Nombre: Derecho de familia
Categorías: Drama
Director: Daniel Burman
País: Argentina
Año: 2006

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Diana Ospina Obando * * ½

Derecho de familia (2006)

Drecho de familia

Existe un tema que ha sido tratado innumerables veces en el cine y que quizás tenga sus origenes en Cuento de navidad de Dickens. La  idea es sencilla: Un hombre amargado y solitario descubre que debe reorientar su vida para no quedarse solo y privarse del amor de los demás. Esta historia, contada tantas veces, es si embargo un buen punto de partida si se sabe administrar bien... no es el caso de  Derecho de familia, película argentina dirigida por Daniel Burman y que, a pesar de ser del 2005, fue programada hace poco en los cines de Bogotá.

En la película escuchamos la voz en off de Ariel Perelman, un joven abogado, que empezará a contarnos su vida. Nos enteramos de su labor como docente universitario, de las estrategias utilizadas para conquistar a su esposa y de las viscitudes de su vida como papá. A la vez conocemos  a Bernardo Perelman, su padre, abogado también ,con un don especial para tratar a a gente. El arranque promete, la narración en off está acompañada de imagenes claras y precisas. La historia avanza sin altibajos y presenta una gama de personajes interesantes pero estas buenas intenciones se quedan por el camino.

El problema esencial es que es muy difícil querer a Ariel, su vida es plana, aburridora, su capacidad de expresión es miníma y en general sentimos que para él todos  son extraños. E personaje parece inmerso dentro de una búrbuja donde nada lo toca.

Su padre ha cambiado repentinamente de actitud e intenta, por diferentes medios, acercarse a su hijo. Ariel, medio accede, mientras múltiples cambios empiezan a ocurrir en su vida. Se supondría que el personaje evoluciona, cambia durante el transcurso de la película, es un poco cierto, pero este eterno adolescente frío, egoista e inexpresivo poco o nada nos toca. Su drama humano es casi inexistente y los pocos buenos momentos se desdibujan en esta película mesurada, sí, pero que no logra la intensidad de El abrazo partido, la anterior película de Burman. Curiosamente las dos películas cuentan con el mismo actor protagónico, Daniel Hendler, pero esta segunda caracterización es demasiado plana.

Finalmente, las promesas del arranque se pierden por el camino. Ciertas historias quedan sueltas. Lástima que la película no se hubiera ocupado más de Bernardo Perelman cuya historia era mucho más interesante, como lo eran también los personajes secundarios que lo acompañaban durante sus intervenciones.

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