Nombre: Kinsey, el científico del sexo
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Histórica, De época
Director: Bill Condon
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * *

Kinsey, el científico del sexo (2004)

Hemos recorrido un largo camino

En cartelera está Kinsey, el científico del sexo (Kinsey, 2004), el cuarto largometraje del director neoyorquino Bill Condon, recordado entre nosotros por ser el autor del guión del musical Chicago (2003). De su autoría también es la magnífica Dioses y monstruos (1998), filme que, infortunadamente,  no se exhibió comercialmente  en Colombia y que trataba sobre la vida de James Whale, el director de la legendaria película Frankenstein (1931).

En su nuevo largometraje, el director Condon aborda otra vez el género biográfico, pero para hacer referencia en esta ocasión a Alfred Kinsey, el biólogo norteamericano que sacudió a la sociedad de los Estados Unidos al presentar –en 1948 y en 1953- sus detallados informes sobre el comportamiento sexual del hombre y de la mujer, arriesgando su carrera, su reputación y hasta su seguridad, en una época particularmente compleja y difícil del país, donde las costumbres eran demasiado tradicionalistas y en la que el senador McCarthy buscaba fantasmas comunistas en cada esquina.

El abordaje del filme, tal como el director lo ha reconocido en varias entrevistas, es motivacional. Esto es, explora los motivos que llevaron al científico e investigador a abordar la temática del sexo en un momento de la historia donde los mitos y los tabúes estaban a la orden del día. Al parecer, para este hombre, el asunto se trataba de una cruzada de índole personal. Leamos al director Condon: “Pienso que su trabajo con el sexo fue impulsado por necesidades personales relacionadas con su propia vida. Con esto conseguí yo superar uno de los principales problemas de las biografías en el cine, que es el de la película acerca del artista donde uno no ve el arte, o acerca de un escritor donde uno no comprende lo que escribe, con lo cual la biografía se reduce a los problemas de salud que tuvo y a su vida romántica. Pero aquí se podía abordar su trabajo de una forma substancial, porqué iluminaba cosas sobre él”.  Por eso el filme, a pesar de su aparente convencionalidad formal, se ve tan cohesionado y bien estructurado: el director y guionista se centró en la exploración de los motivos de su personaje y eso llenó de fuerza a la narración. Recordemos que en el cine el lenguaje corporal y las acciones definen a los personajes y si en este caso todo el accionar conduce a un mismo objetivo, al alcanzar este lo vemos como algo lógico y natural, no como una invención traída de los cabellos.

La película corría muchos riesgos al llamar siempre las cosas por su nombre, pero supo sobrellevarlos con el suficiente decoro como para no ofender la sensibilidad de aquellos  espectadores que no están muy acostumbrados a que se les hable de sexo en la pantalla grande.  Lo más curioso es que nos hemos enterado de que la película causó ampolla dentro de los ámbitos más conservadores de la sociedad norteamericana actual, signo claro del influjo retrogrado de la administración Bush.

Frente al sexo las cosas que hoy se ven y se practican no podían ni pensarse hace cincuenta años y Alfred Kinsey fue uno de los que señaló el camino. Valga el homenaje que este filme hace a su memoria.

 

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) 06/05/05 pág 2-2. ©Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados. 

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