Nombre: El arca rusa
Categorías: Documental
Director: Aleksandr Sokurov
Año: 2002

Otras reseñas para esta película

Pablo Camacho

El arca rusa (2002)

Los primeros minutos de El Arca Rusa dejan claro un mensaje crucial: se trata de una obra hecha a conciencia por un autor pensante. La cámara no es invisible, no se esconde debajo de la representación y en algún momento inclusive se pregunta: “¿será que todo esto ha sido preparado para mi?” Sokurov no permitirá que el espectador se pierda desprevenidamente en una historia. Reclamará la participación de su conciencia. Llámesele el método de distanciamiento otorgado a Brecht o simplemente un cineasta premeditando conceptos pero cuando la cámara se pregunta “¿qué obra será ésta?” Nos está recordando que es una película, una obra autoral que comporta contenidos ideológicos.   

La película consiste en un recorrido dentro del Palacio de Invierno de San Petersburgo por varios siglos, arte y eventos históricos del pasado de Rusia, casi en su mayoría conducido por  un personaje identificado solamente como un europeo (su vestimenta lo ubica no más allá del siglo XIX). Dicho personaje se convierte en  un receptáculo fundamental para las ideas histórico-políticas que proyecta el filme. En el europeo se manifiesta a veces la xenofobia, también la relación conflictiva o prejuiciosa con Alemania y la nostalgia por el otrora esplendoroso imperialismo. Es sobre sutilezas o idiosincrasias de este tipo que se forma una sensación general sobre la historia rusa, no sobre representaciones fieles de datos enciclopédicos. También aprovechando, por ejemplo, nuestro conocimiento de los estragos de la revolución rusa es como la escena del pomposo baile durante la época zarista resulta irónica o hasta melancólica.

Un momento especialmente interesante y propositivo en la película consiste en el encuentro entre el europeo y un joven del siglo XX. Los une la admiración de un mismo cuadro. La sensación histórica es potentísima gracias al choque de sus respectivos contextos. El joven desconoce quienes son los santos retratados, se demuestra ajeno a su fuerza como dispositivo religioso y admira la pintura por su cualidad de obra de arte. El europeo, en cambio, se interesa por la historia representada por encima de la pintura como objeto de arte y ordena al joven la sumisión a las sagradas escrituras. 

¿Qué pretende Sokurov al lidiar con el pasado ruso? Tal vez al contenerlo en 96 minutos, en  una sola mirada sintetizadora y abstracta esté pensando sobretodo en el futuro. Allí donde El Acorazado Potemkin hizo del corte su herramienta crucial, El Arca Rusa hace del no corte su medio para atrapar definitivamente los significados históricos, políticos y sociales en una sola conciencia. Para cerrar ese capítulo y continuar. El encuadre final del océano se ocupa de lo que compete al arca de Rusia luego de lo que acabamos de presenciar. Es su futuro. Lo que inquieta es la sensación de que para Sokurov parece tratarse de un viaje en agua eterna, sin la posibilidad de alguna vez gritar ¡tierra!

 

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.