Nombre: Munich
Categorías: Drama, Acción
Director: Steven Spielberg
Año: 2005

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½

Munich (2005)

Un vengador renuente

Al principio la película parece otra cosa. La conformación y puesta en funcionamiento de un comando élite que se va a encargar de vengar la muerte de los miembros del equipo olímpico israelí asesinados por terroristas palestinos en las Olimpiadas de 1972, se asemeja a algún episodio televisivo digno de Misión imposible. Y, de esa manera, seguimos paso a paso el episódico discurrir de Munich (2005) imaginando que asistimos únicamente al despliegue de ingenio y de estrategia del heterogéneo grupo de vengadores judios, capaces de maquinar las más sofisticadas formas de matar a su objetivo sin dejar huella alguna.

Pero esa es sólo la superficie del filme. En realidad hay más. Hay mucho más. El exterminio sistemático y continuo de sus enemigos va operando un cambio en Avner (interpretado por Eric Bana), el líder del grupo. Del esposo amoroso y futuro padre nos vamos alejando, para dar paso inicialmente a un hombre que pierde todo escrúpulo y parece estar disfrutando lo que hace, devenido en una especie de asesino profesional, para luego sumergirse en un mar de zozobra, hastió y angustias personales que hacen  que abra los ojos y se de cuenta de lo que ha estado haciendo, del terrible giro que ha dado su existencia, de los frágiles que resultan ahora los motivos que lo llevaron a matar. Y se enferma. Y no tiene paz. El director Steven Spielberg lo acompaña en este purgatorio personal donde un hombre se confronta sobre el deber y lo que verdaderamente está correcto, tal como se lo preguntaba el capitán John Miller (Tom Hanks) en Rescatando al soldado Ryan (1998) con sus manos temblorosas, con sus permanentes dudas. Ambos hombres comparten un ahogo vital, renuentes a sostener mas tiempo la máscara tras la que ocultan la pena de estar obligados a hacer algo en lo que ya no creen. De su nausea nos contagiamos irremediablemente, incapaces también -como espectadores- de  no conmovernos ante esas imágenes teñidas de dolor.

Y en ese último plano, donde un hombre intenta sobrevivir a la pesadilla que vivió y en el fondo, allá en el horizonte de Manhattan se dibuja el perfil de las torres gemelas -como advertencia, como recuerdo-,  Spielberg nos recuerda que matar no es fácil, que toda venganza tiene sus consecuencias, que la violencia puede que no sea el camino y que al final de todo estamos solos, rodeados tan sólo por nuestro propio dolor.