Nombre: Adiós a Lenin
Categorías: Drama, Romance, Comedia dramática, Basado en una novela, Histórica, Familiar
Director: Wolfgang Becker
País: Alemania
Año: 2003

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Luis Fernando Afanador Perez * * * *

Adiós a Lenin (2003)

Adiós a Lenin

Es cierto: el socialismo real fue un fracaso. Pero un sistema económico y de pensamiento que dividió y puso a discutir a todo el planeta durante dos siglos merecía algo mejor  que un entierro de tercera. Good bye Lenin es, para decirlo en pocas palabras, ese entierro de primera que se merecía el socialismo.

Al igual que toda película bien lograda, Good Bye Lenin posee muchos aciertos. Alex Kerner, su protagonista, nos cuenta la historia de la Alemania comunista y de su ocaso al mismo tiempo que la historia de su vida y de su familia. Es decir, se trata de una película muy política pero el sesgo subjetivo, personal, la convierte ante todo en un documento profundamente humano y conmovedor. Esta hábil estrategia hace que la historia sortee con éxito el espinoso asunto de la política. Estar a favor o en contra del comunismo: discusión interminable. Estar a favor o en contra del capitalismo triunfante y la reunificación: otra discusión infinita. Good Bye Lenin, desde luego, no evita abordar estos temas pero prefiere contarlos desde amor filial y la cotidianidad. Prefiere hacer preguntas, no responderlas, y a través de su arte, superar la política y las ideologías.

A finales de los 70 Alemania oriental (RDA) lleva a su primer astronauta al espacio y los padres de Alex se separan. El ideal socialista del progreso y la decadencia de su familia coinciden. Con este contrapunto se inicia la narración. Y del diálogo y las obvias paradojas  que resultan entre estas dos situaciones se enriquecerá permanentemente la película. El tiempo pasa veloz. En realidad pasa en el recuerdo de Alex: con imágenes originales tomadas de la época y su voz en off. Llega la adolescencia y con ella la rebeldía: Alex está en contra del régimen a pesar de que su madre -para superar la depresión en la que la dejó sumida el abandono de su esposo- terminó convertida en una comunista ejemplar. Un día en que ella ve que Alex es detenido en una manifestación sufre un ataque que la dejará en coma. Y durante los pocos meses que dura su desconexión ocurren profundos cambios: cae el muro, llega el capitalismo arrollador.

El mundo en el que creía su madre se ha derrumbado como un castillo de naipes. Por eso, cuando ella regresa a la conciencia no puede saberlo porque peligraría su vida. Entonces, Alex  debe ocultarle la verdad, debe reconstruirle la realidad tal y como era antes, como si nada hubiera pasado. Nada menos que el socialismo: en lo que él no creía y sólo por el amor a su madre. Una situación como para llorar y reírse. Y, justamente, ese es el tono inconfundible que hace entrañable y creíble esta historia. Con la ayuda de su hermana, de su novia y, sobre todo, de un amigo cineasta, rehace amorosamente la cotidianidad bajo el socialismo (que hermoso homenaje al cine: es capaz de hacernos creer en una realidad que ya no existe). Y Alex, a fuerza reconstruirla, terminará sintiendo cierta nostalgia por él. Sí, el socialismo era horrible, anacrónico, ineficiente, pero ¿es mejor el capitalismo de ahora con el vértigo del consumo y de la publicidad que se apodera hasta del cielo? ¿Cuál será la verdad? Difícil saberlo porque todo es mentira. El socialismo de su madre tal vez sólo existió en su cabeza y ella los había engañado: su padre no se fue por otra mujer sino porque no le daban trabajo. Las ideas y las convicciones sobre las cuales edificamos destinos colectivos e individuales no son más que espejismos. Vivimos entre espejismos de ideas y, quizá, lo único cierto y real es el afecto de los seres cercanos. El afecto y la fe en los otros al que se entregan sin ninguna reserva todos los bellísimos personajes de esta película.

 

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