Nombre: Lolita
Categorías: Drama, Comedia, Romance
Director: Stanley Kubrick
Año: 1062

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Mielconejo D'Macedo

Lolita (1062)

“— Didn’t you have a daughter, a daughter with a lovely, lyrical, lilting name?
— Lolita”

Estaba pensando como seria esta frase en español, pero simplemente, suena mucho mejor así, evocando el tono tentador con que lo pronuncia Peter Sellers en el papel del deleitante Claire Quilty en este clásico de la literatura y del cine… Suelly Lyon representa a Lolita, la niña que ya no es, pero tampoco es mujer. Fuerte y poderosa, Lolita se aprovecha de su fragilidad, y de su belleza, para rendir a los hombres ante ella. Sabia en las artes de la manipulación, sabe lo que quiere, y sabe muy bien como conseguirlo… caprichosa y con tintes de niñez, pues después de todo tiene solo 14 años,  Lolita desarrolla su plan paciente y podría decirse sacrificadamente al lado del hombre que la ama obsesionadamente, Humbert Humbert interpretado por James Mason y aún así, intenta salirse con la suya buscando a su propio amor y obsesión.

Evidentemente, este tipo de amor desenfrenado, el que nos hace perder la cabeza, dejar todo atrás, querer nada más que la cercanía del ser amado, es una red delgada que se va tejiendo, un entremés, un escenario que se prepara para llevarnos simplemente al fracaso. Todos hemos tenido alguna vez, una obsesión, un amor enfermizo, y vimos sus macabros regalos, mientras aun esperábamos conquistarlo para siempre…

Kubrick, maestro supremo de las artes cinematográficas y obsesión personal, debía entender claramente este tipo de desespero porque Lolita se desenvuelve con extremada delicadeza; la película en si es un romance escondido, lleno de dudas, lleno de recovecos, de pistas a medias, de pedazos de realidad. Ojos ciegos, los que no quieren ver aquello que es evidente para el resto del mundo. ¿Y hasta qué punto son esos nuestros ojos? Tal vez muchos de nosotros entendamos que algo extraño pasa, pero definitivamente no entendemos como sucedió todo, hasta que se ha desarrollado el fin.

Los personajes son simplemente impecables, cada cual es cada cual, si es que esto puede tener sentido, pero es esa misma sutileza característica de Kubrick, una sutileza feroz, por contradictorio que esto suene, es la que hace que cada personaje se desarrolle a la perfección en esta historia, convirtiendo un tema delicado en una obra maestra del humor negro, de la fatalidad. Lolita, por despreciable que sus actos sean en la realidad, jamás nos hace sentir desprecio por ella, estamos también envueltos en sus efectos encantadores, como los hombres que aquí protagonizan… Tanto es su poder, que hasta su propia madre siente envidia y en un acto desesperado y ridículo consigue la manera de deshacerse de ella, en búsqueda de su propia felicidad. Humbert Humbert, en su obsesión, pierde la indulgencia hasta del propio espectador… es un tonto enamorado… tiene la partida perdida desde el principio, y Claire Quilty es simplemente uno de esos hombres enigmáticos… uno de esos hombres imposibles de leer… moviendo los hilos por debajo de la mesa, silenciosamente y astutamente. Nunca sabemos lo que pasa por su cabeza, hasta que Lolita narra los eventos, y él como todos, está destinado al fracaso.

¿Es el amor una trampa macabra que nos hace perder la cabeza, y su búsqueda desesperada solo nos puede llevar al desamor?  Los finales trágicos, el fracaso de los personajes en su búsqueda de la felicidad es una marca característica de la literatura rusa, y es evidente que la complejidad de los protagonistas y la intrincada, extraña historia de Nabokov llamó la atención de Kubrick ya que el logro más grande en sus películas es jugar con la psicología del espectador. Y así es… aparte de una Lolita en bikini cincuentero, las escenas explícitas van por cuenta nuestra, gracias a las inferencias del director.

Los mundos pueden parecer muchos bajo las máscaras que trae consigo el amor, pero al final de todo no queda más que el cansancio de creer en él, y perder… no queda más que nuestro cuerpo conteniendo ese sabor en la boca, el que nunca más vuelve, el que nunca más es. No existe compasión para ninguno. No hay perdón a nuestros deseos. No hay, al parecer, redención a la obsesión.

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