Nombre: El gran truco
Categorías: Drama
Director: Christopher Nolan
Año: 2006

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *

El gran truco (2006)

Abracadabra

Para nadie ha pasado inadvertida la breve pero muy interesante carrera del director y guionista inglés Christopher Nolan, que a sus treinta y seis años de vida, y cinco largometrajes a su haber se ha ido consolidado como un artista que es a la vez autor independiente -recuérdese Following (1998) y Memento (2000)- y producto del cine comercial, que ha confiado en él largometrajes de aspiraciones taquilleras como Insomnia (2002) y Batman inicia (2005). De una película suya siempre podemos esperar cosas interesantes, pues es un hombre preocupado por el impacto dramático de sus filmes, por la forma en que estos nos atrapan y nos seducen. La acrobacia narrativa, la sorpresa, el giro inesperado y la resolución brillante que deja aparentemente todo en su sitio hacen parte de su arsenal como director, lo cual le genera la simpatía instantánea de ese público -existimos, créanme- que está todavía deseoso de dejarse conquistar por una buena historia, algo que parece hoy en vías de extinción.

Por un extraño azar del destino ya se estrenó en el país su más reciente filme, El gran truco (The Prestige), a menos de un mes de su debut en los Estados Unidos. Escrita por él y su hermano menor Jonathan Nolan, la película es un proyecto ambicioso que narra la disputa obsesiva por alcanzar la supremacía artística que se da  entre dos magos rivales en la Londres del siglo XIX, en una época en la que el cine apenas daba sus primeros pasos y eran el teatro y el vodevil las entretenciones populares. Ambos hombres harán lo que sea por robarle o imitarle al otro sus mejores trucos, mientras parecen ignorar que sus vidas se van destruyendo en el camino y que en su afán por ser mejor que el otro parecen arrastrar a la tragedia a todos los que los rodean. Como se trata de una historia de auténtica obsesión, sentimos entonces a sus protagonistas -interpretados por Hugh Jackman y Christian Bale- distantes, enfermos y sin paz. Esos hombres no están vivos, existen para ver caer a su contrincante, para demostrarse a sí mismos que son mejores.

De ese codicia se contagia la película, que desea a toda costa sorprendernos y que nos admiremos de su brillantez (miren, por ejemplo, la narración en tres planos temporales que corren simultáneos sin tacha alguna) que es, sin embargo, demasiado consciente, demasiado estudiada. Eso le pesa al filme, que parece estar en la obligación de no defraudarnos, de no dejar que nuestras expectativas decaigan. Les aseguro que sufrí mucho esperando la resolución final del drama, pues Nolan jugaba allí todas sus cartas y temí una catástrofe argumental. Y si bien no se trata de un final del todo telegrafiado, de todos modos no alcanza a redondear por completo una historia que padeció de autoinfringidos delirios de grandeza y que menospreció talentos como el de Michael Caine y Scarlett Johansson, figurantes secundarios en esta cinta llena de trucos. Y no hablo exactamente de los que practican los magos en escena...

 

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