Nombre: Planet Terror
Categorías: Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Suspenso, Erótico, Aventura, Western, Artes marciales, Guerra
Director: Robert Rodriguez
País: Estados Unidos
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * * *
Javier Moreno * * * *

Planet Terror (2007)

La nostalgia.

Esta es una digna hija de la nostalgia. De esa nostalgia rara que despiertan la mala televisión dominguera, los videoclubs de pueblo y ciertos teatros que ahora son dificiles de encontrar. Digo teatros pero pienso en un teatro en particular: El legendario cine Martha, de Lorica, y sus dupletas nocturnas. Hay cosas que sólo se pueden ver bien en lugares así, o en rotativos con interludios pornográficos, o en cines de barrio (como el de El Minuto de Dios, en Bogotá), donde las guerras de pandillas continuaban en las salas convirtiendo la experiencia de ir a cine en todo un riesgo; algo que requería atrevimiento, brío, pericia valentía y concentración. Casi un arte marcial.

Y bueno, íbamos al teatro. Era un teatro abierto y cuando llovía nos aglopábamos atrás y veíamos una versión opaca y mojada de la película. A veces los daños en las cintas eran irreparables. Una vez el cubículo de proyecciones se incendió. Una vez encontraron un muerto en el baño. Una vez empezaron a lanzar tornillos y piedras desde la última fila. Una vez alguien llegó al inicio y anunció que el padre Hernandez había cancelado la proyección por inmoral. Una vez (muchas, en realidad) se fue la luz y nunca supimos cómo terminaba Guerrilleros de la Ciudad.

Ahora pensaba en todos esos fanáticos del disco de vinilo que dicen, no me consta, que algo se perdió en la digitalización. Que ese rasca-rasca sutil que servía de base a todas las canciones era necesario. Los rayones no los perdimos, pero cambiaron. Ahora se sienten falsos, son demasiado rápidos. Me pregunto si son programados. Tal vez esa es la manera como el reproductor debe actuar cuando encuentra alguna pista defectuosa. Algún estandar. Otro asalto nostálgico. Algún ingeniero incapaz de dejar ir. El otro día mi iPod empezó a repetirse, como si la canción estuviera rayada, y entonces me preocupé y pensé que se había dañado en alguna de sus caidas, pero luego escuché la canción en mi computador y también estaba rayada. Quién sabe cómo se habrá colado un mp3 rayado entre mis canciones. Ahora imagínense que empezaran a sacar CDs que sonaran como discos de vinilo, canciones nuevas, baladas, boleros, rancheras, que en lugar de ser remasterizadas sean... ¿cómo se diría?... creo que me entienden. Imagínense que hay rayones a propósito que se adaptan al ritmo de la música. Imagínense que el disco simula tener esa comba rara que algunos tenían luego de algunos años de tenerlos almacenados. Imagínense que el disco finge tener dos caras, y que eso importa, que eso aporta al sentido, a lo que quieren contar. Así es Planet Terror.

¿Y de qué va Planet Terror? Bueno, es complicado. Planet Terror va de un virus en un pueblo en Texas, digamos. Un virus con raices militaristas y consecuencias terribles para quienes lo padecen.  Es como zombies pero no es lo mismo. También hay una go-go dancer medio imbecil que se transforma en una M-60 humana con lanzamisiles, un misterioso héroe latino con un pasado oscuro, un cocinero que intenta preparar la mejor salsa BBQ del país, un médico enloquecido que quiere matar a su mujer, un científico corrupto. Y todos están locos. El abanico de personajes y situaciones es excesivo pero a Planet Terror hay que ir buscando precisamente eso. Este es un retorno a los orígenes de Robert Rodriguez, a la humildad divertida de El Mariachi que quedó hecha añicos en sus secuelas depuradas. Esto también es Quentin Tarantino colaborando de cerca en la producción, sugiriendo perfiles, situaciones, conversaciones y, sobre todo, cumpliendo su sueño de aparecer en los créditos como Rapist #1. ¿Qué más le puede pedir a la vida?

Me gusta Planet Terror. Me divertí muchísimo con ese guión ocurrente y desbordado. Me encantó que el hijo de seis años de Rodriguez se pegue un tiro en la cabeza. Me recordó los cameos del hijo de Jodorowski en El topo. Me encanta que Bruce Willis haga ese papel-cameo que desarrolla hasta el delirio a un personaje desperdiciado de The Siege. Me gusta el sabor a juego, a amigos haciendo lo que siempre quisieron hacer, a película irrealizable realizada. Lo ideal sería poder ver Grindhouse entera y en un teatro al aire libre. Lástima que esos teatros ya no existan, que todos hayan terminado convertidos en templos de la Oración Fuerte al Espíritu Santo. Lástima que no hayan distribuido en España (¿ni en Colombia?) la versión completa. Pero bueno, ya habrá tiempo para hacer la sesión genuina en video. Con todos los trailers falsos. Con todos los juguetes. Cuando corrían los créditos sentí que me hizo falta más. Planet Terror, como dirían por acá, es una gozada.

Adenda: Mi reseña de Death Proof, la otra parte de Grindhouse, acá.

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