Nombre: Satanás
Categorías: Drama, Acción, Policiaca, Cine colombiano
Director: Andrés Baiz
País: Colombia
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * * ½
Alejandro Martin Maldonado * * ½

Satanás (2007)

Sobre el Bien y el Mal

Todavía me cuesta decidir qué pensar de Satanás. Están claros los elementos positivos: no le veo muchos problemas técnicos, es más, considero que es un paso adelante en la serie de nuevas películas colombianas; y, por encima de eso, está el hecho de que consigue trasmitir muy bien una sensación de profundo desasosiego, de incomodidad, de asco. Como que le mete a uno un bicho en el estómago que va creciendo a medida que avanza la película y al final no se sabie bien qué hacer con él.

Sin embargo, no sé muy bien porque me queda, en balance, una imagen más bien negativa. De un desagrado distinto al del estómago, un desagrado con la película misma, con las premisas que defiende y la manera cómo las lleva. A pesar de buscar probar que el bien y el mal está en todos, su manera de manejarlo no deja de ser tremendamente maniquea, obvia (ver el comentario de Echevarría a la novela, cuyas críticas se pueden extender parcialmente a la película).

De las tres tramas, la del cura obseso, la del asesino en ciernes, y la del grupo de asaltadores, sólo en la tercera se les ve algo de humanidad a los personajes.

Esa historia, que parece ser la única que no viene del libro de Mendoza en que se basa la película, es la más interesante. Consigue que uno se identifique con los ladrones sin dejar de mostrar nunca sus crímenes. Hay una historia de amor allí entremetida que tiene algo de humor y algo de dulzura. Además es una historia con giros, donde se cruzan el destino y la voluntad de los protagonistas, y en la que se refleja muy bien buena parte de la ciudad.

Sin embargo, el cura con sus obsesiones sexuales y sus patologías criminales, aunque se ve muy bien encarnado por el actor que arriesga bastante en su papel, termina siendo el cliché más manido: la carne apoderándose del emisario del espíritu. Éste personaje, que habría sido el encargado de elaborar un poco más los conflictos en juego, el único con posibilidad de reflexionar sobre el asunto, es abandonado a una exclusiva serie de "reacciones" irracionales. [Paralela a la historia del cura se cuenta la de una mujer "poseída" en la carcel que es lo peor de la película, allí se pierde toda la textura realista que la distingue del libro mucho más lleno de elementos sobrenaturales y se cae en unos excesos grotescos con una fotografía esteticista que no sólo no aportan sino que resultan casi ridículos].

Por último está el protagonista, muy bien interpretado por Damián Alcazar (que consigue algo único en la era de las coproducciones y es que su acento de origen no manche la película). En su rostro se ve siempre esa violencia a punto de estallar detrás de una aparente calma que incluso puede confundirse a veces con dulzura.  Se presenta muy claramente un personaje patológico, que sigue los estándares de una mente débil: una relación enfermiza con su mamá, un antecedente bélico, una soledad absoluta. No vemos que en su interior luchen el bien y el mal, más bien seguimos el proceso de cómo una mente condenada a quebrarse no puede evitar su destino.

En general la fotografía está bien pensada para la película y hay un par de planos y movimientos de cámara interesantes, aunque nunca nada especialmente notorio. No es gran cine, pero tampoco es televisión.

Quizás el plano más "bonito" que no desentona es el de los espejos en el baño al final (hay otra toma con espejos que al contrario se ve tremendamente postiza). Pero técnicamente lo más logrado es el ritmo: en un principio casi parece que la película va a ser jarta, pero poco a poco va cogiendo fuerza hasta que uno se va viendo absorvido por ese clima tan incómodo. Allí noté la que me pareció la decisión más sutil y más efectiva: en el caso sonido, al subrayar los gorjeos de las palomas en el interior de la iglesia. De manera trangencial se le mete a uno ese ruido entre sexual y agónico que contamina y hace enfermizo el ambiente general.  

Ahora voy a hablar del final. Los colombianos sabemos bien como termina, con la matanza en el restaurante. ¿Será que la forma que la vean fuera del país será muy diferente al no tener tan claro el final? ¿Considerarán los espectadores que fueron manipulados de manera infame? Yo siento que ese crimen esperpéntico del comienzo de la película sugiere bien el final, Ricardo me ha señalado varias veces que él cree que era mejor comenzar aclarándole el final a todos los espectadores.

Yo siento, que aunque está bien así, de todas maneras no estuvo muy bien tratado. Que no es efectivo y que la puesta en escena resulta floja y sosa. No cuenta nada, pero tampoco hace sentir nada. Margarita Cuellar en su reseña en Arcadia sugiere que habría sido mejor ahorrárselo y contarlo en un letrero. Sin duda eso habría sido mejor que lo que se hizo. Porque todo se cuenta muy rápido y no hay suspenso, no se aprovecha el hecho de que conocemos los personajes, no hay ningún drama, sólo una serie de tiros.

Pensar en la matanza me hace pensar en las víctimas. ¿Es lo mismo hacer una película basada en hechos reales que una ficción? ¿Ellos pensaron en el efecto que podría tener la película en aquellos cuyos familiares murieron en el restaurante? A ratos me queda la sensación de que aprovechaban una premisa taquillera. Que les era indiferente.

Cuando se trata de una reelaboración de un suceso real el crítico tiene problemas con ciertas preguntas que tiede a hacer. Por ejemplo, el hecho de que el asesino estuviese estudiando Dr. Jeckyl y Mr Hyde resulta de un obvio vergonzoso cuando se evalúa como ficción, pero ante esa crítica se me puede responder: ¡es que era verdad! ¿Y esto lo justifica al interior de la ficción? ¿De qué se trata? ¿De fidelidad cuando de resto todo es elaborado? ¿Sabiendo que era un cliché no termina más bien afectando la personalidad del personaje?

Aquí las preguntas terminan dirigiéndos a Mendoza, el autor del libro. ¿Cómo será su relación múltiple con el asesino real, el escrito y ahora el de la pantalla? No deja de perturbarme que así como el asesino lo buscó a él, su profesor entonces en la Javeriana, poco antes de cometer el crimen en un momento análogo buscara en la ficción al cura. ¿Cómo se ve Mendoza a sí mismo? No deja de haber algo de vocación de cura en su discurso maniqueo sobre el Bien y el Mal que termina proyectándose en la película.

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