Nombre: The Host
Categorías: Acción, Ciencia Ficción, Animación, Aventura, Política, Basado en hechos reales, Guerra, Comedia dramática
Director: Joon-hu Bong
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *

The Host (2007)

¿El lobo está?

Una vez, en la finca de unos amigos, nació un burro con dos cabezas. Yo fui a verlo.  Era una cosa impresionante. Caminaba y todo. Caminaba ladeado, medio en círculos, porque la cabeza derecha era más grande que la izquierda. La cabeza izquierda no era realmente una cabeza sino un prospecto de cabeza. Me imagino que algo vería por lo que parecía un ojo, y era claro que emitía sonidos; un rebuzno agónico constante, como si le doliera existir. Creo que no vivió mucho, menos mal. Creo que se lo comieron unos perros.

Lo que pasa con los monstruos es que o los matan o nos matan. Uno no sabe lo que pudo haber sido de ese burro si los perros lo hubieran dejado vivir. Miren a los Gremlins, por ejemplo. Todo el mundo quiere a Gizmo. Qué mono es, dicen, los españoles, y luego terminamos con un megacentro comercial en caos, y el problema, no nos mintamos, es que no mataron a Gizmo. A Gizmo había que matarlo, y guisarlo, y acompañarlo de yuca frita. Igual que había que matar a los Criters, que se reproducen como conejos, o a esos Aliens que tienen una habilidad única -sólo comparable a la de Jason Voorhees- para dejar su semilla al final de las películas -a veces incluso al final de los créditos, en un inesperado bonustrack-, cuando ya nadie da un mísero peso por ellos.

Y, bueno, de eso se trata The Host; de un monstruo. Resumiendo, cantidades ingentes de formaldehido caducado son arrojadas al río Han, en Seul, y dos años más tarde, un día cualquiera de primavera, una bestia del tamaño de una camioneta bronco (el tamaño perfecto: no es un criter enano que muere pisado por carro, ni un Gozilla inabarcable que necesita una punto cincuenta emplazada en un avión, es algo que se puede destruir, con algo de suerte, entre tres), el aspecto de un periophthalmus gracilis y una habilidad acrobática que envidiaría Peter Parker, decide salir de cacería. Cosas de la genética. Atrás quedaron las épocas cuando el aspecto del monstruo era un misterio para el espectador. Eso ya no es necesario; esta película es revolucionaria en ese aspecto: A los diez minutos de iniciada tenemos tomas de cuerpo entero de esta mole semiacuática engulliendo cristianos desprevenidos con total desvergüenza, a plena luz del día y a toda carrera. Ahí está, ahí viene, corran, corran, y ¡zuc!, agarra a una colegiala con la cola prensil, salto mortal hacia atrás y zambullida en el río. Diez pleno. Una belleza. Impecable. Un poco después, el abuelo de la niña le dice a sus hijos que no descansará hasta matar a la bestia, abrirle la panza y sacar el cadaver de su nieta. ¡Esa es la actitud!, digo yo sentado en mi silla, pero alguien atrás pide silencio. Maldito aguafiestas.

Las películas de monstruos son cacerías. El monstruo se oculta y alguien lo sigue. Casi siempre ese alguien es el menos preparado para esa misión. La misión lo elige. Casi siempre, también, hay algún ejército inutil de por medio. Esa, por cierto, es una de las enseñanzas fundamentales de las películas de monstruos: Los militares no sirven para nada y sólo hacen que la cosa empeore. Las películas de monstruos, como la novela negra y la cocina italiana, constituyen un género con un código estricto. Hay cosas que deben ocurrir y restricciones que no se pueden violar. La idea es jugar con lo admisible. Hay un comic de Jhonen Vásquez que me encanta describiendo una película en la que el monstruo masca a un niño, sin comérselo, durante horas y horas. El niño grita y el monstruo lo masca, como si fuera un chicle, mientras lee un libro -La guerra y la paz, si no estoy mal- recostado contra una casa. Esa es una opción. La manera como The Host elige variar el molde es extraña y, yo diría desde mi ignorancia, muy asiática: Aunque las circunstancias que envuelven a los protagonistas son dolorosas y terribles, los personajes y las situaciones que generan son terriblemente graciosas en su patetismo. Faltó poco para que en algún momento todos cantaran. Se siente uno un poco raro ahí, riendos a carcajadas, mientras ellos intentan inutilmente rescatar a la niña. Un poco como en las bizarras películas cómicas de Kitano. Yo no sé bien cómo lo hacen, pero les sale muy bien. La película es divertidísima y el monstruo me encanta. Me reconcilió con el género luego de las penosas secuelas de Species que vi por error el otro día. La añado de inmediato, y sin miramiento, a mi lista de favoritas.

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