Nombre: Un año sin amor
Director: Anahi Berneri
Año: 2005

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María José Roldán Pardo * * *

Un año sin amor (2005)

“Pablo es un joven escritor enfermo de sida, a quien el temor a la muerte lo empuja a escribir su diario, en contra de su voluntad. Él busca el amor de su vida o tal vez al hombre que lo devuelva a una existencia plena, algo que desemboca, en la práctica del sadomasoquismo y el fetichismo por el cuero”. Leyendo esta reseña de El Tiempo me enfrenté a una pregunta trascendental ¿voy o no voy a verla? Porque debo confesar que a mi, por arbitraria que soy, hay temas que no me atraen para nada. El sadomasoquismo es uno de ellos, con la ganadería y la agricultura, las secciones deportivas de los noticieros, los síquicos forenses  y las historias de ultratumba de Discovery Channel. Adicionalmente la noticia de que el protagonista es un homosexual HIV positivo me produjo desconfianza, me imaginé una historia dramática tipo Philadelphia. Sin embargo, me lancé a verla sin muchas expectativas y con desgano.  

Pues resulta que yo estaba equivocada, Un año sin amor, no entra en la categoría de películas que en las reseñas de los periódicos califican como “conmovedoras e inolvidables” o de aquellas violentas que se recomienda no verlas si usted es una persona impresionable. Por el contrario es una historia aséptica y ecuánime, tal vez demasiado. 

El protagonista es escritor y homosexual. Busca pareja apelando a los medios que esta internacional que es la comunidad gay tiene a la mano, es decir, avisos explícitos en publicaciones especializadas donde se comunica el tipo de pareja que se busca y lo que se espera de esta. El contenido de los avisos hace pensar que quiere encontrar afecto y una relación amorosa estable. Paralelamente dicta clases de francés, escribe un diario que posteriormente se publica y maneja el SIDA como la enfermedad crónica que es hoy, sin mucho drama. 

En esta búsqueda, no supe bien a que horas, aparece el anunciado sadomasoquismo: hombres vestidos de cuero y con la utilería y la actitud requeridas para recrear ese ambiente. La puesta en escena es contenida, no se quiere herir susceptibilidades, ni excederse. A tal punto es cuidada que no permite que los personajes ni el protagonista se comprometan emocionalmente con el espectador, conservan prudente distancia, el tema continúa hermético y subterráneo.   

Resumidas cuentas me pareció una película más bien aburrida, que tiene el valor de abordar un tema complicado sin apelar al escándalo, al morbo ni a los juicios de valor. Tal vez la intención de mantener esta posición distante, objetiva de mera observación es la que no permite conocer las motivaciones de Pablo, pero, es también la que hace que valga la pena ir a ver esta película. 

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