Nombre: Más extraño que la ficción
Categorías: Drama, Comedia, Fantasía, Romance, Comedia dramática
Director: Marc Forster
País: Estados Unidos
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Alejandro Martin Maldonado * * * ½
Mauricio Reina * * * ½

Más extraño que la ficción (2006)

Algunas preguntas metafísicas muy personales

La película me conmovió y me puso a pensar a toda máquina mientras la veía, al final noté incluso un par de lágrimas de emoción. Y luego, ya enfrentado al computador, me exige escribir sobre ella y me la pone difícil. Al mirarla con el espejo retrovisor no dejo de encontrarle muchos problemas, pero no sé bien cómo tratar con ellos porque ante todo me queda la sensación de una experiencia muy bonita y muy fuerte. El primer problema, que quizás en realidad no lo es, es que la película se encasilla a sí misma demasiado ingenuamente en el género de películas "meta" (autoreferentes). De entrada, al caer en el cliché fácil de darle a los personajes nombres "simbólicos" como Pascal y Hilbert o, incluso peor, Eiffel y Crick (para al escritora y el protagonista, les dejo a ustedes adivinar los motivos). Sin embargo lo que le da un carácter especial a esta película es la forma cómo, a pesar de lo artificiosas que pueden resultar este tipo de tramas, los personajes consiguen estar vivos, y sobre todo, todos los elementos “ingeniosos” estan siempre al servicio de una historia que al final es, por encima de todo, una de las mejores comedias románticas en mucho rato.  

¿Qué pasaría si un personaje se da cuenta que lo es e intenta enfrentar a su autor?

La película consigue plantear muy bien algunas de las preguntas más básicas que afectan toda ficción; en particular acerca de la relación que allí se establece entre el creador y sus personajes. Sobre este tema hemos venido mucho conversando con Ricardo. Él se leyó en vacaciones el último libro de su querido Auster, y en él sus personajes vuelven a visitarlo para reclamarle por las vidas tan duras que les dio. Ricardo aprovechó esta idea para armar su reseña de Babel, preguntándose por la crueldad que muestran Arriaga y Gonzalez-Iñarritu con los personajes de sus películas. En sí, ¿es algo que está mal? La pregunta que me interesa a mí aquí es la de ver qué visión del mundo y de las persona me está dando un autor al contarme un relato así, de esta manera. Y qué claves me da para interpretar (y asumir) mi propia vida.

¿Si mi vida fuera un relato qué tipo de relato sería? 

Harold Crick, el protagonista, en búsqueda de su autora, recurre a la ayuda de Jules Hilbert, un Dustin Hoffman que aquí como profesor de literatura replica su papel de "detective existencial" de Huckabees. Y se organiza el desarrollo de la trama según el esquema de película policíaca, sólo que aquí las pistas se leen todas desde la perspectiva del análisis literario. Y vemos cómo la vida y las ficciones son leídas con las mismas claves, y el (psico)analista resulta ser no más que un lector muy juicioso de todo lo que le sucede al personaje.

La primera estrategia que propone el profesor Hilbert para resolver el misterio, consiste en buscar reducir la baraja de los posibles autores buscando identificar primero el género de la historia que está viviendo el protagonista: tragedia o comedia.  Woody Allen ya dedicó una película, Melinda y Melinda (protagonizada por el mismo Will Ferrel), a esta misma cuestión de preguntarse cuándo una historia es trágica o cómica, pero allí la premisa parecía ahogar la trama y todo lucía demasiado artificial. Aquí la ventaja está en que, aunque sea de manera muy sencilla, siempre se aprovechan todos estos recursos para hacer avanzar la historia de amor, y consiguen distraernos de manera que no seamos demasiado exigentes con las respuestas a estas “grandes” preguntas.

¿Cómo es posible que una mujer tan hermosa como usted se enamore de un tipo tan simple como yo?

De entrada, resulta imposible creer que ese tipo torpe y vulgar pueda ser novio de esa mujer tan hermosa y brillante. Pero los dos logran convencernos de que allí hay algo entre los dos, que a pesar de parecer absurda, lo que allí sucede es una historia de amor. No resulta difícil enamorarse de Ana Pascal (Maggie Gylenhaal). Yo perdí toda distancia posible desde esa primera secuencia, cuando aparece Maggie amasando el pan con esos brazos tatuados y con esa camisetica sin brassieres. Al igual que a Harold, ella me ha podido preguntar con esa desverguenza suya tan hermosa y que los personajes de cine parecían haber perdido hace mucho tiempo: "¿Por qué me miras las tetas?". Y Maggie, ahora la actriz, es tan genial que consigue convencernos de que está enamorada de ese contador tan atrapado dentro de sí mismo. También toca darle el crédito a Ferrel, pues él es capaz de mantener siempre todas las expresiones a la raya y de hacernos ver todas sus emociones siempre con gestos mínimos. Su heroísmo lo convierte en héroe y sus batallas se vuelven las mías.

¿Cómo escapar al guión?

Todo tipo de cosas absurdas se me pasaron por la cabeza mientras veía la película, me metí en la mía propia y me propuse enfrentar a mi autora. Sin embargo, según vendría a saberlo poco después, parece que en esta trama que me tocó vivir a mí, al igual quizás que en todas las ficciones, el protagonista puede en realidad hacer muy poco para cambiar el curso de las acciones (sobre todo de las reacciones). Lo bonito de las comedias románticas como estas, en las que uno se enamora, es que siempre consiguen convencerme de que eso no siempre tiene que ser así.

 

 

 

 

***

¿Cómo juzgar una película? 

A la hora de poner las benditas estrellitas me veo como acorralado frente a un muro. No sé qué habría hecho un director más exigente, o más visual, con ese guión. Las aparentemente ingeniosas animaciones que usan comienzo nunca logran integrarse a una puesta en escena visual de resto resulta más bien convencional. Es difícil entender en que estaban pensando la noche que decidieron contratar a Queen Latifah para un personaje completamente innecesario. Pero hay que reconocer que Marc Forster es un muy buen director de actores, y que consigue darles da la libertad necesaria para que ellos se inventen unos personajes con mucho brillo. Esta no es para nada una película como las de Kauffman en la que la premisa ingeniosa se lleva al límite. Muchos de los retos planteados por esa salida “genial” se resuelven de una manera muy simple: la respuesta de qué es lo que la hace trágica o cómica, el “maravilloso” final de la novela, nunca el “gran relato” se ve alterado al verse a sí mismo como auto-contenido. Pero no importa, porque siempre eso está al servicio de otra cosa, y esa otra cosa funciona por la magia de los actores.  

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