Nombre: Las cinco obstrucciones
Categorías: Documental
Director: Lars von Trier
Año: 2003

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Alejandro Martin Maldonado * * * *

Las cinco obstrucciones (2003)

¿A qué está jugando Von Trier?

"Hoy he tenido una experiencia
que espero poder comprender en los días que vienen."

Esto dice en un momento cerca del final, el protagonista de El hombre perfecto, el corto que Jorgen Leth filmó en los sesentas, y que Lars von Trier le obliga a rehacer en este documental con apariencia de reality show.

Esta misma frase (a la que yo vengo dándole vueltas desde que vi la película) señala el camino para pensarla, y me da pistas para analizar cómo me habla a mí en esta serie de días que estoy viviendo. ¿He tenido una experiencia? ¿Algo en realidad me ha sucedido? ¿De alguna manera se ha roto la previsible cotidianidad de los días?

 

El concepto de "experiencia" 

Con el paso del tiempo, luego de varios años dedicado a la filosofía, tiendo a caer en el escepticismo frente a su estudio en abstracto, pero no puedo olvidar nunca esas lecturas que de alguna manera le dieron un vuelco a mi vida. Y una de ellas fue justamente la tesis de pregrado de mi amigo Mauricio González (Morris). En ella desarrollaba cierta noción de "experiencia", supuestamente de Hegel, a través de un velo de Gadamer. No sé qué tanto tomaba, qué tanto explicaba y qué tanto era suyo, pero me quedó para siempre esa idea de entender la experiencia, no a partir de aquella "experiencia" filosófica vaga que refiere a todo lo "exterior", ni siquiera al frío "experimento" (si bien este tema sería importante tratar con pinzas), sino a la "experiencia" en el uso cotidiano de la palabra. (¿Será que uno no aprende nada de la filosofía y lo que aprende es que justamente debe deshacerse de ella para volver a lo "cotidiano"?).

Pero hay mil usos de la palabra "experiencia", ¿en cuáles pone la lupa Morris? Me acuerdo de dos: uno, en el sentido que se usa el término cuando se dice: "él es un hombre experimentado": un hombre que sabe del asunto, un hombre que ha vivido la vida (por lo general muchas vidas); y otro en el sentido de " tuve una experiencia (vital)": algo me pasó que me cambió la vida, después de eso no fui él mismo, haber vivido eso me marcó. Y no son dos sentidos separados, sino que justamente en lo que tienen de común es en aqullo que Morris va a buscar la noción de experiencia.

 

¿De qué experiencia nos quieres hablar?

Quiero hablar de la experiencia en general. Pero también de cierta experiencia mía, de ver la película Las cinco obstrucciones (zancadillas). ¿Mi vida será la misma después? ¿Una película le puede cambiar la vida a alguien? Eso no lo podremos saber. Muy probablemente no habrá sido la película. Más bien será cosa de este momento que vivo en el que se cierran una serie de espectativas y se acaba un lindo sueño que no duró mucho. Las condiciones para ver una película, las condiciones que me pone la película, las condiciones en que me pone la película.

¿Seré capaz de afrontar la zancadilla? ¿El empujón? Si no me caigo al menos me muevo; si me caigo puedo aprovechar el golpe. Leth dice haberse inspirado en Laudrup, el futbolista danés sobre el cual hizo una vez un documental, a la hora de enfrentar a von Trier. Una de las habilidades que más le llamó la atención de Laudrup fue justamente el hecho de que sabía tentar al enemigo para que le hiciera zancadillas y luego aprovecharse de ello, brincar las piernas del contendor para avanzar y dejarlo tirado en el suelo.

 

¿Podré sacarle el quite a esta zancadilla?

Me acuerdo mucho de la reacción de un profesor de filosofía desconcertado y furioso por un arranque mío en forma de trabajo final, en el que era evidente una crisis romántica. Luego de rajarme señalándome cómo yo no tenía ni idea dónde estaba parado, se propuso darme una amable palmada en la espalda con un consejo para mi crisis: "si  no te destruye, te hace más fuerte". Yo quise responderle inmediatamente: "¿Y acaso yo quiero ser más fuerte? ¿No preferiría ser débil y no haber pasado por todo eso?". Hay una doble lección: las caídas son inevitables a no ser que un angel de la guarda nos lleve siempre en una burbuja de cristal; si nunca nos caemos, nunca aprenderemos nada. Sin embargo, por otro lado, reafiancé mi duda ante las ventajas de la fortaleza: ¿Me hizo más fuerte? ¿O quizás más débil? ¿Y no preferiré más bien la debilidad con la marca de la sensibilidad?

 

La vida de la academia 

La primera era la lección de Morris: "el que no se cae, no aprende". ¿Se puede aprender esto estudiando filosofía? ¿Resguardándonos en la cajita de cristal de la universidad podremos aprender algo? ¿Somos realmente curiosos si estamos dispuestos en encerrarnos entre salones y bibliotecas? El sábado, al atender a las ponencias en el congreso de filosofía, no podía dejar de preguntármelo: ¿es esto lo que me produce curiosidad a mí? Y seguía haciéndome la pregunta a la salida, mientras me tomaba una cerveza con Lucas Oberlaender (un amigo y alumno, filósofo y arquitecto), cuando él me hacía ver cómo yo me mantenía inseguro entre buscar un puesto en la academia o buscarme otro lugar. ¿Qué temo? ¿Qué batallas estoy dispuesto a enfrentar? Lucas tiene cada vez más claro que no se va a dedicar a la filosofía, incluso le pareció extraño que uno pudiera querer esa seguridad que da ser un profesor de una universidad: "¿En realidad usted quiere esa estabilidad? ¿No es muy aburrida?"

No tiene que ser tan estable, ni tan aburrida. Mi papá ha sido siempre profesor en la universidad, y ha hecho de su vida algo apasionante. En algún momento de la conversación salió la palabra "delfin" (que Lucas no conocía) y su uso para denotar a los "hijos de los reyes". Yo estaba pensando acerca de mi propio ser delfin y las dificultades que acarrea, y no me daba cuenta como en muchos momentos no dejaba de tratarlo a él también como delfin (yo viví en un edificio diseñado por su padre, Jon Oberlaender, y soy fan declarado de su obra), sobre todo al identificar todo lo que tiene de común su visión de la arquitectura con la de su papá. (Y justo un día en que veníamos de un seminario alrededor del quizás más grande delfín que ha habido: C. S. Peirce).

 

El hombre perfecto

Hablábamos de zancadillas, de las zancadillas que le quiere poner Von Trier a Leth y terminamos hablando de delfines, ¿hay alguna manera de ligar lo uno con lo otro para que no parezca mera dispersión? Reconociendo que lo es, vemos también cómo no lo es. Leth es el padre de Von Trier en términos cinematrográficos, y en este momento vemos al hijo encarando al padre, al hijo queriendo ser el padre de su padre. Leth es su maestro, fue su profesor, pero sobre todo le legó su pelicullita El hombre perfecto. Una pequeña joya, un corto sin grietas.

En ese corto, sobre un fondo blanco, Leth mira minuciosa, microscópicamente, a un hombre y a una mujer. Y se pregunta: ¿Quién es él? ¿Que puede hacer? ¿Que quiere el hombre perfecto? ¿Por qué se mueve así? ¿Cómo se cae? Se cae así  nos dice esa  voz en off que acompaña a ese hombre perfectamente vestido de smoking y acompañado de esa hermosa mujer que cae suavemente sobre la cama de sábanas blancas.

 

Las cinco zancadillas de Von Trier

El juego es el siguiente: Leth deberá re-hacer varias veces su corto, en cada caso siguiendo unas relgas que Von Trier le va dictando. Al terminar cada una de ellas se reunirán el profesor y el alumno para ver qué tal hizo la tarea.

La primera zancadilla: "En Cuba, sin decorados, cada toma de 12 fotogramas (medio segundo)". Esta última condición la pone Von Trier sabiendo que Leth ha defendido siempre la unidad de la toma y la importancia de la paciencia del que observa, de la atención de la cámara a lo que pueda suceder delante. Las cinco obtrucciones es un documental de Lars sobre Leth. Así el material más cuidadosamente filmado sea de Leth, así Lars no acompañe al equipo de filmación. Todo este juego demoníaco es suyo. Es una continuación del planteamiento de su Dogma, y una pieza clave para entender cómo el "dogma" encaja perfectamente en el esquema de sus otras películas filmadas con gran libertad estilística.

 

"Debes aprender la lección" 

La voz en off del corto de Leth, la frialdad del espacio blanco me lleva de una vez a Dogville. Esa película que me conmovió tan profudamente que nunca pude hacerle la reseña que merecía. En Dogville, Von Trier hace eco de su maestro e intenta un ejercicio de distanciamiento. Y trata sus mismos temas: la educación, la experiencia, el hombre perfecto. Y también la humillación, esa que en las películas de Von Trier los hombres siempre hacen sufrir a sus mujeres . En algun momento Leth mismo nos lo dice: "Lars me quiere enseñar una lección", y esto mismo ha llevado a reseñistas de la película a hacerse esta otra pegunta: "¿Cree Von Trier que hay un aprendizaje en el sufrimiento?"

En uno de esos intermedios entre corto y corto, en los que nos toca lo más sustancioso de la película, esas divertidas y a la vez duras conversaciones (enfrentamientos) entre los dos directores, Von Trier reconoce que los dos (maestro-alumno) están representando una situación análoga a la que él vive con sus actrices. Cuando él las fuerza y las lleva al límite. Se trata de forzar una experiencia. ¿Es esa la tarea de los maestros? ¿Sólo haciendo sufrir a sus alumnos les pueden enseñar algo? Resulta sintomático el hecho de que los alumnos recuerden siempre especialmente los profesores más "exigentes". Es sintomático también que todas las actrices de las películas de Von Trier hayan quedado traumatizadas. ¿Habrán aprendido algo? ¿No resulta demasiado soberbio ese maestro? ¿Es lo miso exigir que torturar?

 

Un alumno muy experimentado

Leth es un alumno demasiado aventajado. (En alguna entrevista recuerda cómo también aprovechó la estrategia de un boxeador famoso que venció a su contenidente dejándose golpear y golpear hasta agotarlo). Leth va siempre un paso adelante. Von Trier dice conocerlo mejor de lo que él mismo se conoce. ¿Puede ser así? ¿Qué lección le podrá enseñar? Hay una en especial que dice querer enseñarle: a perder ese frio distanciamiento, a no buscar  siempre hacer una película perfecta.

Lo obliga incluso a filmar una versión de su corto en el sector más deprimido de Bombai, y a ponerse a sí mismo como protagonista (y allí a decir con sus labios la frase: "Hoy he tenido una experiencia que espero poder comprender en los días que vienen"). Y ni así Leth pierde la distancia y la frialdad. ¿Es algo cínico filmarse a sí mismo comiendo un banquete en una de las esquinas más pobre del mundo siendo visto por los habitantes que mueren de hambre?

Al volver, Lars actúa como un padre severo y lo castiga por no haber cumplido sus reglas: "te dije que el fondo debía ser blanco" (Leth había puesto un fondo transparente que dejaba ver al público mirándolo comer). Leth le explica las razones para haber dejado ver la gente al fondo. Y Lars responde: "no importa que así la película quede mejor, incumpliste las reglas y por eso debes ser castigado". 

Él no quiere que Leth haga películas hermosas, él quiere enseñarle una lección. Pero Leth aprovecha las reglas, las interpreta. El está jugando su juego, y quiere utilizar cada oportunidad para hacer la mejor jugada posible, la mejor versión de su corto.

 

Las reglas de la creación 

La película, la lección moral que quiere dar Von Trier (como su protagonista de Dogville), resulta ser sobre todo un reality show sobre la creación de una obra artística. El editor escoge las escenas que mejor nos indican las razones por las que Leth hace una cosa o la otra. Leth está muy viejo para aprender de Von Trier, él tiene mucha experiencia ya. Von Trier comienza a comportarse como un niño caprichoso, patalea, regaña, Leth no quiere entender. En el último corto, Leth debe leer un texto que le ha escrito Von Trier, pero en el que es él quien se dirige a su pretendido profesor. Es un juego hermoso en el que es difícil saber quién habla a quién. Al escucharlo, uno está obligado en todo momento a reflexionar si Leth acoge o no las palabras que Lars pone en sus labios. Incluso nos dejan ver un momento en el que Lars está dirigiendo a Leth en la manera como él mimo debe decir las cosas. Allí le indica cómo debe pronunciar cada frase, señalándole cómo en la forma de decirlas se ve qué quiere esconder y qué quiere mostrar.

¿Se trata toda la pelícua de Von Trier poniendo palabras en la boca de Leth? ¿De Von Trier dirigiendo a Leth?

 

Jorgen Leth 

Leth no se deja. Nunca se deja. Aprovecha el juego que le propone su amigo para revivir al hombre perfecto, para  reflexionar sobre la visión del hombre que allí dispone y la visión de sí mismo que se puede intentar extrincar de allí. Leth se vuelve, a través de la película, una figura cada vez más apasionante. Hay que leer este número de la revista FILM, del intituto danés de cine, justo del año de la película (y con seguridad con ocasión de la misma). Así podemos comparar la visión del cine de Leth, con la figura que se presenta en la película, que en últimas resulta ser un documental que sigue de la mejor manera los preceptos que defiende Leth para ese género cinematográfico.

Un documental que observa cuidadosamente, un documental que se aprovecha de cierta "ficción" para poner situaciones y dejar que unas cosas y otras reaccionen. Una trama en la cual el azar resulta fundamental, y sobre todo, una apertura a lo que pueda pasar. Leth habla mucho de esta atención, pero en su trabajo ha habido siempre unas grandes dosis de control, sobre todo en la medida en que ha trabajado siempre en cine con su mismo operador de cámara que no deja de buscar la toma perfecta.

 

La película de Von Trier 

Este documental de Von Tier está hecho en video, recoge infinito material que luego organiza. Las tomas no son especialmente cuidadas sino cuando se quiere hacer alguna referencia irónica a las tomas de Leth. Este documental tiene mucho de reality televisivo. Es la obra del alumno de Leth, ¿una obra perfecta? ¿va más allá de su maestro?

Von Trier en todos sus trabajos intenta ir más allá, se da contra las paredes. Esto creo que no es nunca más evidente que en Los idiotas. Ese espíritu escandaloso (y a la vez meticulosamente conocedor de su juego con el público) es quizás el que lo ha puesto en el sitio que está. Sin duda, Von Trier se ha ganado un lugar muy por encima de su maestro. ¿Pero está por encima? ¿Por qué  ahora lo trae y lo pone a su lado? ¿Para humillarlo? ¿Para rescatarlo de la depresión en la que vive en Haití? ¿Para sacarlo del anonimato ante el público general?

A Leth no parece importarle la fama, y agradece las condiciones de su país, Dinamarca, que le permitió elaborar toda una obra independientemente de las leyes del mercado. Y fue justamente el danés Von Trier, quien encontró en Dogma la manera de jugar con ese mercado para hacer posible que películas de muy bajo presupuesto pudieran llegar a pantallas en todo el mundo. ¿A qué está jugando Von Trier? Aunque las cartas no están destapadas todavía, esta película, quizás más que ninguna otra suya, nos sirve para ir entendiendo su juego.

 

***

¿Qué tan lejos llegué? Ahora estoy agotado del esfuerzo. Se esfumó un día de mi vida en esto. ¿Habré aprendido algo?

 

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