Nombre: El graduado
Categorías: Drama
Director: Mike Nichols
Año: 1967

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Alejandro Martin Maldonado * * * *

El graduado (1967)

El graduado soy yo

Tal parece ser que volvieron los tiempos en que lo más interesante de mi vida sucede en las películas. Talvez incluso esta nueva actividad de reseñarlas me ha hecho verlas de otra manera y me ha dado el placer que siempre deseé de escribir sobre ellas de mi más particular manera. Sin ningún tipo de cortapisas. Alguna vez hablar de ellas, otras veces de mí, las más de las veces de como yo las veo y cómo me veo en ellas. (¿Cómo ellas me ven?). Ya no sé si "ellas" son las películas o mis mujeres. Porque finalmente todo esto se trata de mi relación con ellas. Eso es lo que veo en las películas y en lo que consiste la película que vivo yo, que por estos días resulta tan poco interesante.

Yo soy el graduado. Cuando me di cuenta, en la película, de que Benjamin cumplía 21 años, me dio vergüenza. ¿Cómo voy a ser el graduado? Todavía me identifico con los adolescentes de las películas, es verdad, pero sentía que aquí era diferente. Dustin Hoffman si tiene cara de joven, pero no tanto. Hice la investigación y sí, mi instinto tenía razón: cuando actuó para la película no tenía 20, sino 30 años. ¿Cuál será el porqué de esa escogencia tan extraña de casting?

Yo creo que resulta fundamental, por lo menos tal como yo la vi. "Una imagen que si cuadraría con esa edad sería la del Tom Cruise en Risky Business", se me vino a la cabeza de repente. Y acabo de confirmarlo: efectivamente Tom Cruise tenía 21 años cuando hizo esa película. Allí si está el joven irresponsable que imaginamos en el personaje de esa edad. Pero en El graduado no. Aquí nos encontramos con un momento diferente, una encrucijada distinta. El graduado está cerrando una etapa y con vértigo de lo que viene, sin saber para donde tomar. No nos parece que se sumerja de manera aventurera en el affaire con Mrs Robinson, siempre está allí con el la amargura y la ironía. No sé que pretendería Nichols al poner de protagonista un actor mucho mayor, cuya pose representa más esa distancia e ironía. No parece haber ingenuidad en el graduado, y eso es lo que lo distancia de esos rubios en el baño de Berkeley, en los que si identificamos la energía adolescente que no vemos Benjamin.

Se trata sin duda de una película muy peculiar, muy personal. No es una obra maestra a la manera de El sueño eterno, no es el producto de llevar al límite la refinación de la técnica; su grandeza radica más bien en su vitalidad, que por lo general está asociada a cierta hermosa imperfección y sobre todo a una vigorosa juventud. Vemos cómo Nichols se lo está pasando bomba, para cada escena se inventa algo nuevo y más divertido. No podemos más que envidiar el proceso creativo de esta película. Cada línea y cada plano llevan consigo un chiste, una ironía, un comentario ácido. Son una delicia las tomas reforzadas donde aparecen mil cosas en un plano, todos quisiéramos filmar la secuencia del buzo: desde que Benjamin sale del salón oyendo los murmullos hasta que se sumerge en la piscina y echando burbujas se olvida de todo lo que sucede arriba. Es imposible pensar un cuadro más ridículo. Pero más aún, qué más genial que la manera como se utiliza esa escena para llegar al momento más intenso y en últimas, más triste...

Todo el comienzo de la película es una burla de un mundo donde no se dice nada. Y se nos ahorra oír lo que dicen, es un murmullo que no es más que ruido. Oímos a través del protagonista, y al igual que él no escuchamos nada. No hay nada que escuchar. Menos mal existe Mrs Robinson en ese mundo descolorido. Hay alguien más que parece estar vivo. Pero nos damos cuenta que más bien está muerta en vida. Que de toda esa vida que pudo tener no queda sino una ironía y una furia que no lleva a nada más que a la destrucción.

El graduado cae en el torbellino de Mrs Robinson y esto le permite sobrevivir al marasmo pero sin salir de él. No ve salida. La ruta prefigurada lo llevó allí y parece encontrarse con una vida que va enrutandose, que lo va a obligar a tomar decisiones que en realidad no son suyas. Pero alguna decisión hay que tomar.

Hasta que aparece la hija Robinson, hermosa, fresca, tierna. El amor nos rescatará de las tinieblas. Benjamin hace todo por amor. Confiesa todo, recorre todas las carreteras de lado a lado. Irrumpe en la boda dando golpes en las vidrieras. !Cómo quisiera yo hacer o haber hecho algo parecido! (Siempre tan tímido, siempre tan asustado).

Esa es mi escena favorita, los golpes en los vidrios, la iglesia que retumba, los saltos por encima de la familia y ella que sale corriendo para encontrarse con él. El sueño del encuentro con la amada luego de enfrentar todas las dificultades. El amor nos rescatará de las tinieblas...

¿Si? La película no termina con un beso y un fundido a negro. Escuchamos a The sounds of silence mientras la pareja se va, sentados en la última banca del bus. Les vemos las caras e intentamos descifrar lo que piensan... no sabemos. Queda una vida por delante, no sabemos dónde los lleve el camino. Ellos tampoco. Quizás ni ellos saben qué pensar.

***

Desde siempre, The sounds of silence ha sido parte de la banda sonora de mi casa, de mi vida. La música de Simon & Garfunkel hará que ver esta película, cada vez, esté cargado de nostalgia. El disco, tesoro de mi papá, fue de mis favoritos desde pequeño. El acetato, con esa imagen en la portada de Benjamin a través de las piernas cruzadas de Mrs Robinson, hace parte de la imagen de mi apartamento en Cali. Toda mi vida estará siempre atravesada por esas imágenes y esos sonidos.

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