Nombre: Héroe
Categorías: Drama, Acción, Aventura
Director: Yimou Zhang
Año: 2002

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½

Héroe (2002)

Una joya de oriente

La palabra sublime es un adjetivo que define con propiedad la impresión que deja Héroe (Ying Xiong, 2002), el décimo tercer largometraje del maestro chino Zhang Yimou, y tercero apenas estrenado comercialmente entre nosotros, luego de Ni uno menos (1999) y de El camino a casa (1999). La mayoría de la obra fílmica de este director de 53 años no se conoce en el país, pero por fortuna es posible consultarla en algunas videotecas especializadas.

El filme que nos ocupa tampoco tenía muchas esperanzas de ser exhibido, ni siquiera en Los Estados Unidos, pues la compañía Miramax compró los derechos y archivó la película, por motivos que no son claros. Gracias al interés y al empeño de Quentin Tarantino el filme pudo darse a conocer y terminó, por fortuna, entre nosotros.

Revisando la filmografía previa de Zhang Yimou no vemos un antecedente a esta película; se trata entonces de su primera incursión en el género de las artes marciales (wire-fu), popularizado en occidente por el éxito de El tigre y el dragón (2000), con la que no faltarán comparaciones. Sin embargo, Héroe tiene una estructura narrativa y unas intenciones muy diferentes al filme de Ang Lee.

Los une la técnica que ambos directores emplearon para mostrarnos los enfrentamientos entre los guerreros rivales. No se trata de una mera exhibición gratuita de disputas con espadas que desafían las leyes de la gravedad: en ambos casos los efectos especiales cumplen una función narrativa clara dentro del argumento, que era más expositiva en El tigre y el dragón, y más poética en Héroe. De esta forma es más fácil aceptar todo lo que de mítico y de épico tienen estas demostraciones inverosímiles, pero muy hermosas, de habilidades de lucha marcial.

Un guerrero sin nombre del reino de Quin ha liquidado a tres peligrosos asesinos que tenían en jaque al rey y se dirige al palacio real para cobrar su recompensa y entrevistarse con el monarca. Una vez allí, el rey le interroga sobre la estrategia que utilizó para acabar con los criminales y empieza a desenvolverse una historia en flashback que va a asemejarse al tipo de narración múltiple que Akira Kurosawa utilizó en su clásico filme Rashomon (1950), en la medida en que el rey tiene otra interpretación de lo que el guerrero le está contando. Todo lo que se nos relata lo vemos convertido en imágenes que tienen un patrón de colores específico, que va del rojo, al amarillo y del azul al verde, en una conjunción cromática de propósitos tan argumentales como líricos, obra del cinematografista australiano Christopher Doyle, quien ha sido el fotógrafo de todas las películas de Wong Kar-wai, de ahí que tenga una mirada ya sensibilizada hacia el gusto oriental y que aquí se traduce en un derroche visual atrevido y sorprendente, que convierte la narración en una fábula de alcances morales, donde el honor y el bien común tienen más peso que cualquier otro interés que mueva a los protagonistas.

Actores tan importantes dentro del panorama del cine como Jet Li, Tony Leung, Maggie Cheung y la joven Zhang Ziyi contribuyen a hacer de este filme una experiencia visual de bellísimos resultados. Toda una joya de oriente puesta a nuestro alcance.

Texto publicado en la columna "Séptimo arte" del periódico El Tiempo (edición Medellín) pág 2-2, 17/12/04. © Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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