| Nombre: | La joven del arete de perla |
| Categorías: | Drama |
| Director: | Peter Webber |
| Año: | 2003 |
Otras reseñas para esta película
La joven del arete de perla (2003)
Para verla con: una fanática de la pintura, como Ana María, con quien fui yo. Promesas: Ver recreados con minucioso detalle los cuadros de Vermeer y encontrarse de nuevo con Scarlett Johanson. Palmas para: El plano secuencia inicial (ojo con los fondos pintados) y para Eduardo Serra por la espectacular fotografía. Primer acto: La protagonista es una joven muy pobre, pero de mucha sensibilidad artística (lo sabemos porque el papá le regala un cuadrito), que entra a trabajar como sirvienta en la casa de Vermeer. Allí todo el mundo es antipático: la compañera de trabajo no se sabe si es amiga o enemiga, la dueña de casa es una histérica que siempre está embarazada, la mamá de ella es una mandamás perversa (aunque fuera de la protagonista es el personaje más logrado), una de las hijas es damián versión renacentista, y Vermeer es un pusilánime apocado por todas las mujeres y su "benefactor" que es otro aprovechado más. Accidente: Vermeer se da cuenta de la extraña sensibilidad de la joven, además de que, como todos nosotros, se enamora de esa mirada tan extraña y profunda. Decide pedirle que le ayude en el taller y, claro, termina pintando ese increíble retrato que da origen a este relato. Resultado : Una película que es un cuadro continuo: los interiores, claro, son de Vermeer, los exteriores, más bien de los Brueghel, y las imágenes nocturnas pueden recordar a Rembrandt. El ritmo es cuidadoso, y la música correcta, pero no emocionante. Hay unos detalles interesantes para enterarse la manera como pintaba Vermeer: se ve que era un proceso muy lento con modelos reales y maniquies, que usaba la cámara obscura, y que sus famosos cuadros eran pequeñitos y de pinceladas mínimas. Pero no lo vemos trabajando en detalle, no nos enteramos como fue que dio con esas alegorías tan potentes y al final somos decepcionados por un personaje que, de haber sido como lo presentan en la película, refugiaba todo lo que tenía de intersante en su pintura. Dejamos la sala contentos porque Johanson de nuevo construye un personaje profundo a pesar de la trivialidad de todos los que la rodean, y porque vimos paneos al rededor de los cuadros que tanto nos gustan. Pero estamos lejos de quedarnos pensando, intrigados como ante cada cuadro de Vermeer.
