Nombre: Kill Bill vol. 2
Categorías: Acción, Western, Artes marciales, Crimen
Director: Quentin Tarantino
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * *

Kill Bill vol. 2 (2004)

Tarantinesco (Vol. 2)

Con una celeridad inusitada, se estrenó en la ciudad -a tan sólo una semana de su debut en Los Estados Unidos- Kill  Bill vol. 2 (2004), la esperada conclusión del cuarto filme de Quentin Tarantino, escindido de forma artificial en dos partes, por motivos ambiciosamente comerciales, no sé muy bien si obedeciendo a una directriz de los productores o a un capricho del director. La prontitud con la que fue exhibida aquí habla de la fe que tienen nuestros inefables distribuidores en el cine  violento y desmesurado. Ya quisiéramos tal diligencia para con el cine europeo o asiático.

Aclaro que con lo expresado no estoy demeritando a Kill Bill. A lo que me refiero es que para los encargados de decidir que películas vemos aquí, es lo mismo una cinta de Vin Diesel, The Rock o Van Damme, que una de Tarantino. En todas ven el cine de violencia y acción que vende boletas a granel y contagia de antivalores y agresividad al público. Pero se equivocan al poner en el mismo saco a Mr. Tarantino. Su cine es mucho más elaborado y estilizado que todas las burdas películas de acción protagonizadas por los mencionados actores. Aquí hay toda una concepción artística, aceptando que es manipuladora en sus propósitos,  que demuestra la autoría y el control de un director que ha sido consistente en su propuesta  audiovisual, así muchos no hayamos  estado siempre de acuerdo con ella.

Los fuegos artificiales visuales que Tarantino derrocha en su cine no están exentos de sentido y propósito: son su idea muy personal de lo que el celuloide es y debe expresar. La supuesta ligereza de su propuesta esconde un amor y un respeto por la cinefilia que son bochornosamente eruditos. Del particular cine de sus apetencias, el director ha tomado las variopintas fuentes que constituyen su universo narrativo y estilístico, para así homenajearlas y remozarlas.

Este no es un cine tan violento como algunos temen encontrar. Sobre todo por que el divertimento visual y musical que Tarantino propone, supone un grado de estilización que le quita peso y verosimilitud a la violencia exhibida en pantalla y la sublima hasta la caricatura y el experimento con la técnica fílmica. Con eso en mente es fácil comprender las reglas del juego que de entrada nos plantea, captar el inteligente y cáustico humor de su mirada y sorprenderse por la facilidad con la que se mueve su hilo narrativo.

Estas consideraciones son todavía más evidentes al referirnos a Kill Bill vol.2, una película que -a diferencia del primer volumen- tiene una autonomía que va más allá del simple hecho de unir los cabos sueltos que habían quedado en la parte inicial y que se prolonga hasta constituir una obra completa en sí misma, comprensible por entero incluso para aquellos que no habían visto el capitulo inicial. La venganza implacable que la protagonista lleva a cabo continua inalterable, pero se han disminuido los surtidores de sangre que salpicaban al vol. 1, en pro de una elaboración dramática mejor construida.

Tarantino y su cine tienen muchos detractores que los acusan de vacuos y superficiales. Pero del talento y la lucidez del uno y del otro nadie parece tener duda alguna.

Texto publicado en la columna Séptimo arte, del periódico El Tiempo (edición Medellín) ©Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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