Nombre: Harry Potter y la Orden del Fénix
Categorías: Drama, Aventura, Fantasía, Infantil, Misterio, Familiar
Director: David Yates
País: Reino Unido
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * ½

Harry Potter y la Orden del Fénix (2007)

¿Para quién?

De verdad, no entiendo cuál es el público para el que está pensado la serie de películas de Harry Potter. No sé si piensan que los espectadores leimos el libro o si piensan que no lo leimos. ¿Qué esperan de nosotros? Sin el libro la película luce como una serie de escenas de efectos especiales interconectadas por una historia vaga. Con el libro lo que vemos es una sucesión de apartes disconexos de la novela, cameos fugaces para compensar la falta de imaginación del lector contemporaneo. Quien quiera que esté detrás de la adaptación tiene graves problemas deshaciéndose de arcos, y el resultado es un amacijo de pseudohistorias que no convencen, que no se sostienen. Voy a poner un ejemplo: Una de los eventos principales de La orden del Fénix es el famoso beso de Harry y Cho (Al margen: ¿Acaso familiar del psicópata de Virginia?). En el capítulo anterior Harry muestra interés por conocerla, pero finalmente, debido a su indecisión, pierde la oportunidad de ir al baile con ella. Diggory, quien muere luego trágicamente asesinado por Voldemort, es el elegido. El intento de invitación de Harry es la única vez en esa película que los dos interactúan. La única. En La orden del Fenix Harry y Cho se dan un beso bajo un muérdago generado por computador, ¿y saben cuántas veces hablan antes de que el beso ocurra? ¿Saben cuánto tiempo dedica la película a evidenciar que hay algún nivel de acercamiento? Adivinan bien: Cero, nada, nunca. Dos miradas, si acaso. Si uno no ha leido los libros queda con la sensación de que ese beso nace del vacio. Para colmo de males, el beso no tiene consecuencia alguna: Harry no vuelve a hablar con Cho durante lo que queda de película.

Y ese es sólo un detalle. Hay muchos más de ese estilo. Personajes y situaciones sin ningún nivel de desarrollo que aparecen sólo por aparecer, por decir «está en el libro, está en la película». No todos, claro, no pueden, pero lo intentan. Para empeorar las cosas los actores crecen en todas las dimensiones menos en la histriónica. Se salvan Rupert Grint (Ron), Alan Rickman (Snape) y Gary Oldman (Black). De resto la inexpresividad vulcana cunde. O el botox. O algún virus que inhabilita la movilidad de ciertos músculos. O la ineptitud del director. Quién sabe.

Harry Potter y la Orden del Fénix es una película sin destinatario. Con poco qué ofrecer al lector juicioso que la serie y casi nada para el que sabe poco sobre las aventuras del mago adolescente. Pero bueno, en este mundo eso ya no es un problema: La inversión, no importa cuán alta sea, se recupera. ¿No me creen? Miren Spiderman 3. Todo es marketing, lo demás no interesa. ¿Qué importa si no les gusta cuando ya pagaron? ¿Qué importa si no les gusta cuando -gustosos- volverán a pagar?

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