Nombre: Inland empire
Categorías: Drama, Terror, Suspenso, Religiosa, Fantasía, Romance, Misterio
Director: David Lynch
País: Estados Unidos
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Diego Guerra * * * *
Javier Moreno

Inland empire (2006)

Now, a variation.

¿Qué pasó con Marilyn?

En enero del año pasado, en un programa de entrevistas holandés, le preguntaron a David Lynch por el misterio sobre la muerte de Marilyn Monroe. La entrevista anda por ahí en YouTube. Hay muchas cosas de David Lynch en YouTube. Hay unas propagandas para Playstation 2 deliciosas, por ejemplo, pero volvamos a nuestro asunto: La entrevistadora de este programa holandés le preguntó a David Lynch qué opinaba sobre la muerte de la diva y él le respondió que quería respuestas a las dudas sobre la muerte porque «entonces sabría, entonces sabría...».

«¿Y por qué es importante saber?», le preguntó la entrevistadora, y David Lynch le respondió algo que sonaba así:

«Es importante. ¿Sabe? Nosotros somos detectives y queremos saber cosas, y cuando algo no cuadra, cuando las dudas flotan alrededor, esto nos fuerza a preguntarnos. Es simplemente la manera como el ser humano es. Es hermoso, es grandioso.»

Eso de la muerte de Marilyn Monroe es muy David Lynch, ¿no? Una actiz rubia muerta en una habitación cerrada en Los Ángeles; poco se sabe. Una situación de novela negra estandar, el inicio de una historia. A Lynch le interesa saber qué ocurrió con Marilyn, pero yo sospecho que lo que le gusta más es la reacción -hermosa, grandiosa- de la mente humana ante ese inmenso vacío informativo en torno al cadaver. Lo que Lynch disfruta es cómo la muerta es una pieza de tantos rompecabezas al tiempo, como el no-saber prolíficamente engendra miles de sabidurías parciales, constructos, verdades individuales. Lynch sabe que la mente reacciona ante el vacío, pero también cómo reacciona. Lo sabe bien, estoy seguro, porque ese es su juego favorito.

El juego

El juego funciona de la siguiente manera: Un ente consciente accede a una pieza de información; una imagen, una escena, un fragmento escrito, una situación. Esta información, por la naturaleza del medio, o por ruido, por incapacidad del receptor, o por puro y simple sadismo del creador, es incompleta. El sujeto observador, entonces, es forzado por su cerebro casi sin saberlo a limpiar el estímulo recibido e incorporarle alguna especie de lógica, dotarlo de un sentido. En resumen, cada cual ve lo que quiere (puede) ver. Ejemplos: caras entre los motivos manchados de las baldosas del baño (o en fotos marcianas), totalidades en los cuentitos de Monterroso, veinticuatro cuadros por segundo que se transforman en movimiento, en cine. Otro ejemplo es el síndrome de Charles Bonnet. He aquí una foto de Charles Bonnet:

El síndrome de Charles Bonnet es una condición neurológica que genera en su portador alucinaciones realistas. Visiones de duendes, gnomos, conejos humanoides, cosas así. No se sabe bien cómo funciona, pero -como con todo- hay teorías. Una teoría que me gusta dice que el síndrome está asociado a pérdida parcial de visión. El sistema, según esta teoría, contrarresta la reducción de estímulo sustituyendo los espacios en blanco con objetos medianamente al azar. Los sueños son una manera de compensar por falta de estímulos perceptivos mientras dormimos, una mecanismo para mantener al sistema aceitado. El síndrome de Charles Bonnet, dicen, usa la infraestructura de los sueños y por eso sus visiones asociadas parecen hechas de lo mismo que estos. De ahí los duendes, los fantasmas, los conejos y las putas bailando el locomotion.

Inland Empire

Inland Empire trata sobre una mujer en problemas. Eso dice David Lynch.

Los sueños y las estrellas

En Hollywood, California, esta ciudad parque temático junto a Los Ángeles, «donde las estrellas hacen sueños y los sueños hacen estrellas», Nikki Grace (Laura Dern) se prepara para su nueva película. Su vecina la visita. Su vecina la mira mientras toma el café, parece un buitre albino, y le señala lo que ocurrirá mañana. Lo señala, digo, no lo anuncia ni lo predice, lo señala, porque lo que ocurrirá mañana está allí, al otro lado de la sala, la vecina lo señala con el dedo porque no importa cuándo es cuándo si todo ocurre al mismo tiempo, o si todo ya ocurrió y vivir es preguntarse -siempre, constantemente- qué diablos ocurrió ayer. El presente siempre escapa, el futuro no interesa.  

Digamos que todo ocurre al mismo tiempo porque todo ya ha sido grabado de antemano. Las cosas no suceden, se revelan (se rebelan). Una mujer llorosa nos observa tras un televisor, tras sus lágrimas. Una telenovela-sitcom de conejos con risas grabadas (¿de qué se ríen? ¿qué ocurre?) precede nuestro programa.  Lo precede y se alterna; nos acompaña, debería decir. Para verlo hay que ponerse el reloj, encender un cigarrillo, hacer un agujero en la seda con este último y luego mirar a través de él. Esta mujer adelanta la cinta, la hace saltar. La película de Nikki es un remake de una película que jamás fue terminada. Una película basada en una leyenda gitana-polaca. La película nunca fue terminada porque sus dos protagonistas murieron. La película nunca fue terminada porque sus protagonistas descubrieron que había algo mal con ella, que había algo en esa historia. El teléfono timbra, la voz del auricular nos señala a Nikki y luego a Sue, su personaje, y no nos dice dónde se inicia la una y dónde termina la otra, nos roba información y nos regala otra, nos pierde junto a Nikky-Sue, nos tiende una trampa, nos obliga a querer saber, nos fuerza a utilizar la eficiente y descontrolada infraestructura de los sueños, nos hace jugar.

Demon 

A mí me encantan las montañas rusas, pero hay una en el Six Flags al norte de Chicago a la que yo me he subido varias veces prometiendo al final, cada vez, no volver a subirme de nuevo. Es de madera temblequeante y dicen que lleva treinta años ahí. Las montañas rusas de madera son miedosísimas porque, además de sentirse siempre endebles, no tienen todos esos aseguradores que tienen las otras, la más modernas que hacen giros de tirabuzón limpios con uno muerto de la risa. Es un trabajo casi artesanal el de las montañas rusas de madera. Yo hasta alcanzo a imaginarme a los carpinteros diseñando in situ y luego haciendo correcciones tras los primeros tres chimpancés de prueba muertos. Se llama Demon, esta montaña rusa, y yo terminé con dolor de cabeza las tres veces que me subí.

Demon confunde, eso es lo que pasa con ella; uno nunca sabe para dónde va a girar. Eso es raro en una montaña rusa. Uno siempre ve el camino adelante y sabe que viene esta vuelta a la izquierda, entonces se prepara y la recibe, pero con Demon no se puede hacer eso porque el riel casi no se ve y el circuito está construido para reventar la intuición o manipularla. Demon no deja prepararse. Demon me revienta con cada giro.

Inland Empire y Demon se parecen. Ambas, a su manera, hacen lo mismo.

Chaparra Entertainment

Para terminar, una anécdota de la vida real:

Ayer paseaba por el salón del comic de Barcelona buscando el stand de Chaparra Entertainment. La vez pasada los había visto y quería verlos de nuevo. A veces me los encuentro caminando por el Raval, pero no es lo mismo que verlos en el stand, porque ahí en el stand, en un televisor averiado presentan apartes de sus cortos y también tienen sus afiches promocionales. Se toman bien en serio su trabajo los muchachos de Chaparra Entertainment; hacen sus cosas y las proyectan. Las quieren. Están orgullosos de ellas.

En el stand estaban proyectando un corto protagonizado por un tipo enmascarado estilo fantasma de la ópera. Yo me paré a mirarlo y a escuchar conversar a su director, el encopetado (literalmente) Dani Moreno, creo, con un mexicano víctima del peor caso de acné postadolescente de la historia. Hablaban de la película. El mexicano alucinaba: Nunca había visto algo así, güey, decía, o tal vez decía tío, ya no sé, porque aunque era mero mero chilango ya había dejado un par de interjecciones peninsulares aparecer en su registro. Nunca había visto nada así, tío, y estaba fascinado por la fotografía. Era una cosa en blanco y negro de tono pesadillesco. El tipo enmascarado camina por una mansión, sube unas escaleras, Dani Moreno aclara que su propósito en ese corto era explorar el problema del espacio. Joder, güey, pero qué bien lo haces, le dice el mexicano y Dani le responde señalándole cómo, al subir la escalera, el espacio se reduce (a un corredor) y así sugiere la angustia claustrofóbica del protagonista. Puro simbolismo. Luego le pide disculpas por los efectos especiales baratos (Esta mujer baja el abanico y yo quería que se viera como si no tuviera cara, pero se ve como si tuviera un pañuelo sobre ella (porque eso tenía). Falta de presupuesto), pero se detiene a tiempo porque esos efectos le encantan al mexicano, empezando por esta muñeca vieja (¡qué miedosas son las muñecas viejas perdidas en la parte de atrás de los armarios!) que gira la cabeza a medida que el enmascarado pasa a su lado. Dani también le explica al mexicano que la película parece no tener una historia sino algo puramente conceptual, pero el mexicano le aclara que Fellini hacía sus cosas así, a lo que Dani responde que no lo había pensado, pero Fellini es definitivamente una gran influencia en este corto. Las máscaras y eso, aclara, y el mexicano asiente.

Luego hablan de David Lynch. El mexicano le pregunta a Dani si vio Inland Empire. Ambos están de acuerdo en que esa es una película de terror. David Lynch es, por supuesto, otra de las influencias de Dani. En los temas, sobre todo, explica, pero también en el uso de ciertos recursos que no especifica. Mira esta escena, le dice al mexicano. Este es un detalle que pocos notan, pero cuando el protagonista habla con la mujer y los otros enmascarados lo rodean, la máscara que lleva cambia. ¿Lo notas? Antes la máscara sonreía y ahora no, ahora es una máscara triste. Es una pesadilla, ¿ves? Ahora el tío se quita la máscara, mira. Pausa, ambos miran lo que ocurren, yo también. Dani se ríe, yo me carcajeo. A que no te esperabas esto, le dice. A que no te esperabas lo que había detrás de la máscara.

Y no, increible, el mexicano no se lo esperaba.

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