Nombre: 13 Tzameti
Categorías: Terror, Suspenso, Política
Director: Géla Babluani
País: Francia
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno

13 Tzameti (2007)

De prisioneros y bombillas.

No more talking. No more guessing. Don't even think about nothing that's not right in front of you. That's the real challenge. You've gotta save yourselves from yourselves. -- Cube

Es otro de esos juego con prisioneros y bombillas. Hay una fijación ahí, eso no puede ser normal. ¿Por qué hay tantos acertijos con potenciales consecuencias trágicas que involucran prisioneros y bombillas? También hay puertas a veces, y un carcelero-verdugo invisible. En ocasiones, para aumentar la diversión, también incluyen condenas infinitas, o prisioneros interminables, o corredores sin fin, o un jugoso premio en dólares. El sadismo —ya lo sabemos— no conoce límites.

Como ese de los N prisioneros encerrados en Guantánamo, ¿lo han escuchado?. Cada día, en un orden arbitrario que puede incluir repeticiones, uno de los prisioneros es liberado y llevado amordazado y vendado hasta una sala en una de cuyas paredes hay dos botones. El primero permite encender o apagar una luz estroboscópica que flashea la sala, y el segundo sirve para comunicarle al carcelero —un gimp estilo Pulp Fiction— que todos los prisioneros ya pasaron al menos una vez por ahí. Si el prisionero oprime el segundo botón y está en lo correcto, todos son liberados, no hard feelings; de lo contrario, todos son ahogados en ácido sulfúrico infestado de pirañas con escamas de adamantium que las hace inmunes al tal ácido. Antes de iniciar su condena, para que no digan que todo es crueeldad, los prisioneros tienen un día de gracia para discutir su estrategia en cuanto a la encendida o apagada de la bombilla —su única manera de comunicarse una vez adentro—. El problema es encontrar la estrategia óptima para salir.

A mí lo que me saca de quicio de esos juegos es su apasionada tendencia a involucrar vidas humanas en sus planteamientos. Supongo que pretenden sugerir gravedad, o inminencia de peligro. Y tienen razón en que así sea, porque si en lugar de personas hubiera, digamos, patos, todo el mundo dejaría así al cabo de cinco minutos. Algunos, incluso, consideraríamos la opción de comer pato a la naranja ese día en algún restaurante chino. Con las personas, por otro lado, no se puede hacer eso. Esas están ahí, de brazos cruzados, zapateando, esperando una respuesta. Uno se las imagina y de inmediato existen, y la ansiedad viene con ellas. Solidaridad platónica de especie, debe ser. A veces, para atenuar la sensación de culpa, la presión, me imagino todo en blanco y negro, y algo ayuda. De todos modos, cada segundo perdido es un día más en esas iron maiden hipotéticas, al acecho de las pirañas corrosivas y hambrientas, padeciendo fríjoles mal cocidos, yogurt aguado al desayuno y el terrible sentido del humor del carcelero. Además, esos sitios, está comprobado científicamente, favorecen el desarrollo de adicciones, depresiones y tendencias psicóticas. Para colmo, recuerde que los tipos son —en su mayoría— inocentes. Póngale: alguno de ellos podría ser su primo. Y hablando de su primo, ¿usted sabe dónde está su primo en este momento?

Tzameti

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