Nombre: El espíritu de la pasión
Categorías: Drama, Erótico, Artes marciales
Director: Kim Ki-Duk
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * *

El espíritu de la pasión (2004)

Las casas vacías

Se estrenó en el país El espíritu de la pasión (Bin-jip, 2004), del  director y guionista coreano Kim Ki-duk, de quien viéramos previamente en el país Las estaciones de la vida (2003). El cine oriental continúa sorprendiéndonos por su originalidad y riesgo, dos palabras que han desaparecido ya de Hollywood, de ahí que recibamos con alborozo la llegada de esta película coreana situada en las antípodas del cine comercial convencional. El nombre con el que esta cinta se ha difundido en el mundo es Hierro 3, que hace referencia a un palo de golf,  pero en Colombia y en otros países se presenta como El espíritu de la pasión, título de una bochornosa obviedad que se hace aún mayor si consideramos que la traducción literal de su nombre coreano es, en realidad, Casas vacías. Sin importar como la llamemos, por fortuna el resultado va a ser el mismo: una película bellamente reflexiva, exigente, llena de preguntas y pocas respuestas.

En las películas de otro director asiático, el admirado Wong Kar-wai, hemos visto reiteradamente una situación curiosa: personajes que invaden temporalmente casas o negocios vacíos, bien sea para habitarlos, limpiarlos o utilizarlos para fines alternos. En El espíritu de la pasión se parte de la misma premisa básica: un joven de quien nada conocemos se las ingenia para entrar a viviendas temporalmente vacías, pasar allí un par de días y luego marcharse, no sin antes agradecer las involuntarias atenciones lavando la ropa o reparando algún objeto descompuesto de propiedad de los habitantes genuinos. En una de sus correrías entra a una casa que realmente no está deshabitada y encuentra una mujer que se hará su cómplice. La relación entre ambos se desarrolla por completo sin palabras, con una comunicación no verbal de perfecta armonía. Hay una necesidad enorme de compartir una soledad vital y un desasosiego tácitos a los que se venían acostumbrando, quizá con resignación y que ahora no quieren  tolerar. Sin embargo no es esta, como podría pensarse, la historia de un par de aventureros adictos al riesgo. La situación en la que viven los lleva a asumir las consecuencias de sus actos ilegales  y a partir de ahí ya la película no es la misma. El director la abre a múltiples interpretaciones, llevándola a un plano espiritual que es inútil explicar con palabras y que requiere ser visto y sentido  antes que descrito. En eso radica la fuerza de un largometraje que apela a sensaciones etéreas, casi oníricas, más allá de cualquier justificación que pudiéramos llamar racional.

Kim Ki-duk declaraba que las casas vacías que el protagonista encuentra son un símbolo del vacío que se aloja los rincones del corazón humano. Una visita a ese vacío quizá nos haga valorar mejor lo que tenemos, la luz que nos habita. Para la pareja de este filme esas casas fueron refugio y también promesa. No estarán ya solos. Ellos saben que su reino no es de este mundo y de ese modo nadie podrá separarlos. Nadie.  


Publicado en el periódico El Tiempo (30/11/06) pág. 1-14. ©Casa Editorial El Tiempo – Todos los derechos reservados.

 

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