Nombre: Daratt
Categorías: Drama
Director: Mahamat-Saleh Haroun
País: Chad
Año: 2006

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Pedro Felipe * * * *

Daratt (2006)

Tengo un prejuicio contra las películas hechas en países que carecen de una tradición y de una industria cinematográfica sólidas. Es un defecto que me ha hecho perderme varias maravillas, pero que también me ha evitado conocer en detalle los gestos de los jugadores de ajedrez, por ejemplo. Muy interesantes, no lo niego, pero no es para sacar ese tipo de enseñazas que voy a cine. La vida es corta.

Daratt podría ser una excelente candidata para caer en la odiosa categoría de la que he hablado, pero sucede que se trata de un excelente contraejemplo. Que una película filmada en el "Corazón negro de África" -ese es el alias de Chad- no sólo sea una obra técnicamente madura, sino también todo un logro artístico, roza lo milagroso. Algo así como si de golpe una película colombiana es la ganadora indiscutida en los premios Óscar. (Daratt recibió el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Venecia).

La historia es simple, y también podría ser colombiana. En una aldea alejada, un adolescente y su abuelo escuchan en las noticias que el gobierno ha decretado una amnistía general en aras de acabar con un conflicto de décadas. Su reacción es inmediata: el muchacho irá a buscar al asesino de su padre para matarlo, y el viejo lo esperará en el desierto. Encontrarlo es sencillo, pero no apretar el gatillo; no por falta de ganas ni de oportunidades, sino debido a que a medida que el muchacho se acerca a su víctima afloran toda una serie de cuestiones que no estaban en el programa. El anciano pero fornido panadero al que debe asesinar nunca niega sus crímenes, ni su violencia, y ni siquiera oculta que guarda un arsenal en su casa. Sin embargo, es un hombre visiblemente descontento por lo que ha hecho, a quien la guerra le ha dejado una minusvalía, y que ofrece lo que tanto le falta al muchacho que ha venido a matarlo: un padre. En todo caso ni un instante la idea de la venganza deja de obsesionar a Atim (que significa "el huérfano"), y si mata y/o perdona al panadero sólo nos es revelado mediante un ingenioso recurso de los desesperados; una manera joyceana de abordar la venganza, o la justicia.

Claro que hay elementos que no me gustaron, como que el panadero regale todos los días pan a los niños pobres, o el período en el que el muchacho se dedica a robar y a revender lámparas con un desconocido que lo ha salvado de una paliza. Pero la narración está lejos de caer en los lugares comunes, de pretender mostrarnos cómo son de excéntricos los chadianos (cfr. Perder es cuestión de método), o de presentarnos personajes unívocos. Las actuaciones no profesionales me parecieron sobresalientes, y pienso que es un verdadero acierto el curioso tubo que el panadero tiene que colocar en su garganta para poder hablar gangoso. (No puedo dejar de pensar que se trata de una alusión a Darth Vader, y la referencia dignifica ¿no?).

Esta excelente película chadiana (los franceses y los belgas pusieron el dinero y algunos equipos) se la debemos al saber hacer de Mahamat Saleh Haroun, autor de tres largometrajes y de varios cortos, y a su sutil y muy simbólica contemplación crítica de su país destrozado.

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