Nombre: Joe Strummer: The Future Is Unwritten
Categorías: Documental
Director: Julien Temple
Año: 2007

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Andres Borda Gonzalez * * * ½

Joe Strummer: The Future Is Unwritten (2007)

Julien Temple descubre para nosotros que la vida de Joe Strummer, el líder del legendario grupo de punk The Clash, fue la lucha de un hombre para reafirmar su libertad, y de ayudar a otros a encontrarla a través de su música. Basta con ver en los primeros minutos del documental a Strummer cantando "I wanna riot / White riot / A riot of my own" en un estudio, y ver cómo las facciones de ira y energía en su cara son suficientes para transmitir el significado de lo que está cantando sin acompañamiento musical, para entender que esto es "the real thing". Temple reúne alrededor de una fogata que sirve como símbolo de la libertad y fraternidad con la que Strummer soñó al final de su vida (cuando The Clash ya se había desintegrado y él estaba a punto de convertirse en una foto más colgada en algún Hard Rock Café del mundo) a los músicos, las novias, los amigos que lo acompañaron a lo largo de su vida para que sirvan de narradores. Más adelante, cuando entramos en los años en los que grabó el legendario álbum London Calling y luego el incomprendido Sandinista!, personajes como Johnny Depp, Jim Jarmusch, Matt Dillon, John Cusack y Martin Scorsese entran en escena para relatar la influencia que la música de Strummer ejerció en sus vidas y sus obras (Scorsese, por ejemplo, confiesa que aunque en Raging Bull usó música de los cuarentas y cincuentas, fue a The Clash donde acudió en busca de inspiración).

Y aunque Temple no es siempre asertivo como director, y su documental tiende más a mostrarse ingenioso que exitoso, la música de The Clash es lo suficientemente poderosa y honesta para transmitir el mensaje de rebelión y liberación que el punk de los setenta pretendía ilustrar. Y bueno, la idea sale adelante: se trata de ver a través de la vida de Strummer que, en verdad, el futuro no está escrito: este tipo dedicó su vida a encontrar el camino para ser libre, para ser él mismo, y acá lo vemos fallar y tropezar y caer decenas de veces antes de terminar de pie, redimido, genuinamente feliz antes de morirse. Y uno sale del teatro no sólo con las canciones de The Clash repitiéndose una y otra vez en nuestra cabeza, sino también con el idealismo de Strummer metido en el estómago.

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