Nombre: Cartas desde Iwo Jima
Categorías: Drama, Acción, Guerra, Basado en una novela, Biográfica, Histórica
Director: Clint Eastwood
País: Estados Unidos
Año: 2006

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Luis Fernando Afanador Perez * * * ½

Cartas desde Iwo Jima (2006)

La voz de los vencidos

Esta no es una película convencional sobre la guerra. Al igual que La caída, la guerra es presentada aquí desde el punto de vista de los vencidos. Y la voz de los vencidos necesariamente propone una mirada distinta, arroja nuevas luces sobre ciertos episodios de la Segunda Guerra Mundial, un tema que parecía agotado en el cine y que, por cierto, Hollywood se había encargado de deformar: los alemanes y los japoneses siempre eran los malos sin derecho a declarar en el juicio. Pero ahora que estas películas nos permiten hacerlo, nos enfrentamos a una muy interesante revisión de la historia en el campo cinematográfico.

Y en esa tarea de revisar la actuación de su país en la Guerra del Pacífico, Clint Eastwood en La bandera de nuestros padres, socavó el mito de unos falsos héroes que izaron la bandera de Estados Unidos en el monte Suribachi, pocos días después de comenzar la encarnizada batalla por la guarnición japonesa de Iwo Jima. Pero esta exploración no le pareció suficiente e inmediatamente después de terminarla quiso ahondar en el asunto. Entonces decidió hacer Cartas desde Iwo Jima, el relato sobre el mismo hecho pero desde la perspectiva de los japoneses. El resultado es una gran película, donde la cámara firme y segura de un maestro consigue dejar un sabor amargo a sus compatriotas que ganaron esa guerra y le hace justicia a los 20.000 japoneses que perdieron la vida en esa batalla. Un lugar común dice que las guerras no las gana nadie, y sí, en esta película Eastwood reitera ese tópico, aunque no es poca cosa venir a decirle a los Estados Unidos 62 años después que no puede haber ningún motivo de orgullo en la victoria sobre los japoneses. Si hubo héroes en esa guerra, fueron ellos.

Con tonos sepias, una música melancólica y en medio de geografía austera –muchas escenas fueron filmadas in situ- Eastwood crea una atmósfera adecuada que no evita los crudos pasajes de violencia propios de cualquier película guerra. Pero el gran acierto es ceder la carga de la historia a los buenos actores japoneses que en su lengua nativa devuelven a la vida a los personajes reales. Ken Watanabe (Memoria de una Geisha y El último Samurai) encarna al general de la armada imperial Tadamichi Kuribayashi, responsable de que una batalla que debió resolverse en forma expedita –la superioridad militar del ejército norteamericano era evidente- haya durado 40 días debido a su genial estrategia de construir 18 millas de túneles y miles de cuevas y a la mística que le infundió a sus tropas para que lucharan hasta el límite de sus posibilidades. Son héroes, pero héroes humanos, es decir vacilantes y llenos de contradicciones. Kuribayashi estudió en los Estados Unidos y quiere ese país lo mismo el coronel Nishi quien obtuvo un medalla de oro como jinete en los juegos olímpicos de Los Ángeles en1932. Saigo, el panadero, le ha prometido a su esposa regresar vivo de la guerra y conocer a su hija recién nacida: quiere desertar y en él no funcionan los códigos de honor, emperador y patria. Shimizu, el policía  militar que pretende cambiar el mundo sin renunciar a sus ideales, tiene el firme convencimiento de no querer morir. El teniente Ito, un militar tradicional, no cree en las estrategias innovadoras de Kuribayashi ni en su política de buen trato a la tropa: él sí esta dispuesto al suicidio antes que a la retirada.

Otra película memorable de Eastwood que tiene sin embargo dos lunares. A mi juicio, es excesivamente larga y eso no es justo con el espectador porque su historia no da un minuto de solaz. Y la escena hecha en computador donde infinidad de barcos norteamericanos pueblan el océano pacífico, le quita sus buenos puntos. Esos truquitos, querido y apreciado maestro, déjeselos mejor a la Troya de Brad Pitt.

 

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