Nombre: Death proof
Categorías: Acción, Erótico, Road movie
Director: Quentin Tarantino
País: Estados Unidos
Año: 2007

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Pedro Felipe * * *
Javier Moreno * * * *

Death proof (2007)

¿Kill Bell...?

Dentro de algunos años es probable que el al cine de nuestros días se le llame "la época digital" fijando sus inicios en Terminator II y su conclusión hacia Episodio IX. En ese futuro cercano nuestros retoques informáticos lucirán tan falsos y evidentes, que los efectos especiales de Matrix producirán en los espectadores las mismas risitas que nos suscitan a nosotros las paredes de cartón y las figuras recortadas de El Chapulín Colorado. Entonces las proezas de los dobles de las cintas de los años setenta y ochenta -esa edad media del cine- serán comparadas con las luchas de gladiadores o con las corridas, sobre todo en lo que respecta al toro.

Pero como el futuro no existe, el anterior párrafo sólo pretende poner de manifiesto la refrescante sorpresa que es Death Proof: sin aditivos, al aire libre, "con verdaderos pedazos de gente" (ese es el lema de una reciente película francesa cuyo título no recuerdo, pero que cito porque me parece muy apropiado). El mismo Tarantino pone de manifiesto en una entrevista para Rolling Stone que las persecuciones automovilísticas en el cine han terminado por ser filmadas desde todos los ángulos posibles, dejando para la edición la delicada tarea de hacerlas entretenidas, si no creíbles. Pues bien, en La escena de Death Proof no hay dobles, pues la encargada de darle sabor a la desagradable situación en la que se encuentra el personaje de Zoë, es nada menos que la actriz neocelandesa Zoë Bell, también (des)conocida por ser la doble de Uma Thurman en Kill Bill. Aunque no pretendo ni mucho menos que los actores tengan que estar dispuestos a jugarse la vida a cada película, no haber utilizado una doble para las escenas peligrosas (o haber utilizado a la misma persona para toda la película) es un placer similar al de ver de cuerpo entero a una pianista, como en El piano, sin acercamientos ni cortes al descender del rostro a las manos, en un plano fijo tan sencillo como los de Eisenstein, por poner un ejemplo cualquiera.

Death Proof es tarantinesca en el sentido clásico del término. Amén de su gratuita y poco perturbadora violencia, durante sus noventa minutos de duración nos encontramos con las hilarantes conversaciones metafísicas sobre nimiedades; antes de que el asunto se ponga rock'n roll hemos tenido todo el tiempo del mundo para conocer y apreciar a sus personajes, que en un 80% son chicas muy guapas; y en fin, las canciones elegidas con una precisión de cirujano tienen su cuarto de hora y colaboran con sarcasmo al desarrollo de la intriga, n'est-ce pas?. Pero la película también representa un desarrollo de la obra del autor al reciclar para su estética los defectos de las películas de Serie B para intentar nuevas maneras de contar con imágenes una historia. Dentro de esa búsqueda me parece muy interesante la violenta escena que termina en un sencillo corte, tal y como si en una proyección anterior se hubiese quemado una parte de la cinta y el encargado hubiese cortado unos metros pegando dos extremos incongruentes: la escena en cuestión habría podido terminar de muchas maneras, pero dentro del contexto de las películas de bajo presupuesto cuyas copias son tratadas a las patadas, la argucia es legítima y eficaz. Lo mismo sucede con un cambio inadvertido al blanco y negro, o con las repeticiones de la misma palabra. Creo que no haber abusado de esas herramientas le ha permitido a la película evitar lucir afectada, aunque también sé que podría afirmarse lo contrario.

¿Y qué sería lo contrario? Que se trata de cortinas de humo destinadas a ocultar que Tarantino, con sus estrategias arty, ha comenzado a repetirse, siendo Death Proof una simple colcha de retazos de otras películas suyas (Perros de presa al principio, Pulp Fiction hacia la mitad, Kill Bill de la A a la Z). Aunque no puedo probar que ese punto de vista es falso, si que asumirlo puede privar de una agradable sacudida.

En conclusión, vale la pena ver esta película. No pretende cambiar la historia del cine y es claro que se trata de una obra menor del autor, pero en cuanto tal es un verdadero logro.

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