Nombre: My Architect
Categorías: Documental
Director: Hany Abu-Assad
Año: 2003

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Alejandro Martin Maldonado * * * ½

My Architect (2003)

La obra de una vida

Es la película en la que Nathaniel, el hijo "natural" de Louis Kahn, busca armarse una imagen su padre, uno de los arquitectos fundamentales del siglo XX, quien murió anónimo veinte años antes en el baño de la estación de tren de Filadelfia, su ciudad, y tardó 3 días en ser identificado.

Nathaniel lleva a cabo su búsqueda entrevistando a los que mejor lo conocieron y visitando los edificios que dejó su padre. Y aunque a ratos es enervante la voluntad del narrador de llevar a sus entrevistados al límite de las lágrimas, la película muy pronto va envolviendo al espectador conviéndose así en una experiencia mágica que termina casi místicamente cuando un arquitecto local describe con una emoción absolutamente conmovedora la obra maestra de Kahn: el congreso nacional de Bangladesh. Si el travelling que por encima del agua nos lleva al edificio todavía no nos han convencido de su grandeza, las palabras del arquitecto local, que relatan el orgullo y el significado social (y espiritual) del edificio, no nos dejarán dudas.

Toda la película gira alrededor de la tensión del genio que pone su obra por encima de todo. Kahn no sólo dejo prácticamente solas a sus dos amantes con las que tuvo hijos (y que después nunca se casaron y parecieron seguir siempre amando al arquitecto), sino que su familia oficial tuvo que soportar que él no conciera la diferencia entre el día y la noche cuando trabajaba. Un colaborador de su firma cuenta cómo él finalmente tuvo que renunciar ante presiones de su propia casa. Pero Kahn fue siempre inflexible.

(Me acordé de una anécdota de Bergman que contaba Nykvist, su director de fotografía, en sus memorias. El relataba cómo cuando murió su madre tuvo que aguantar que el director lo insultara por pedirle faltar un par de días a la filmación. El productor de la película luego obligó a Bergman a pedirle disculpas a Nykvist, y lo hizo a regañadientes, no sin aclararle al final que: "ellos en realidad no importaban para nada, lo importante era la obra.")

A ratos la fotografía raya en un preciosimo manierista, pero los movimientos de cámara logran trasmitirnos algo de la grandeza de la arquitectura que a las fotos inevitablemente se les escapa. Esa profunda afinidad entre cine y arquitectura es explorada meticulosamente por el hijo que, en un espacio y otro, ante los muros y ante las entradas de luz, busca incansablemente el espíritu de su padre. Si bien su propio protagonismo y la forma de conducir a los entrevistados puede resultar molesto, de todas maneras le da a la película el tono de una búsqueda realmente personal y es quizás esto lo que queda por encima de todo.

 

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