Nombre: La sonrisa de Monalisa
Categorías: Drama, Histórica, Familiar, De época
Director: Mike Newell
País: Estados Unidos
Año: 2003

Otras reseñas para esta película

Alejandro Martin Maldonado * *

La sonrisa de Monalisa (2003)

Feminismos

Andrés Borda escribió en su reseña para ochoymedio que esta película: "probablemente ni siquiera a las feministas les guste esta película, el público al que sin ninguna duda estaba dirigida esta película". Y justamente quedé yo pensando en las "feministas" cuando se terminó la película y en el uso que ahora suele dársele a ese término. Estamos en tiempos extraños, o simplemente en tiempos de cambio, de vuelta de la ola. Ahora, por lo general, sobre todo entre los menores de 30 años parece usarse el término "feminista" de modo despectivo. Pero no como se usó hace un tiempo, cuando era para menospreciar a quienes estaban cuestionando un orden instituido, sino para ridiculizar una posición que parecería estar superada. Se dice que ser feminista es ridículo.

Discutiendo con María de Rosario ella me decía que no era en sí ridículo, sino el hecho de llevarlo al extremo. Y si es verdad que muchas feministas han hecho todo lo posible para que se rían de ellas. Un discurso plano simplón y torpe, sobre todo de muchas que se llaman sus representantes, sobre todo en la academia, ha puesto el término, que yo sin duda quisiera rescatar, en una posición muy incómoda. Sin embargo, yo siento que existe una inmensa necesidad de feminismo, quizás más hoy que nunca, cuando muchos dicen considerarlo superado.

(La película es mala, sin embargo yo que soy fan de las películas adolescentes la disfruté e incluso me conmoví. Cuento demasiado de la película en la reseña, así que el que la lea que lo haga bajo su propia responsabilidad)

En la película, Julia Roberts llega a un colegio para señoritas, el mejor, con las mejores y más elegantes alumnas. Ella llega preparada para repetir el libro y se encuentra con que ella ya lo leyeron y más bien ha de ingeniarse algo para que pueda dictar clase sin que su autoestima sea destrozada por esas víboras tan adorables. Con el paso de las clases puede darse cuenta como estos cerebros tan delicadamente afilados lo han sido sólo con el fin de "quemar unos años" antes de que cumplan su papel prefigurado de adornar el hogar de su marido. Por supuesto, cuando Julia consigue ganarse algo del respeto de las jóvenes y descubre esta triste realidad, se escandaliza e intenta hacer lo posible por siquiera plantearle la duda a sus niñas sobre su futuro. Y lo interesante es que el reto es conseguirlo aprovechando la clase de historia del arte.

Hay un momento intenso en la película cuando ella las expone a imágenes de avisos publicitarios que ilustran el ama de casa perfecta (Una de las claves que se sugiere, pero por supuesto no se explota, es la de aprovechar la educación estética para "leer" distintas imágenes, en una clase en la que se cuestiona lo que se tiene prefigurado que es el arte). Pero después de esa secuencia la película decae de forma vergonzosa, se vuelve una telenovela mala donde Julia se enreda con un galán de quinta y el corazón de la trama, la clase de arte, deja de aparecer.

Quizás los guionistas no supieron resolver la tensión que se creaba. O les dio pereza. O no se dieron cuenta de lo que tenían entre manos. O pensaron que habría quedado menos taquillera. (Si bien las desastrosas críticas han espantado el público en todo el planeta). Pero lo interesante era ver como ella lograba tener este "combate" con sus alumnas al interior de sus clases de arte. El final ya subraya demasiado vergonzosamente el hecho de que no supieron como aprovechar este argumento.

Yo la ví, sobre todo, porque soy fanático de las actrices. Julia Roberts me gusta sin matarme (si bien en Everyone says I love you y en Ocean\\\'s Eleven sale espectacular). Pero ahora Julia Stiles y Christen Dunst son mis favoritas. Tristemente en la película no dan la talla. Julia Stiles aprovecha algo de su carisma y de su carácter, pero no la dejan lucirse. Su personaje ilustra una posición que siempre pone en cuestión mi feminismo. Es la alumna brillante, que sin embargo toma la decisión de poner por delante los roles clásicamente femeninos: ser esposa y madre. Para mí ha sido todo un aprendizaje reconocer que se trata de una posición válida y, en algunos casos, incluso más valiente y admirable que la de buscarse por otros caminos. Me ha costado chichones y dolores mucho más fuertes que dolores de cabeza. Sin embargo, sigue dejándome un sabor de boca agridulce.

Por un lado, me parece muy molesto darme cuenta la cantidad de mujeres que entran a la universidad simplemente a conseguir marido. No puedo evitarlo, es algo que siempre me molestará. Pero no es el caso de mis amigas. Ellas, y ahora estoy pensando sobre todo en las que estudiaron carreras como derecho, antropología, historia, filosofía, lo hicieron desde unos intereses muy personales y muy fuertes. Pero las tesis y el paso a la vida profesional ha sido tremendamente agresivo para ellas. De una agresividad que las ha lastimado mucho y que les ha cuestionado el querer continuar. Hay algo muy masculino en esa agresividad, el egoismo y el cinismo de la lucha académica.

Las mujeres tienen una conciencia de la vida, de su conexión orgánica con el mundo, que se manifiesta de manera tan latente en su forma de reconocer la necesidad que sienten de ser madres. Una actitud que se hace evidente en la naturalidad con la que proyectan y más adelante llevan esa relación tan fuerte con sus hijos. Esa manera de estar situadas en la tierra es tremendamente lejana al enajenamiento que por lo general implica la academia y sobre todo, el paradigma de la labor filosófica. Y es justamente esa forma de ver el mundo de las mujeres que me hace apretar los músculos cuando veo que las lleva a dejar de luchar y abandonar la academia. Porque yo creo, precisamente, que el mundo filosófico está urgido de esa manera de ver las cosas.

No es que yo idealice las mujeres y que piense que entonces nuestro pequeño infierno se convertirá en un paraíso. Hay todo tipo de mujeres. Y cuando se trata de ser venenosas y dominantes, no hay como ellas. Pero no dudo que sería un infierno mucho más interesante. Porque sí creo que el discurso másculino se queda muy corto. Y como tengo claro que las mujeres son muy diferentes. Y esto lo he aprendido de las feministas mas agudas que conozco (entre las que se encuentra, por supuesto, mi mamá). Pues me duele muy dentro ver como la academia que hemos creado los hombres aleja a las mujeres que yo creo que tienen mucho más que decir que nosotros.

Hay otro personaje, el de Christen Dunst, que se enfrenta a una encrucijada diferente. Ella desde siempre ha asumido el rol tradicional y no ha tenido la menor de las dudas. Sin embargo, el matrimonio le resulta un desastre y se encuentra con que la formación que tiene es lo único que puede rescatarla de una muerte en vida. Es un interesante quiebre ante la posibilidad que nos presentaba el presonaje de Julia Stiles. Una vida que se dedica completamente a los otros está expuesta a vaciarse de sentido cuando estos otros no están. Este es el tema de muchas de las películas de Douglas Sirk maestro en la reflexión acerca de lo femenino y que inspiró una de las mejores películas del año pasado: Far from Heaven. En All that Heaven Allows (1956) Jane Wyman, viuda y con unos hijos que dejan la casa, debe enfrentar el escarnio público por enamorarse del jardinero. La soledad a la que queda enfrentada queda magistralemente descrita con la toma en la que se la ve reflejada en la pantalla del televisor que su hijo le regala y le ofrece como única compañía posible*. En Far from Heaven Julianne Moore recompone de manera preciosa ese personaje, su soledad, su sinsalida. Christen Dunst parece inspirada por su actuación, pero no logra hacerle eco, y su personaje queda siempre plano, soso. Si bien hay una secuencia en que logra representar muy bien la histeria a la que es llevada (dejando ver sus dientes chuecos que tan bien le quedan).

Pero es el personaje que le desata esa furia el que salva la película. Maggie Gyllenhaal logra que no sintieramos que habíamos perdido el viaje. Nos seduce desde el principio y nos va conquistando con el paso del tiempo. Construye la única persona que vemos en en la película. Quizás por eso los demás personajes son tan buena excusa para escribir este texto, porque son simples esquemas. Maggie Gyllenhaal es una mujer hermosa. Coqueta, insegura, violenta, celosa, brillante, comprensiva, intensamente sexual, muy cariñosa. Y sobre todo sabia, muy sabia. Ve más allá. Ve dentro. Esas son las mujeres que yo amo. Y por un tiempo, al menos mientras duró la película, y quizás incluso ahora, quedé enamorado de la Gyllenhaal. 

 

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