Nombre: Cars
Categorías: Animación
Director: John Lasseter
Año: 2006

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Andres Borda Gonzalez * * * *

Cars (2006)

Cars

Esta vez, en verdad, creímos después de haber visto los cortos de Cars que los de Pixar habían llevado las cosas demasiado lejos. ¿Cómo íbamos a creernos una historia en la que los carros hablan, y se enamoran, y lloran, y se emocionan? No. Parecía demasiado absurdo. ¿Los ojos en la ventana frontal? ¿La boca debajo del motor? Que los juguetes, los peces, los monstruos hablen: todo eso, no se por qué razón, parece creíble. Pero esto de los carros no parecía tener mucho sentido.

Y durante los primeros diez minutos de la película -cuando vemos al protagonista, Lightning McQueen, compitiendo en una carrera para ganar la codiciada copa Piston, y exhibiendo toda la arrogancia con la que suelen presentarse muchos de los corredores de carros- pensamos que de pronto teníamos razón. Pensamos que por primera vez John Lasseter, el mismo que se había inventado el mundo animado de los juguetes en Toy Story, y que le había dado vida a los insectos en A bug\'s life, la había embarrado.

Pero la película lentamente se va construyendo. La llegada inesperada y equivocada de McQueen a un pueblo olvidado en la ruta 66 -un pueblo fantasma, como de película de vaqueros- y la aparición de los personajes que se convertirán, finalmente, en los co-protagonistas de la película, comienzan a persuadirnos para que nos olvidemos, de una vez por todas, de que los carros no tienen boca, ni manitos, ni piecesitos. Comenzamos a creer que sí, que la parte de atrás del carro es la cola, y que como a cualquiera a los carros tampoco les gusta que les metan ganchos por ahí; aceptamos la absurda idea de los ojos en la ventana, y de la boca en el bumper. Y cuando vamos a la mitad de la historia, ya estamos incluso dispuestos a llorar por la conmovedora historia de triunfos y derrotas que Lasseter nos cuenta. La verdad no se le puede pedir más a una película animada.

Y es que no nos cansamos de agradecerle a los de Pixar el que estén dispuestos a arriesgarse por contar historias de niños que no son solo muy, muy chistosas, sino también conmovedoras, y tristes, y emocionantes. Sus historias sobre personajes inverosímiles y poco probables terminan resultándonos más cercanas que la gran mayoría de películas que encontramos hoy en día en las carteleras de cine, y no se me ocurre otro tipo de producciones recientes que consigan con tanta elegancia proponernos una fábula con moraleja.

Cars cumple con todo lo que le ya nos hemos acostumbrado a esperar de esta empresa, al tiempo que nos deja doblemente sorprendidos cuando dos horas después salimos del teatro genuinamente emocionados tras el comprensible escepticismo que pudimos sentir en algún punto. Yo puedo jurar que varias personas saldrán, al final, con un nudo en la garganta. Así de poderosa creo que es la película. Y a quienes todavía no la han visto les recomiendo que, durante los créditos finales, esperen un tiempo: van a ver lo que podría ser uno de los mejores chistes en la historia de las películas animadas por computador.

 

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