Nombre: La vida de los otros
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Guerra, Histórica, De época
Director: Florian Henckel von Donnersmarck
País: Alemania
Año: 2006

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Luis Fernando Afanador Perez * * * *
Pablo Camacho * * * *
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La vida de los otros (2006)

La sonata de un hombre bueno

El comunismo real se vino abajo con la caída del muro de Berlín pero todavía tiene muchas historias por decir. Como esta que cuenta La vida de los otros, la inolvidable y conmovedora película de Florian Henckel von Donnersmack, que ahora entendemos por qué merecía más el Oscar que la excelente El laberinto del Fauno. Y sí: existe una categoría superior a excelente y a ese club exclusivo pertenece el primer largometraje de este director alemán.

En 1984, en La Republica Democrática Alemana, Gerd Wiesler era el capitán estrella de Stasi, la temible policía secreta del régimen comunista, compuesta de 91.000 agentes que perseguían a los sospechosos de ser opositores del régimen. Para su labor de vigilancia contaban con otros 170.000 confidentes a los que llamaban “agentes oficiosos”. Un eufemismo, desde luego, pero allí todo se escondía bajo un eufemismo, empezando por el apelativo “democrático”.

Wiesler recibe la orden de espiar a la pareja formada por el importante dramaturgo Georg Dreyman y su novia, la bella actriz Christa-Maria Sieland. En principio, en un régimen comunista cualquiera es sospechoso -más si es un intelectual- pero Dreyman tiene en su contra, además, la desgracia de que un importante ministro se encuentra interesado en su novia. Hasta ahí, tenemos un atractivo thriller político. Sin embargo, la maestría de este joven director, nos llevará a un nivel de reflexión y de profundidad insospechado. Al espiar los secretos de la pareja, Wiesler empezará una transformación radical de su vida que también pondrá en duda sus ideales, su oficio y sus lealtades. Y ese es el gran tema de esta película: cómo podemos cambiar los seres humanos, cómo a pesar estar expuestos a la ignominia, a la debilidad y al miedo, podemos encontrar resquicios de humanidad y así iniciar un camino de redención. “Todos vivimos en el barro pero algunos miramos hacia las estrellas”, decía Oscar Wilde. Wiesler es un hombre que vive en el barro pero a quien el azar de un encuentro le va a permitir mirar hacia las estrellas. La redención de Wiesler, se podría llamar esta historia. O, simplemente, “la sonata de un hombre bueno”, que es el nombre de la pieza que le saca una lágrima cuando la escucha interpretada por Dreyman.

Una pequeña acción, un pequeño gesto: acaso eso es lo máximo que no es  permitido oponerle a la barbarie política. Aunque nada cambie el curso de la Historia -con mayúsculas-, aunque de poco sirva, vale la pena. Hay que hacerlo porque sí, sin testigos y sin esperar premios ni recompensas. Eso es lo que hace Wiesler y lo que le devuelve su dignidad. Eso es lo que dice esta película sin moralinas ni grandilocuencia: apenas con buenas actuaciones, con imágenes sobrias y unos primeros planos que destacan los rostros como la pintura de Caravaggio. Por cierto, uno de los cuadros del pintor italiano se llama La conversión en el camino de Damasco. Me gustaría creer que esta feliz coincidencia es otra obra del azar concurrente.

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