Nombre: Cartas desde Iwo Jima
Categorías: Drama, Acción, Guerra, Basado en una novela, Biográfica, Histórica
Director: Clint Eastwood
País: Estados Unidos
Año: 2006

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Pedro Felipe * *

Cartas desde Iwo Jima (2006)

Tu n'as rien vu à Iwo Jima

No deja de sorprender que sólo hasta ahora se haya desarrollado la excelente idea de mostrar la guerra desde el punto de vista de los dos bandos. Sobre la WWII, qué duda cabe, todas las partes en conflicto han dicho lo que tenían por decir; pero sólo hasta ahora tenemos una obra compuesta por dos cintas con el claro objetivo de mostrar cómo vivieron el mismo evento los bandos opuestos. De por sí, esa experiencia cinematográfica le da un importante valor agregado a Banderas de nuestros padres y a Cartas desde Iwo Jima.

Ahora bien, ¿qué tan logrado resulta el experimento? Me parece que en Cartas desde Iwo Jima la loable intención de ponerse en los zapatos del otro no logra su cometido. Yo no soy ningún experto en cultura japonesa ni mucho menos, pero tengo la sensación de que no fue así como los nipones vivieron la guerra. En ese sentido suscribo la opinión según la cual la cinta los muestra tal y como a los norteamericanos les habría gustado que hubiesen sido, pero no como en realidad fueron.

Me temo que en cualquier ejército del mundo -y mucho más en uno tan nacionalista, racista y cruel como el del imperio japonés- un general (Tadamichi Kuribayashi) no habría podido mostrar su enemigofilia sin que, a la enésima vez en que hablase en términos muy positivos de sus oponentes, a alguien se le ocurriese dudar de su lealtad, por no hablar de su sensatez. Ese defecto me parece fundamental, pues se trata de uno de los principales rasgos del protagonista y por ende, más que de un simple aspecto de su personalidad, de un síntoma del problema al que he aludido.

También me sorprendió que el ejército japonés nunca fuese mostrado. Sí, vemos soldados, capitanes, generales, y uno que otro fusil, pero nunca a los veinte mil hombres que debían defender el islote. Aunque no cabe duda de que una película de guerra no tiene la obligación de mostrar multitudinarios combates ni sopas de humano como las que tanto le gustan a Mel Gibson, siguiendo las instrucciones de uso del díptico en cuestión, es imposible no ver un absurdo desequilibrio entre los dos bandos, pues en Banderas de nuestros padres sí que nos son mostrados los cien mil boys que hollarán el suelo japonés. El resultado es algo desconcertante, pues uno tiene la impresión de que un puñado de hombres fieles al emperador (bueno, fieles ma non troppo) por poco derrota a un enjambre de invasores.

En fin, la intención de mostrar que los japoneses son tan humanos como los norteamericanos tampoco logró acercarme a la historia contada, pues en mi infinita sabiduría yo ya sabía que lo eran... (A decir verdad, me parece que esa es una señal de que la película no me estaba destinada; pero reconozco el valor y la pertinencia de realizar ese básico pero necesario ejercicio en el seno de la sociedad norteamericana, tan dada a ignorar lo que pasa más allá de sus fronteras).

Por el contrario, me dejó una buena impresión el explícito reconocimiento de la genial estrategia de defensa de los japoneses. Conociendo la fobia de los ejércitos norteamericanos de ayer y de hoy a los combates cuerpo a cuerpo, el ejército imperial optó por la única manera sensata de enfrentarlos, a saber: dejándolos gastar sus fuegos pirotécnicos durante los primeros días, para hacerles pensar que se trataba de una Mission Accomplished, permitiéndoles de paso levantar sus banderitas, y sólo entonces lanzar una defensa sin merced. Gracias a Cartas desde Iwo Jima es fácil aprehender el dato histórico según el cual durante la primera jornada de verdaderos enfrentamientos en la isla hubo más muertos que en el Día D del Desembarco de Normandía. Aunque el noble arte de la guerra me asquea, me parece que ese reconocimiento es más pertinente a la hora de buscar lo humano en el ejército japonés de la Segunda Guerra.

En fin, no me cabe duda de que Clint Eastwood es uno de los grandes directores estadounidenses de todos los tiempos. Diré incluso que siento algo de pudor al no darle a su película una calificación más acorde con la talla de su creador (¡en qué depresión lo voy a sumir...!); diré también que el 91% de aceptación alcanzado en Rottentomatos me hace pensar que soy yo quien está en contravía. Pero no son de poca monta las imperfecciones que a mi juicio la empañan. Además, esa no es mi mayor herejía, pues la película no sólo me pareció larga (eso es un hecho) sino también aburrida en su último cuarto.

Aunque los aspectos técnicos de la obra están muy bien logrados (menos los barquitos, es cierto) prefiero dejar las cosas de ese tamaño. A veces, casi siempre, es positivo que alguien disienta. Tal vez a quienes sí les gustó -o gustará- Cartas desde Iwo Jima, la presente reseña les ayude a apreciarla aun más.

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