Nombre: Elsa y Fred
Categorías: Drama, Comedia
Director: Marcos Carnevale
País: Argentina
Año: 2005

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Alexander Amezquita Pizo

Elsa y Fred (2005)

Pasión, respeto, amistad y amor
serían los tópicos que resalta la historia
entre Elsa y Fred.

“Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti...” canta Serrat mientras una anciana conduce por las calles de Madrid. Su nombre Elsa, y la verdad hace muchas películas no veía una interpretación tan franca, sencilla y rebosante de carisma como esta señora que vive enamorada de la vida, como cuando se tiene veinte años y miles de sueños por conquistar.

Habla sin parar, sin comas, sin detenerse en explicaciones de lo que no necesitar ser solucionado. Su vida sencilla y solitaria, a pesar de sus dos hijos, posiblemente no sería importante (ni siquiera) para esos programas de televisión que rescatan “historias de la vida real”, que están hechos para llenar espacios de horarios de bajo rating.

Sencilla y magistralmente escrita, esta historia nos recuerda que nunca es tarde para enamorarse y para sonreír. Que la vida es para gozarla y vivirla. Y que los viejos no sólo están para llenar centros geriátricos, esperando a los nietos cada domingo, mientras pasan sus vidas recordando y anhelando su lejana juventud, como si ya no tuviesen más futuro que el habitar los cementerios del olvido y la desesperanza.

Verdad que me he conectado con Elsa, interpretada por la actriz uruguaya China Zorrilla, precisamente por ser un personaje sagaz, verosímil y sincero que me atrapó sin darme cuenta.

Su mayor sueño es llegar a la Fontana di Trevi, como lo hizo Anita Ekberg en `La Dolce Vita´ la famosa película de Federico Fellini. Allí si que se parece a tantos y tantas que crecimos viendo televisión y visitando los cines de barrio, creando mundos donde hemos soñado ser los protagonistas de las películas que tanto nos marcaron. Pensemos por un momento en esas secuencias que aún revolotean por nuestra mente. Yo, por ejemplo, aún me veo volando en una bicicleta, escondiendo, en la canasta, un pequeño extraterrestre.

Todo se intensifica cuando Elsa conoce a Alfredo o Fred, un viudo hipocondríaco con cara de perrito regañado, con la única compañía de Bonaparte, su mascota fiel. Y le inyecta esas ganas de vivir y la armonía de la risa que le descubre la felicidad que tanto se había negado. Fred si que me conmovió con ese temor y la fragilidad que lo caracterizó en los primeros minutos. Menos mal la historia le permite “desabrocharse la camisa” para finalmente comprender eso que usted como espectador debe ver.
Sé que para muchos esta película puede no ser más que una sumatoria de sensiblería barata y cursi. Pero yo la sentí como una historia que te hace reír, que resalta el amor en una pareja de ancianos, que se traduce en alegría para el corazón.

Quizá estoy sensible. Muy Hello Kitty. Lo que pasa es que el cine es para poder contar todo lo que puede suceder en la vida. Desde la muerte hasta el engaño de un amante, no importa, lo relevante es que te llegue, para bien o para mal, pero que no pase desapercibido, y esta película seguro no pasara sin gloria por su vida.

 

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