Nombre: Apocalypto
Categorías: Drama, Acción, Aventura, Romance, Guerra, Road movie, Histórica
Director: Mel Gibson
País: Estados Unidos
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *
Mauricio Reina * * * ½

Apocalypto (2006)

¿Y qué importa si no es maya?

Mónica dice que Apocalypto no es maya sino azteca. Azteca hablada en maya yucatec. O no, porque luego miramos en internet y en las paredes había inscripciones mayas variadas. Y nos queda la duda de si los sacrificados de azul eran mayas o aztecas, o eran los indios que salián en Tintín y el Templo del Sol. Y también está el asunto de las pirámides, y de las costumbres de la gente, y de si un tapir puede terminar en Guatemala (parece que sí), y también está ese problema con las traducciones. Todo lo que se pierde y eso: los juegos de palabras, las sutilezas de los códigos. Uno no siente, por ejemplo, la cordialidad característica del maya. Ni se da cuenta que no tienen palabra para decir "Sí". Uno no sabe si confiar o no. Lo mismo pasa en las películas en japonés, aunque en esas, con la práctica, uno aprende a descubrir cuándo lo están engañando. Lo malo de esta es que probablemente sea la única que veamos en ese idioma, así que tenemos que confiar en la buena fe del subtitulador.

Una vez superado (?) el lío de si es maya o no, entra en juego la problemática política. ¿Qué quería decirnos Mel (¿Le puedo decir Mel?)? ¿De qué hablaba? ¿Cuál era el simbolismo? Mi amigo Sonat, un hombre sabio, diría que eso es lo de menos. La intencionalidad del autor, dice él, es irrelevante, y luego, cual señor Miyagi, añade que lo importante, Daniel San, es lo que tú encuentres dentro de ella luego de limpiarla cuidadosamente. Pero digamos que Sonat no tiene razón. Digamos que lo que quiera decirnos Mel es importante. Lo bueno de Mel es que él no se viene con sutilezas. Eso lo aprende uno a la segunda Lethal Weapon y lo confirma del todo en la tercera (que es, por cierto, una de las películas más progresistas de los años ochenta. La primera, al menos, en la que los malos eran unos surafricanos blancos racistas). Mel nos suelta una cita docta al principio que dice, más o menos, que una civlización se tiene que caer por dentro antes de que la caigan, y uno se mentaliza en la frase, y pronto le presentan -¡voila!- una civilización decadente de niños gorditos y gente comiendo papaya a lo que dan las manos, enloquecidos por el dinero y probablemente el sexo, aunque mucho sexo explícito no hay. Ahí tiene su civilización enloquecida, y ahí tiene a los líderes manipuladores aprovechando sus conocimientos de astronomía para tramar al pueblo raso, y ahí tiene a unos tipos descabezados para garantizar que el imperio prospere. Todo está ahí. Mel no es sutil, ya se los dije. Pero luego Mel se aburre de todo el tono político y se pone manos a la obra y ahí es donde, en mi opinión, empieza lo mejor de Apocalypto.

Pero bueno, quién quiere hablar de política por estos días. Volvamos a empezar, olvidémonos de eso. Pensemos que, más bien, Apocalypto es una película de acción. ¿No es más justo? Mel no es un tipo de dramas o comedias románticas (aunque haya hecho cosas de esas), Mel es Mad Max, Mel es Braveheart, Mel es el del discurso con el hacha en la mano que insta a los guerreros a luchar por su libertad y le saca lágrimas a los espectadores emocionados que también quisieran estar ahí y dar su vida por lo que quiera que esté luchando el melenudo ese. Qué convincente es, ¿no? Y, como sea, Mel también es el loco Riggs y su providencial hombro dislocado. En resumen: pura acción. Y así es como hay que ver Apocalypto. Si uno se pone a verla como si fuera una película profunda, se va a aburrir. Si uno quiere saber sobre los mayas o convencerse de la necesidad de protestar contra George Bush uno no va a ver una película dirigida por Mel Gibson, por Dios (para eso están National Geographic y Noam Chomsky). Uno a una película de Mel tiene que ir sediento de sangre, de persecuciones, de malos malos y buenos buenos y un poco de épica salvaje.

Ya situados en esta perspectiva, liberados del filtro de la corrección política, la película funciona. En la introducción conocemos a un pueblo que vive en el bosque, aprendemos a quererlos, y luego -tengan en mente Duro de Matar, por favor- los pacíficos cazadores son capturados por una jauría de bestias que bien podrían ser parte de las tropas de Saruman, los cuales, tras un viaje de un par de días, los llevan a una ciudad piramidada e imponente cuya población parece compuesta por los mismos extras de Mad Max III: Beyond Thunderdome. Hasta enano hay. Sólo falta Tina Turner.

(Paréntesis: Este es un buen momento para exponer mi teoría de que todas las películas dirigidas por Mel Gibson son, en realidad, homenajes a Mad Max. Piénsenlo: Los guerreros rústicos, la sangre, la preferencia por esas hachas que no cortan sino que trituran, las sociedades enloquecidas que aplauden cuando le zampan setenta latigazos a un pobre desgraciado que se cree hijo de Dios. Detrás de todo eso está el guerrero de la carretera postapocalíptico sediento de gasolina. Mel no ha podido liberarse. Creo que le vendría bien hacer una secuela final de última tecnología. Yo, por lo menos, la apreciaría mucho. Ojalá, si es posible, antes de que se acabe el petroleo y nos toque vivirla en carne propia, cual reality.)

Enano había, les decía, y aquí en la casa tenemos la discusión de si los mayas dejarían vivir a enanos como esos (con manos y piernas subdesarrolladas) o si los matarían al nacer, pero eso es lo de menos porque, ya lo habíamos decidido, no importa si son mayas o aztecas o x-ecas, así que nos olvidamos del enano y precenciamos unos cuantos sacrificios que serán prontamente detenidos por un eclipse, y entonces los prisioneros restantes, entre los cuales está nuestro protagonista -quien por ahora sólo ha demostrado infinitas capacidades para la imprudencia con consecuencias mortales-, procederán a ser desechados por medio de un juego sangriento estilo corre-que-te-alcanzo, pero durante el juego pasa algo malo para algunos y bueno para otro y empieza, les dije que la tuvieran en mente, una persecución tipo Duro de Matar en bosque centroamericano denso con cascada de por medio, arenas movedizas y demas lujos tropicales. Y eso sí que es bueno, ahí se ve la maestría de Mel en todo su esplendor: Carrera constante, emociones diversas, enfrentamientos con culebra y jaguar, dardos ninjas, etc. ¿Y todo para qué? Claro, se me había olvidado, todo para que el protagonista pueda rescatar a su mujer embarazada a punto de parir y a su hijo -ya parido- (alias Paso de Tortuga), que están entre un pozo seco desde hace tres días esperando por su regreso y clamando por comida. ¿Los logrará salvar? ¡Claro que sí! Pero le costará.

Eso es Apocalypto. Eso y sangre, mucha sangre. Mel no le tiene miedo a la sangre. Hachazo va, nube de sangre en cámara lenta. Hachazo viene, chorro de sangre estilo película de samurais. Buena acción. Acción hiper(sub)realista de alto impacto. El protagonista, como quiera que se llame, termina peor que Bruce Willis luego de saltar del avión, lo que ya es mucho decir. Y uno tambien queda un poco trastornado por semejante cantidad de violencia tan salvaje, pero la violencia cinematográfica a veces viene bien. No sé ustedes, pero hay días que yo necesito cosas así: acción corrida, peleas sin timidez, carreras por la selva, tigre, león, pantera. Eso hace falta. Por suerte, para esos días, a partir de ahora, tenemos Apocalypto, y con ella, o con una repetición de Braveheart o Chicken Run, podemos paliar nuesta ansia de acción melgibsoniana hasta que -Dios me oiga- dirija Mad Max IV, y entonces podamos, por fin, ir en paz.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.