Nombre: Llevados por el deseo
Categorías: Drama, Erótico
Director: Mike Nichols
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Miguel Gualdrón

Llevados por el deseo (2004)

Everything is a version of something else

 
Everything is a version of something else

 

Dejar de escribir. Todo lo que se busca ya está ahí, afuera, escrito sobre alguna pared, simplemente esperando para ser leído 4 años después. La historia puede remontarse muchos años atrás o simplemente haber sido escrita hace algunos minutos, no importa. Y sin embargo, la historia de cada persona prefiere ser contada desde afuera, reflejada en uno de los cientos de espejos de las escaleras en al entrada, de segunda o tercera mano, el reflejo de un reflejo de un reflejo... Prefiere, siempre, estar escrita por alguien más, soñada, talvez, vigilada por una cámara oculta en el techo.

Closer es una película perturbadoramente simple acerca de cuatro extraños que tratan de conocerse unos a otros sin éxito. Sus trágicas relaciones, toda su tristeza, parecen pasar intermitentes frente a una cámara fotográfica, una de esas Pinhole, de tal manera que podemos ver tan sólo largas exposiciones con mucho tiempo entre una y otra, imágenes deformadas de una verdad que desde el principio dudamos que exista, la vida real de una desnudista, un novelista fracasado, una fotógrafa y un dermatólogo. La versión que sus diálogos cuentan, sin embargo, parece extenderse incluso a esos momentos en los que la cámara está cerrada y el fotógrafo pone un nuevo rollo, un set de polaroid; de nuevo, no se sabe si quiera si se puede creer en ello. El pelo crece, sí, y cambia de color, los rostros cambian y envejecen, entristecen como si cada vez esperaran menos del papel que les ha tocado representar, de su relación con los demás, del reflejo con el que se habla de su vida. Aún así, no hay nada que nos autorice a creer que sigan existiendo mientras no se exponen sus imágenes ante una película sensible; entre tanto podrían devolverse a Nueva York, escribir otro libro o cerrar sus ojos cafés ante el azul intenso de un acuario. En tanto versiones, existen tan sólo como acaecimientos de algo más en el momento en el que son representados, cuando el espectador (el guardia de seguridad, el empleado del hotel, el asistente a al exposición, yo) cierra los ojos podrían incluso deja de existir, no podríamos impedirlo.

Yo, por mi parte, no lo haré. Seguiré, fascinado, creyendo en esta versión, considerándola tan verdadera como cualquier otra, abriendo y cerrando la cámara justo cuando el director me lo diga, asistiendo a su exposición, intermitente. La verdad, que seguramente está allá afuera, me importa tan poco como el engaño, tan poco como su verdadero nombre o el color real de su pelo, tan poco como todo lo que ocurrió mientras las enormes puertas de vidrio estuvieron cerradas entre los dos.

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