Nombre: Al final del espectro
Categorías: Terror, Suspenso
Director: Juan Felipe Orozco
Año: 2006

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Andres Borda Gonzalez * * *

Al final del espectro (2006)

Para hablar de Al final del espectro todos los que la han visto han acudido a películas como El aro y Aguas oscuras para explicarla; yo vi, en cambio (advirtiendo antes que, en mi caso, cualquier intento de objetividad estaba entorpecido por el hecho de tratarse, primero, de una película colombiana y, segundo, por ser de terror), la influencia de las primeras obras de Polanski en casi todos los elementos de esta sólida historia de género, la primera dirigida por Juan Felipe Orozco y producida por la compañía que él y su hermano montaron hace no mucho, Palo alto Films, y que parece tener la intención, por primera vez después de muchos años, de tomarse en serio las películas de género en Colombia.

Y es que es admirable, en verdad, que una empresa de nuestro país haya sido capaz de sacar una película como esta que, con todas las fallas y los descaches de los que adolece, sigue siendo rescatable dentro del penoso repertorio de obras del cine de terror que han pasado por la cartelera en este año. Uno no puede sino pensar en Roger Corman y sus producciones de los cincuenta y los sesenta cuando oye la historia de estos hermanos dispuestos a inventarse un guión de terror partiendo de la necesidad de hacer una película, cualquier película, con un bajo presupuesto; y que, además, no sólo hayan conseguido sacar adelante el proyecto hasta terminarlo, sino que el resultado sea pulcro, sólido, miedoso, atmosférico. El personaje protagónico, Vega (a cargo de Noëlle Schonwald), una mujer a punto de  enloquecerse que termina atrapada en un edificio cuyos habitantes fácilmente pueden terminar devorándose lo que queda de su identidad y su sanidad consigue ser, en sus mejores momentos, tan ambiguo y fascinante como los mejores de Polanski (piensen en películas como El bebé de Rosemary o El inquilino); y el reto técnico y narrativo (impuesto, repitámoslo, por cuestiones económicas) de hacer una película prácticamente en un único espacio es sacado adelante con la suficiente habilidad para hacernos creer que esta no es la ópera prima de Orozco.

Hay, claro, muchas fallas: podría haber funcionado mejor un final más ambiguo, hay secuencias demasiado largas, y algunas líneas de diálogo no encajan o no suenan naturales. Pero todos estos errores son tics que la práctica del oficio corregirá; y es por esto, por la vocación de sus creadores a aprender antes que a hacer una obra maestra, que las mejores secuencias -las que nos dejan mudos, sorprendidos, fascinados- nos dejan con la tranquila certeza de que, también en Colombia, se pueden hacer películas emocionantes, de género.

 

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