Nombre: La mala educación
Categorías: Drama
Director: Pedro Almodóvar
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *
Diego Guerra * * * ½

La mala educación (2004)

El estilo hace al hombre

Pedro Almodóvar no se traiciona en La mala educación (2004). Que no cumpliera las expectativas de aquellos que esperaban ver una diatriba sobre la educación católica no es problema suyo. Es problema de aquellos que fueron con ideas preconcebidas a cine y olvidaron que Almodóvar siempre ha hecho el cine que ha querido, no el que otros quisieran que hiciera.

Esa fidelidad a sus convicciones como artista es la que le ha ganado la animadversión de quienes creen que el cine debe ser políticamente correcto y sólo mostrar un lado de las cosas. Almodóvar se atreve a mostrarnos la otra orilla y a reírse desde allí de nuestra rigidez mental y de nuestro acartonamiento social. El mundo de Almodóvar siempre es el mismo, con esos personajes exóticos ha construido su filmografía, con esos colores extremos y con esa estética dudosa ha poblado su mundo.

Ahora ha jugado a los géneros cinematográficos con el desparpajo usual  y ha sacado de su cabeza una película de cine negro a la española. Los gangsteres y el bajo mundo están ausentes, pero la maldad es palpable: suplantaciones, chantajes y asesinatos se entrecruzan aquí, en un juego amoral en el que el director nos hace entrar, con la disculpa de la pedofilia como distractor, a la manera de un impulso que echa a rodar la narración de la película, pero que luego se hace a un lado cuando no es necesario.

Acabamos de tocar un elemento fundamental: la estructura narrativa de La mala educación es mucho más elaborada que el común de su cine. Aquí creemos ir al pasado de los protagonistas cuando en realidad hemos estado asistiendo al rodaje de un filme basado en esos hechos, en una metanarración que acerca al mundo literario con el del cine y que está tan bien lograda que es fácil engañarse y suponer como reales sucesos y personajes que sólo son ficción. El filme requiere entonces un espectador atento que sea capaz de entrar en este divertimento y dejarse sorprender por la intachable estructura de un guión sobresaliente en ese aspecto.

Almodóvar ha reconocido que en su filme hay elementos autobiográficos y quizá por eso su película está contagiada de una nostalgia amarga y no de la mordacidad feroz que algunos esperaban, olvidando que este hombre no hace cine para complacer a nadie distinto que a él mismo y a los fantasmas que lo habitan.

Texto publicado en la columna Séptimo arte, del periódico El Tiempo (edición Medellín) ©Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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