Nombre: La cambiadora de páginas
Categorías: Drama, Suspenso
Director: Denis Dercourt
País: Francia
Año: 2006

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María José Roldán Pardo * *

La cambiadora de páginas (2006)

Más de lo mismo

Si La cambiadora de páginas no estuviera actuada por Catherine Frot y Deborah François, si no fuera francesa, si no tuviera la puesta en escena que tiene y si no hubiera llegado de la mano del Eurocine, sería mucho más fácil desenmascararla y ubicarla en el género que le corresponde: un común y sencillo culebrón; pero toda esta parafernalia le sirve para hacerse pasar por un profundo e intelectual thriller psicológico.  

El guión, plagado de lugares comunes, narra la historia de una joven pianista frustrada que cocina una venganza a fuego lento. Ella encarna a la mujer estereotípicamente mala, capaz de todo y, por añadidura, de una belleza perturbadora.

En los primeros minutos de la película vemos a Melanie en una escena de su infancia preparándose para una audición en el conservatorio. El jurado que la evaluará está compuesto entre otras personas por una famosa pianista (Catherine Frot) que con una actitud displicente y descortés desconcentra a la niña y la condena al fracaso. Desde ese momento nuestra  protagonista empieza a hacer de las suyas y emerge su verdadera y perversa personalidad. Como en cualquier culebrón que se respete, el dinero es un personaje en sí mismo y nos enteramos de que la reputadísima y exitosa pianista no tiene un solo peso propio y que, por tanto, está atada irremediablemente a su marido. Por supuesto, y siguiendo los cánones del genero culebrón, la seducción y el deseo sexual serán las armas de destrucción del enemigo. ¿Se puede más taquillero? Sí, se puede. El sexo lésbico vende mucho más y nuestra encarnación de la maldad enamorará a su presa femenina y en extremo frágil. Encima de mala, lesbiana (¿alguien dijo cliché?). Es tan perversa Melanie, que no le bastará con destruir a la pianista, sino que también se ensañará con su hijo… Y no vayan a creer que las cosas paran allí, hay más, mucho más que no les cuento.

El ambiente es muy sofisticado, cargado de glamour, y la música, elemento clave de la película, fue pensada para intelectuales: el trío del que hace parte la pianista interpreta una obra de Shostakovitch. Es necesario usar todos los recursos para que no se note que estamos frente a un refrito.

Creo que sentarse a ver una película es entablar una relación con la historia que se recrea y con sus creadores. Igual que en cualquier otra relación, espero del cine que no me manipule, que no me ponga trampas, que no intente descrestarme con decorados, que se arriesgue. No apelar a estos trucos revela madurez y es la virtud que hace la diferencia entre una historia del montón y otra inolvidable por sencilla que ella sea.

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