Nombre: Shopgirl
Categorías: Drama
Director: Anand Tucker
Año: 2005

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Maria del Rosario Acosta Lopez * * *

Shopgirl (2005)

Shopgirl

Shop Girl es, antes que nada, una película que sorprende. Sorprende por su sutileza, por la sencillez con la que logra penetrar en la historia sin recurrir a la pesadez de diálogos intelectuales y personajes profundos. Sorprende, sobre todo, porque conmueve sin necesidad de caer en el lugar común del melodrama.  Es una historia sencilla, muy bien narrada, que, al estilo de Perdidos en Tokio, se arriesga a mostrarnos pacientemente una –o varias– historias de amor.  

La novela de Steve Martin, adaptada al cine, es la historia de Mirabelle Buttersfield, una solitaria vendedora de Saks en Los Ángeles, quien tendrá que escoger entre un artista joven, desordenado y casi detestable –Jason Schwartzman es, claro, perfecto para el papel– y un aburrido y millonario experto en computadores –puede resultar extraño, aunque positivamente sorprendente, ver a Steve Martin encarnando a Ray Porter con tanta naturalidad. Ninguno de los personajes es especialmente agradable, lúcido o atractivo. Costaría trabajo identificarse con ellos, comprenderlos, acompañarlos a lo largo de la historia, si no fuera por la honestidad con la que cada uno se presenta desde el principio, y por esa voz en off, que aparece una y otra vez reproduciendo fragmentos de la novela, y que, como un coro griego, va dejando en claro que los personajes no tienen otra opción distinta a la que escogen, pero que las decisiones, aunque inevitables, son siempre dolorosas. No es fácil encontrar películas que en lugar de buscar recursos dramáticos que sostengan y hagan más interesante la trama, se dediquen a mostrar los sutiles matices de cualquier historia de amor. No hay finales felices ni tristes en Shopgirl. Todo lo que queda es la sensación de que quien narra ha sido capaz de ponerse en los zapatos de sus extraños personajes y comprender su tristeza. No es difícil que al espectador le suceda lo mismo.

Mejor escena: Ray Porter (Steve Martin) le ha escrito una carta a Mirabelle (Claire Danes): lo que le sigue, es el mejor diálogo de la película.  Lo peor: no estaría de más decir que las “peripecias” del joven artista durante su tour con una banda de rock son poco menos que innecesarias. Vale la pena: ver a Steve Martin en el papel, y saber que la voz en off que oímos es la del autor narrando su propia novela.  Véala si: tiene la paciencia de entender una película que no encaja exactamente en ningún género, y que, como Perdidos en Tokio –aunque habría que decir que Sofía Coppola lo lleva a cabo con más maestría– prefiere sugerir que resolver.  

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