Nombre: La pasión de Cristo
Categorías: Drama, Religiosa, Basado en hechos reales, Biográfica, Histórica
Director: Mel Gibson
País: Colombia
Año: 2004

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * ½
Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *

La pasión de Cristo (2004)

Un doloroso via crucis

Es difícil juzgar una película que ha despertado tanto fervor y a la vez tanta polémica como La pasión de Cristo (The passion of the Christ, 2004), básicamente porque resulta virtualmente  imposible apreciarla con objetividad, dejando de lado lo mucho que espiritualmente representa para nosotros su doloroso tema.  Además, respecto a esta película cada cual verá lo que quiera ver: desde aquellos que sentirán que están frente a  una obra que representa con fidelidad pasmosa las últimas horas de Jesús, hasta los que opinen que el director hizo una cruda e innecesaria demostración de violencia. Obviamente no es esta la tribuna indicada para valorar esta obra desde el punto de vista histórico o del religioso, y son otros los llamados a pronunciarse al respecto. Las opiniones expresadas sobre esos aspectos han sido también muy diversas, y dejo al lector la tarea de sacar sus propias conclusiones.

Limitándonos a lo estrictamente cinematográfico, hay que decir que Mel Gibson ha hecho alarde de recursos económicos y técnicos lo suficientemente elevados como para realizar un filme que reproduce con fidelidad un momento histórico preciso y en esto no escatimó esfuerzo alguno: en aras de la verosimilitud filmó los diálogos en arameo y latín, y al parecer se asesoró de los expertos apropiados a la hora de reproducir vestuario, locaciones y decorados. De su grupo de actores se destaca el trabajo de Maia Morgenstern y de Monica Bellucci, como María y María Magdalena, apropiadas completamente de tan dignos personajes.

Esta versión de Mel Gibson se diferencia de otras previamente realizadas, por directores como Nicholas Ray, Franco Zeffirelli o Scorsese, en el hecho de circunscribirse a los hechos que se sucedieron a raíz de la detención de Jesús en el huerto de Getsemani, hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección. Esta restricción temporal de los eventos le permite acercarse con más detalle a lo que allí ocurrió. Como tales acontecimientos son tan conocidos y estudiados, no era posible entonces hacer ninguna alteración argumental significativa, sin trastornar la fidelidad de lo relatado en los evangelios.  Pero sí no se podían alterar los hechos, si era posible manipularlos y eso fue lo que hizo el director, con un propósito efectista cuyo fin último no puedo suponer.  Mel Gibson quería ser gráfico y lo logró: la sangre de Jesús se derrama por el suelo de Jerusalén mientras es detenido, golpeado, flagelado hasta el agotamiento, obligado a un interminable vía crucis y después clavado a una cruz.  Si él quería que sintiéramos ese dolor, lo logró. No hay espectador indiferente a esas escenas, nunca antes mostradas tan explícitamente.  La mayoría del público se encuentra sobrecogido por lo que ve, en una mezcla de pesar y pasmo ante tanto sufrimiento.

Gibson, apoyado en la intensidad de su fe, utiliza el impacto de la violencia como recordatorio de lo que  Jesús sufrió por nosotros, quizá para que no olvidemos el tamaño de su sacrificio y de su amor. Pero estoy seguro que había otros caminos menos efectistas e igualmente efectivos para lograr este mensaje, sin que tuviéramos que atestiguar  este martirio sobrehumano.

El tiempo se encargará de poner en la perspectiva adecuada este filme. Sólo en ese momento sabremos el verdadero impacto de su arriesgada propuesta.

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) ©Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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