Nombre: Shortbus
Categorías: Drama, Comedia, Erótico, Basado en hechos reales, Comedia romántica, Romance, Comedia dramática
Director: John Cameron Mitchell
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *

Shortbus (2007)

El sexo sincero.

Cero: Bogotá

Como todos los días, miro el reloj y constato que falta un minuto. Me asomo a la ventana, cuento hasta treinta y veo la ciudad -al mundo- desaparecer a mis pies. 

Uno: Patrick y Alberto

Patrick y Alberto se quieren. Patrick es arquitecto y Alberto es chef. Se conocieron en un chat donde usaban otros nombres. Se encontraron en alguna estación de metro convenida de antemano y se fueron juntos a comer pizza y luego a tirar a un sauna, porque para eso era el chat. Un día, después de varios meses de encuentros eventuales, se confesaron los nombres y se fueron a vivir a un piso juntos. Llevan dos años ahí.

Dos: Madame Crystal

Tengo una amiga que es dominatrix. Su nom de guerre es Madame Crystal, y lo primero que le dice a sus clientes cuando los conoce es que ella será quien ellos deseen (una enfermera, una profesora, una asesina, una verduga) y hará de todo salvo brown/golden showers porque le parecen repugnantes.

Una vez, conversando en su casa, me contó sobre su cliente favorito. Era un abogado, un tipo exitoso, con plata; estaba casado y tenía dos hijos. Este le escribía cartas luego de cada sesión. Eran cartas fantasiosas donde desarrollaba las historias que simulaban durante el juego, a las que seguían listas interminables de las cosas a las que le gustaría ser sometido y las que no. Luego las cartas se volvían confesionales y le hablaba de sus problemas personales. Algunos dejados atrás y otros todavía presentes. Él se los contaba para que ella supiera con quién estaba jugando, pero nunca hablaba de eso durante sus visitas. Durante ellas, como estaba pactado, se dejaba controlar.

A Madame Crystal le gusta hablar sobre sexo. Es su tema favorito. Una noche, luego de contarme un connato de orgía que había ocurrido en su apartamento durante el cumpleaños de su hermana, me preguntó que si yo gritaba, y yo le dije que no y le pregunté si acaso ella lo hacía, y ella sonrió con picardía y me dijo que eso lo tendría que comprobar por mí mismo. Otra noche, borrachos en una fiesta, me dijo que tenía miedo de que los hombres la abandonaran.

Madame Crystal cumple años el día de San Valentín, y ese es un secreto que guarda celosamente. Le da vergüenza. 

Tres: Pedro Guillermo

Durante el día, Pedro Guillermo es teleoperador de una linea informativa. Por la noche, es el encargado de la puerta de un bar gay para personas mayores, de cincuenta o más. No es el bouncer, sino el encargado de la puerta. Es la primera linea de defensa. Mide edades e intenciones a ojo.

A mí no me parece atractivo. Es alguien ahí, normal, pero según me cuenta Mauricio, que lo conoce bien, tiene mucho éxito con los escandinavos y los alemanes, aunque yo todavía no entiendo por qué.

Hace unos días, Mauricio y yo nos encontramos con Pedro Guillermo para comer, pero antes de llegar al restaurante Pedro recibió una llamada al celular que no alcanzó a contestar y, como no tenía minutos, salió corriendo a un locutorio para responderla. Mauricio me contó que Pedro programa regularmente giras por Alemania y Noruega para visitar a sus novios. Ellos pagan todo. Ese debe ser uno de sus amantes, me dice. Cuando nos asomamos a la cabina para avisarle que vamos a otro restaurante, Pedro está sentado feliz, hablando. Nos mira a través del vidrio y nos dice, con el remanente de una voz dulce, que se va a demorar un poco. Lo esperamos.

A Roberto, el novio de Mauricio, Pedro le parece un tipo aburridísimo. A mí me parece un buen ser.

Cuatro: Suicide Girls

Estamos en un bar y cuatro alterno-gogo-girls se disputan el centro del escenario mientras se despojan poco a poco de su ropa al ritmo de mala música tecno. De alguna parte sacan botes de hershey's líquido y se bañan en eso, y luego se decoran mutuamente con crema de repostería. De vez en cuando se lamen, se acarician y se dan besos. Cuando las cuatro quedan en tanga, un fratboy borracho se sube al escenario de repente y se avalanza sobre una de ellas, pero no tiene éxito porque un grandulón de seguridad lo agarra en el aire y lo desaparece detrás de la cabina. La música continúa, y el baile también, pero nos aburrimos rápido de todo eso y nos vamos.

Cinco: Luis y Elvira

Luis y Elvira no funcionan, pero nunca lo reconocerían.

Seis: La feria del porno

I was there

Caminamos por la feria con Roberto. Roberto está escandalizado por la baja calidad de la erección española, y encantado con una actriz y empresaria porno que acaba de entrevistar. Yo tomo fotos. Le tomo fotos a las desnudistas. Le tomo fotos a las estrellas porno, que sonríen y son dulces y abrazan fácil, con cariño. Le tomo fotos a gente tomándose fotos con las estrellas porno. Le tomo fotos a estantes llenos de películas. Escribo en una libreta los títulos. Me encantan los títulos. Le tomo fotos a un espectáculo S&M sin mayor gracia. Le tomo fotos a una actriz porno/pintora nudista que dibuja potenciales ilustraciones de malos libros de literatura fantástica. Le tomo fotos a un show de sexo en vivo donde una pobre mujer lucha contra el peso de sus tetas sobredimensionadas para mantenerse en pie mientras le restriega el culo en la cara a un tipo. Le tomo fotos a una pareja de viejitas que miran el stand de un gigantesco sex shop con cuidadoso interés, como si buscaran algo específico.

Some good old live-light-bonding

Tomo fotos.  

"Pintora" desnuda.

A la salida de la feria, mientras se fuma un cigarrillo, Roberto me dice que, apenas la estrenen, tenemos que ver Shortbus.

Siete: Shortbus

De camino al teatro, vimos en una tienda una camiseta con un letrero que dice Durex: Connecting people. Fue una visión profética. Luego, en la película, Justin Bond le dijo a la protagonista, frente a una gran escena de sexo grupal, que en Shortbus todos estamos conectados. Hay una conversación larga sobre los vínculos que genera el sexo, sobre las maneras como el sexo tiene las riendas del mundo. Justin dice que Shortbus es como en los sesenta, pero sin la esperanza. Y la conversación se extiende y gana otras voces, y escuchamos personas frustradas y personas felices, y vemos orgasmos. Jamie y James se abrazan, un hombre viejo se arrepiente, un muchacho se confiesa, Bitch dice que su nombre es Bitch, y un sumiso le pregunta a su dominadora si -en la vida real- prefiere abajo o arriba, y ella le dice que esto es la vida real mientras le toma una foto con su polaroid al crater de ground zero. Luego la cámara se eleva y sobrevuela una colorida Nueva York de cartón para llevarnos a algún otro lugar, para mostrarnos algún otro momento. Al final, todos cantan.