Nombre: Mar adentro
Categorías: Drama
Director: Alejandro Amenábar
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * *
Mauricio Reina * * * *

Mar adentro (2004)

Con derecho a morir

El hombre se ríe y en ese gesto alcanzamos a vislumbrar la majestad, profundamente humana, que la adversidad no le ha quitado todavía. No puede moverse del cuello para abajo. Hace más de dos décadas está confinado a una cama, pero ya está cansado de luchar. Su voz va a alzarse para expresarlo y para exigir el derecho a irse con toda dignidad. No está juzgando a nadie y no quiere que tampoco lo juzguen. Ha tomado una decisión libre y quiere buscar los medios legales que le permitan llevarla a cabo. Y si la ley no puede ayudarlo, ya encontrará quien acoja su idea. Sólo es cuestión de tiempo.

Alejandro Amenábar no siente lástima por Ramón Sampedro, el protagonista de Mar adentro (2004), su más reciente filme. No tendría porque hacerlo. En cambio, lo que su película transpira es un profundo respeto por el personaje y unas ganas tremendas de convertirse en testimonio vital. ¿Es posible lograr esto en una película que tiene a la muerte como centro? Si, porque aquí la muerte sólo es un punto de llegada, el remate del camino de una vida que quiere expresarse y decir porque no va a seguir soportando más un estado de las cosas que ve como indigno para el tamaño del enorme regalo que representa existir.

Javier Bardem, el gran actor español, se mete en el cuerpo de Ramón Sampedro con su profesionalismo habitual, pero en esta ocasión ha tenido un reto aún mayor, pues su personaje -al tener limitados los movimientos corporales- se apoya en primeros planos y en unos gestos faciales que no toleran falsedad o impostura. Bardem se acercó con reverencia al espíritu de este hombre y al hacerlo dio pie a una de las interpretaciones más brillantes de una carrera que está tachonada de éxitos.

Mar adentro no es un documento político ni mucho menos ético, y fallan los que pretendan obtener de aquí material incendiario digno de un debate sobre el derecho a la eutanasia. La película es muy transparente en sus intenciones y mal haría Amenábar en prestarse a un tipo de disputa que, aunque válido, desvirtuaría los propósitos expositivos de un filme que se adentra con sorpresiva naturalidad en las entrañas  del alma humana. Este último factor ya lo convierte por derecho propio en un filme insólito dentro de su breve filmografía, que por lo general ha apuntado a respetar las reglas del cine de género -psicológico y de terror-, pero temiendo acercarse al hombre y a sus circunstancias. Pareciera que el director y guionista temiera decepcionar o traicionar a su público al contar las cosas con una óptica más sensible y honesta. Lo que no pensaba era que ese mismo público sabe de su versatilidad y le agradece que hubiera decidido convertir a este en su cuarto filme. ¿Marcará Mar Adentro un cambio en las intenciones de su filmografía? Sólo el tiempo lo dirá.

Por ahora nos congratulamos con un filme narrado con decoro y altura, musicalizado con maestría, e interpretado con soberbia dignidad. Toda una lección de vida, dada por un hombre empeñado en despedirse de este mundo con la frente en alto.

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) ©Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.