrar a la piscina del suburbio que está atestada de gente y de pronto, cuando la multitud se percata de su presencia, todos absolutamente todos los bañistas se salen y lo dejan solo en medio de un silencio atronador que apabulla. Ronnie en lo único que se parece al resto de los mortales del suburbio es en que tiene madre, madre amantísima, conmovedora y valiente. Ella sabe a ciencia cierta que su hijo no tiene salvación que será siempre un descastado, pero no pierde la esperanza y le pide por última vez: “pórtate bien”.  

Y esos defensores de la moral que se ensañan por acción o por omisión con el pederasta también cargan sus propias y tormentosas historias, pasiones que poco a poco son exhibidas en detalle. Y la galería de personajes es variada: tenemos esposos infieles que, profundamente insatisfechos con sus vidas y sus matrimonios, sueñan desde su cobardía con construir paraísos; un expolicía que lleva en su conciencia un muerto que lo atormenta sin tregua; un ejemplar padre de familia adicto a la pornografía. Las intimidades de las gentes van saliendo a relucir, no pegadas en los postes y en las paredes del barrio como las de Ronnie sino en secreto, ocultas.

Y como estamos frente a un culebrón y como a veces no podemos con todo lo que la vida trae y como somos cobardes y como soñamos con imposibles, al final, casi en la última escena, Secretos íntimos da un traspié, se patrasea,  e irremediablemente fiel a su género, va en busca de la redención; en ese momento se desmadeja y no hay retorno.

Pero, y esa es su más grande y valiosa virtud, logró resucitar por unos instantes la compasión y nos regaló la posibilidad efímera de una mirada generosa desde la otra esquina.

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